Toma a una aldea criar a un niño

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La violencia en escuelas se ha hecho una vez más presente. Tanto en el contexto internacional como en el nacional presenciamos día con día desgracias y las opiniones no se han hecho esperar. Propuestas de candidatos, discusiones entre expertos, campañas por parte de los grupos de interés, entre otros, no han logrado detener tiroteos, acoso y violencia, dentro de las escuelas (ya no se diga dentro de la sociedad).

¿Por qué sorprende tanto esta noticia? Porque tradicionalmente se ha concebido el aula como un lugar seguro, de formación, de sana convivencia, de desarrollo de aptitudes, actitudes y valores. Las escuelas, incluso históricamente, han sido lugares de protección, de albergue, de un segundo hogar. Nadie espera ser llamado a la mitad de la mañana para recibir la noticia de que su hijo o hija ha sido víctima de homicidio.

Antes, hubiéramos pensado que esto sólo ocurría en el extranjero o sólo porque se tiene acceso a armas, lo cual ciertamente tiene un impacto en las cifras. No obstante, la violencia en las escuelas también se vive en nuestro país. De formas muy diversas, pero las agresiones entre estudiantes, las depresiones y suicidios, la violencia entre parejas de jóvenes, se presentan en nuestra sociedad también.

Si cada vez tenemos más información, herramientas, tecnología y preparación académica ¿qué lleva a la violencia? Existe un proverbio usado en Estados Unidos y atribuido a algunas culturas africanas, que dicta: Ittakes a village to raise a child (o su traducción, que sería algo similar a "se necesita a todo un pueblo / aldeapara criar a un niño") y que hace referencia al impacto que tienen todos los miembros de una comunidad sobre la formación y el comportamiento de las nuevas generaciones, lo cual es muy ilustrativo de la problemática en mención.

El acceso a armas de fuego por supuesto influye en que las cifras de ataques a mano armada se incrementen. La falta de oportunidades y pobreza también tienen una incidencia en la sociedad y por tanto en los niños y jóvenes. La desintegración de las familias o la carencia de valores dentro de las mismas, por supuesto generan más violencia en otros ambientes en los que sus integrantes se mueven. De igual manera, indudablemente, la carencia de una educación de calidad, es otro factor primordial a tomar en cuenta.

Claro que la educación no sólo involucra la preparación académica sino una auténtica formación. Particularmente en aquéllas competencias relacionadas con el autoconocimiento y el manejo del individuo en el plano social. Cada vez más organizaciones contemplan esta necesidad y las instituciones educativas se preparan para formar a sus estudiantes en temas antes no abordados en sus programas pero que ahora resultan imprescindibles para nuestra sociedad. Entre ellos, la inteligencia emocional, el orden, el autocontrol, la automotivación y la responsabilidad. Antes abordados en el hogar, el desarrollo de estas competencias, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Del mismo modo, deberá cubrir esta educación, la manera en que se interactúa con los demás y el impacto social. La ética, la comunicación interpersonal, la capacidad para dar y recibir crítica, deberán reforzarse en las unidades formativas de la malla curricular.

Sin duda alguna, esto no es responsabilidad exclusiva de las instituciones educativas: verdaderamente se necesita a toda la comunidad para criar a un niño. La responsabilidad es de todos. Padres de familia, sociedad civil, gobierno, empresas e instituciones educativas, deberán reafirmar este compromiso a través de atención, acciones, políticas, planes y hasta productos o servicios, que sean benéficos a largo plazo y que fomenten el bienestar social local, nacional e internacional, pues nuestra aldea ya es de carácter global.

*Profesora Investigadora en el Departamento de Gestión y Liderazgo, Región Sur. Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey en Puebla

asegovia@itesm.mx / @LIZSPHILIP2

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