El discurso le ganó al hombre

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Cecilia OCHOA


13 Jul 2018

Hace no mucho tiempo, existía en Tierramulticolor un grupo, el llamado grupo rojo, constituido por hombres y mujeres que querían gobernarla. Llevaban cerca de veinte años intentando convencer a los habitantes que ellos eran los gobernantes que Tierramulticolor necesitaba. No obstante, aquel lugar solo había sido dirigido por el grupo verde y el grupo azul. Lo cual era una tragedia, porque esos dos colores no habían sabido representar a todas las distintas gamas que habitaban la tierra.

Había personas que apoyaban a los rojos como fanáticos. Otros, los que tenían los ojos abiertos, se oponían porque notaban que el grupo rojo solo estaba hambriento de poder.Sin embargo, los grupos que gobernaban la tierra hacían un trabajo tan malo, que varios habitantes de Tierramulticolor, decidieron unirse a los fanáticos y darle su voto de confianza al grupo rojo. No eran la mayoría, pero los restantes no pudieron ponerse de acuerdo y terminaron siendo gobernados por los rojos.

El dirigente del grupo rojo era la persona más amada por unos y la más odiada por otros. Habíamos visto su rostro durante veinte años, lo habíamos escuchado hasta el cansancio. Cada cierto tiempo cambiaba su discurso, pero sabíamos que su hambre de poder seguía siendo la misma con la que empezó. Cuando este hombre tomó su cargo como dirigente de Tierramulticolor, repitió sus promesas antiguas y hasta se atrevió a prometer más. Yo lo vi y no le creí. Pronostiqué el fracaso del dirigente y de habitantes por igual. Sin embargo, esta vez había algo distinto en la mirada del nuevo gobernador. No supe qué era. Me causó miedo porque sentí que era algo que marcaría su periodo.

Pasaron los meses y este hombre empezó a hacer cambios en Tierramulticolor. Sus acciones eran parecidas a las que cualquier niño de 8 años hubiera propuesto para solucionar los problemas del lugar. Más de una vez predije que sus acciones fracasarían. Pero me equivoqué. Estaban funcionando, la gente comenzó a vivir mejor.

En ese entonces, no creí que el dirigente fuera un genio. Sigo sin creerlo. Lo que pasó fue que los habitantes apoyaron sus acciones. Decidieron tener un cambio y ellos mismos participaron en él. Contra todos mis pronósticos, los pobladores hicieron su parte.

Pero había algo más. La mirada del gobernador cambiaba cada vez que lo veía. Ya no parecía alguien hambriento de poder. Parecía saciado. Pasaron años, tres, tal vez cuatro. Tierramulticolor tenía numerosos problemas, pero eran menos comparados con los que tenía cuando empezó el gobierno del grupo rojo. Fue un día, muy temprano en la mañana, mientras veía el noticiero, cuando lo comprendí: Este hombre creía cada palabra que decía. Ya no era el tipo hambriento de poder, sino el reformador que deseaba impulsar un movimiento positivo.

Este hombre había repetido durante tanto tiempo que sería el cambio para Tierramulticolor que se la creyó. El discurso le ganó al hombre.

En estos tiempos, la única esperanza que me queda es que eso mismo le suceda a México.

*Actuaria egresada de la UDLAP

@ActMCecilia

m.cecilia.ochoab@gmail.com

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