El rival invisible

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Cecilia OCHOA


05 Jul 2018

Vi los últimos dos partidos de la selección mexicana. No sé nada de futbol, pero me atreveré a escribir sobre él. Seguro en las líneas siguientes expresaré alguna idea que no te parezca atinada, sería genial escucharte decir: "No manches, Cecilia, eso no es cierto".

Jugamos mejor contra Brasil que contra Suecia, estábamos más acoplados y fuertes, les dimos batalla. Nos jalaban, empujaban y tiraban al suelo, pero nosotros sólo nos levantábamos y seguíamos jugando. Sin embargo, perdimos. Nunca he entendido por qué perdemos en futbol, es decir, hay presupuesto, hay jugadores de profesión y hay apoyo de los espectadores…

En este último juego, varias veces estuvimos cerca de anotar en la portería brasileña y no lo logramos. Terminé creyendo que además de jugar contra Brasil, teníamos a otro rival invisible. Ya sé que muchos expertos podrán hablar de táctica, pases, posiciones, etcétera. Pero presiento que hay algo más. No tengo manera de demostrarlo ni de averiguarlo, pero, ¿y si los jugadores, sin saberlo, se estuvieran saboteando a sí mismos? No lo sé, puede ser porque no creen que merecen llegar al quinto partido, o están cansados, o es a lo que están acostumbrados, no lo sé.

El lunes en la mañana, revisando Facebook vi muchas invitaciones que alentaban a que los mexicanos nos uniéramos e "hiciéramos nuestra chamba" para ayudarle al nuevo presidente a lograr el cambio. Sin embargo, uno de mis amigos compartió la publicación de otro fulano, que me pareció brillante: "Estoy leyendo comentarios de conciliación y de invitación a chingarle. Yo no sé ustedes, pero yo tengo años chingándole" (disculpa las groserías, pero no quería cambiar en nada el mensaje). Es cierto, tanto tú como yo, como él, ella y ellos, llevamos años y años haciendo lo que nos toca y a pesar de nuestros esfuerzos, la situación mexicana empeora cada vez más. Es como si nosotros también nos enfrentáramos al rival invisible que no nos deja llegar al objetivo.

Ya sabemos que Andrés Manuel no va a poder cumplir lo que nos prometió sin nuestro apoyo, pero bajo el supuesto de que él quiera "sanar" al país, ¿nosotros podremos colaborar o nos ganará otra vez el rival invisible que nos ayuda a sabotear esa realidad que queremos lograr? Mucho ojo con eso, porque el obstáculo no solo es el hambre de poder o el sistema, es también nuestra indisciplina, nuestra inseguridad, nuestro silencio y hasta nuestra envidia. Ya dije en otra columna que hay que hacer lo que nos toca, hoy pido algo más difícil, porque tiene que ver con nuestras creencias más profundas: Hay que empezar a quitarnos ese complejo de que México no puede ser potencia mundial, abandonemos el miedo al éxito.

Va a ser difícil. No cualquiera puede hacerlo. No cualquiera puede armarse de valor, ver la cara del rival invisible y descubrir que su rostro es el mismo que se refleja en el espejo. Da miedo, más miedo que la mafia del poder. Pero llegamos al punto en el que no nos queda de otra. Tanto tú, como yo, como él, ella, ellos y todos estamos hartos de la situación. Nos estamos muriendo, nos están matando, nos están secuestrando, nos están quitando nuestra libertad. La única salida, es enfrentarnos al rival más grande, y después vencer a los pequeños. El rival que nos acompaña al despertar, al comer, al trabajar, al estudiar, al decidir, al actuar. Ni modo México, te toca un contrincante de tu tamaño.

*Actuaria egresada de la UDLAP

@ActMCecilia

m.cecilia.ochoab@gmail.com

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