Dejen todo en mis manos, de Mario Levrero

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Josué TELLO


21 May 2018

El escritor lleva su última novela terminada al editor El gordo y éste la rechaza porque pertenece a la clase de buena, pero… de este modo inicia Dejen todo en mis manos del uruguayo Mario Levrero y, en primera instancia, pensaríamos que se trata de un libro sobre libros; pero no, es una novela negra: El gordo le ofrece aEl escritor dos mil dólares y la posible publicación, con un anticipo de quinientos dólares más por su manuscrito, a cambio de que viaje a Penurias, un pueblo al interior de Uruguay, a buscar a un tal Juan Pérez.

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Después de leer La novela luminosa, decidí no adentrarme a ningún otro libro de Levrero por temor a que sus otras obras las percibiera como menores. La sensación de vacío provocada por aquel prólogo de más de quinientas páginas, fue una vara alta que no quería saltar. No en ese momento. Ahora, han pasado más de dos años y he olvidado el argumento de La novela luminosa, en realidad no puedo afirmar que el argumento es la inexistencia de un argumento; eso sí, en mi mente quedan algunas imágenes: una joven (¿o mayor?) que le lleva a Levrero milanesas a la hora de la comida, el cadáver de la paloma que tiene semanas (¿o meses?) sobre el techo y que el escritor ve desde una de sus ventanas, los paseos escasos que terminan (¿o empiezan?) en los quioscos donde compra novelas policiacas, a Levrero recomendando (¿o será leyendo?) a Rosa Chacel, su adicción por el internet y la pornografía, los sueños, hipnosis y noches de insomnios. Ahora temo releer La novela luminosa.

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El escritor acepta el trato porque no existe la profesión de escritor, y está obligado a hacer cualquier cosa, excepto -naturalmente- escribir, si quiere continuar sobreviviendo, se lee en una de las páginas de Dejen todo en mis manos. El gordo le entrega al escritor doscientos dólares para empezar la búsqueda. ¿Por qué un editor contrataría a alguien para localizar a un tal Juan Pérez? Por los suecos: leyeron un manuscrito de Juan Pérez y quieren firmarlo; se trata, según El escritor, de una novela que desde el primer párrafo no se puede soltar. Tenía un estilo llano, muy sencillo, y vigoroso, y colorido. Juan Pérez hizo llegar su novela aEl gordo, y éste a los suecos, en un sobre sin remitente, y ahora están al borde del vacío una fuerte cantidad de dinero si no logran encontrar al autor.

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Debo confesar que no recuerdo cómo llegué a Mario Levrero y a La novela luminosa. En ese tiempo no tenía un trabajo que me remunera como para comprar el libro, cuyo costo estaba por los cielos, sin contar el envío. Tampoco tenía un lector de libros, así que descargué el Epub en mi celular. Pegado a la pantalla día y noche, terminé de leer La novela luminosa en una semana. Necesitaba platicar de la experiencia que tuve con Levrero lo antes posible. Le llamé a Jesús Koyoc, un amigo que en ese momento estudiaba letras, y nunca contestó, como la mayoría de las veces. Pasaron los días hasta que me pude comunicar con él; para mi mala suerte, me confesó que no había leído esa novela y que mucho menos topaba a Levrero, y que quizás tampoco haría por leerlo; no por ahora, dijo. Meses más tarde, Koyoc escribió, en una reseña sobre La ciudad, la primera novela de Levrero, en la que afirmó: A Mario Levrero hay que acercársele por otros medios, quizá como a él mismo le hubiera gustado. Tuve la sensación de que había leído algo similar, y sí, Levrero dijo que si sus libros llegaban a mucha gente caerían en las manos equivocadas, gente con la que no podría dialogar. En ese mismo texto, Koyoc escribió que "de Levrero no tuve una sola palabra que viniera de mis profesores". Y tampoco de mis profesores, en realidad, era menos probable que tuviera la referencia de Levrero en la universidad porque mis maestros eran del área de comunicación. A dos años de mi acercamiento con el uruguayo sigo preguntándome cómo llegué a él.

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Dejen todo en mis manos es una novela cargada de humor. La sátira nos hace olvidar que incluso un escritor busca a otro escritor. En este libro deambula una especie de femme fatale que tiene lindas curvas y un andar gracioso. Largos cabellos rubios. Un tapado liviano, del color de las violetas. Tendría treinta y pico, aunque muy bien podrían ser cuarenta y pico, pues, con las mujeres, nunca se sabe. También encontramos personajes que le hicieron la vida imposible y violenta aEl escritor durante una niñez; periodistas, mozos e incluso encargadas de hotel idénticas al indio Patoruzú. Personajes y trama que mantienen al lector pegado a las páginas, entre el suspenso, erotismo y risas.

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Levrero practica y ejecuta el arte de la mentira. La novela luminosa es un prólogo largo cargado de engaño; uno espera llegar al otro extremo del libro y encontrar una razón de ser, pero no, no sucede así; bueno, eso recuerdo. Dejen todo en mis manos no está exenta de mentiras: qué pasaría si les digo que no existe Juan Pérez y que el verdadero autor que buscan firmar los suecos es una mujer; mejor aún, que el autor de esa novela con estilo llano, muy sencillo, y vigoroso, y colorido es lafemme fatal. Olviden esto. Igual y no existe esa mujer. En realidad el autor que buscan los suecos es el periodista. O el mozo. O la encargada del hotel con cuerpo del indio Patoruzú. O incluso aquel hombre que durante la niñez violentó aEl escritor, a Levrero. Olvídenlo, porque igual y la novela no es policiaca, no del todo, y en realidad sí es, aunque lo negué al principio, un libro sobre libros y he olvidado el argumento de Dejen todo en mis manos por tratar de recordar cómo llegó en mis manos La novela luminosa.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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