Un encuentro inesperado

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Voluntariado


Septiembre 04, 2018

Siempre he pensado que las cosas pasan porque Dios así lo quiere y nosotras somos dóciles a su llamado, sobre todo en lo que se refiere a las obras de caridad –que deben ser desinteresadas y llenas de amor al prójimo–. Hace cuatro años mi hermana Verónica y yo fuimos a un retiro de silencio, entre comillas, ya que es muy difícil lograrlo si estás acostumbrada a estar hablando.

El retiro fue en Valle de Bravo, en un lugar llamado Maranatha. Era un sitio realmente bello, muy tranquilo, que invitaba a la espiritualidad y a la reflexión.

Fuimos invitadas por una señora que se llama Martha y por el padre Manuel. Íbamos con un grupo numeroso de personas, tanto hombres como mujeres. Teníamos nuestras actividades durante todo el día y, obviamente, momentos de absoluto silencio. Había personas que sí lograban estar en completo silencio y en reflexión.

El retiro duró todo un fin de semana y, claro está, nos daban muy bien de comer, lo que también influía en no lograr el silencio que se pedía.

Por lo regular en los retiros no dan refrescos a la hora de la comida, sólo agua de sabores; pero a mi herma-na y a mí nos gusta mucho y moríamos por uno.

El sábado después de la comida, estábamos platicando de las ganas que teníamos de tomarlo, y en ese mo-mento pasaron junto a nosotras dos señoras que hablaban de lo mismo. Rápidamente se pararon junto a nosotras y charlamos un rato sobre el tema. Nos presentamos y ellas nos dijeron sus nombres: Conchita Fer-nández y Laura Arizpe. Nos moríamos de la risa y le pedimos de favor al jardinero del lugar que nos fuera a comprar unos refrescos.

Estuvimos platicando por mucho tiempo y nos empezaron a contar sobre el albergue, cómo había nacido, quién lo había fundado y por qué. Y en el acto nos encantó el hermoso proyecto que es Una Nueva Esperan-za. En ese momento nació una amistad que ha durado todos estos años.

Gracias a esta gran amistad, basada en respeto y admiración hacia Laura y Francisco, fue que nació en mí un deseo de conocer y trabajar por los niños con cáncer, así como de ser voluntaria en el albergue.

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