Creer o no creer en la democracia

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Martín CORONA


22 Mar 2018

Sin duda vivir viajando, trabajar desde casa y no hacer vida social entre escritores, cuentacuentos o artistas, me ha dado la posibilidad de tener una visión divergente, quizá un poco detergente y, sin duda,astringente. Es quizá por ello que mis letras se vuelven una especie de discurso delirante, el discurso del loco, del bufón, del artista trashumante diverso a quien se le escucha con recelo, pero nunca con respeto, ni mucho menos con deferencia. Se agradece al final esa sana distancia para poder publicar lo que a uno le place sin mayor compromiso que cumplir, de vez en vez, con entregar esta columna.

En días pasados ocurrió la Cumbre Tajín, luego de los enormes recortes para la cultura en todo el país, de que en 2017 casi fue suspendida y terminó reducida a un evento local de un par de días; sin embargo, este año cobró nueva fuerza con figuras importantes a nivel nacional e internacional. Así que pude escuchar a Anita Tijoux y, por supuesto, a Café Tacvba. Y de ese concierto quiero hablar.

Antes de comenzar a terminar su participación, como es ya costumbre, Rubén Albarrán, vocalista de la banda, comenzó a hacer arengas. En principio, hablando desde ese lado místico cercano a las vocalidades indígenas que usa, y le viene bien desde que Paco Stanley le hiciera una de sus "bromas" con su humor de cocainómano; se pronunció abiertamente contra el fracking y habló de la importancia de los pueblos originarios en el cuidado y conciencia ambientales.

¿Existirá gente racional capaz de no darse cuenta del profundo daño que le hacemos a nuestro entorno? Creo que no; sin embargo, el darse cuenta no significa dejar de hacerlo, pues mientras el negocio y la ganancia vayan por delante, poco importará detenerse en la contaminación hacia ríos, aire, la destrucción de hábitats de miles de especies. En Puebla el ejemplo claro está en el Atoyac, que por más residenciales, proyectos, ongs y buenas intenciones, no tiene para cuando dejar de ser el vertedero de industrias y empresas de todo tipo.

En fin, nada nuevo en el ambiente chairo. Sin embargo, lo que ningún periódico consigna ni consignará es la declaración directa y honesta de Rubén: "Yo ya no creo en la democracia". Directamente afirmó que él no votará por nadie, porque desde hace más de 50 años vamos de crisis en crisis, mientras los políticos se hacen más y más ricos. Yo agregaría que los ricos se hacen políticos para seguir siendo ricos. Y es una declaración muy fuerte, sin duda, ya que el pueblo sigue siendo como un niño de 10 años que hace como que les cree a sus padres, que son los Reyes quienes traen los regalos; pero no lo hace porque esté convencido, o lo desee, sino porque de esa manera seguirá teniendo un juguete y no deberá hacerse responsable de algo tan simple como la verdad.

De ese modo sabemos perfectamente que ningún político está comprometido con la gente, que todos al final son empresarios o gente dedicada a vivir en un sistema donde no es importante la naturaleza, ni la comunidad, ni la sociedad como tal, sino el sistema mismo que los sostiene ahí. De manera que más importante que el bienestar del pueblo está la salud de la institución, que por más millones y millones que aún se generen por la pocas empresas que tiene aún el estado, nunca serán destinados directamente a que la gente viva mejor, sino a crear carreteras, a apoyar empresas de autos, a generar más gasolina, lo cual redunda simple y llanamente en seguir haciendo negocios.

Su falta de fe en la democracia la dijo a título personal, lo dejó muy claro para no comprometer a la banda, ni a los organizadores; sin embargo, a mí me ayuda hoy a poder sumarme a esa falta de fe. Yo tampoco creo más en la democracia, no tengo familiares políticos, no tengo vínculos con ningún partido, no busco que me den un empleo y, desde que tuve 19 años y un trabajo institucional, supe que todo cambio en la política es para peor. Sé que esta manera de ver la vida no es compartida por muchos, sé que no es simple asumirse un desencantado de nuestra sociedad, pero estoy seguro que si dejamos de esperar que el árbol de manzanas nos provea de mangos, podremos comenzar a vislumbrar caminos amables, nuevos y diversos para reconciliarnos con la naturaleza, con el agua, con las otras especies de animales que tanto lastimamos cotidianamente. Y, en suma, todo eso es sólo para que la propia humanidad pueda seguir adelante, porque hoy no pareciera, pero estoy convencido de que estos comportamientos al final sólo nos lastiman a nosotros mismos como seres humanos sobre la tierra.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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