Huachicol

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Cecilia OCHOA


21 Sep 2018

Profesor de ecología: ¿Qué pasa en una inundación?

Yo: Pues, todo se moja.

Profesor: No contestes diciendo "todo", porque cuando oímos esa palabra, no nos imaginamos nada. Piensa en muebles empapados, en electrodomésticos arruinados, tal vez comida desperdiciada, en documentos ilegibles. ¿Cómo sacarías el agua de las casas? ¿Se puede ir a la escuela o al trabajo si la comunidad está en esas condiciones? Piensa también en las enfermedades que se pueden desarrollar fácilmente en ese ambiente.

Esa conversación la tuve con mi profesor de ecología cuando iba en secundaria, hace unos 11 años. La tengo presente porque me parece que es muy cierta, ya que podemos conocer las consecuencias directas de catástrofes naturales, contingencias o siniestros, pero es difícil dimensionar todas las consecuencias que ocurren durante y después de dichos sucesos.

Esta semana, cuando me enteré de la fuga de gas que afectó a 5 comunidades de la capital poblana, me inquieté porque siempre asocio el gas con peligro de incendio. Más tarde, al leer las notas derivadas de la fuga, me di cuenta de que la posibilidad de un incendio no fue el único problema que los habitantes tuvieron que afrontar: desalojaron por sí mismos sus casas, se cancelaron las clases, posiblemente no pudieron ir a trabajar, un Hospital tuvo que desocupar sus instalaciones, dudo que pudieran utilizar automóviles para desplazarse, y los que tenían niños y mascotas tuvieron que arreglárselas para alejarlos del peligro. El mismo día por la tarde, las autoridades aseguraron que las comunidades estaban fuera de peligro y que ya estaban identificando a los responsables del huachicol que provocó la fuga. Esto me tranquilizó porque ya estaban más seguras las personas que estuvieron en riesgo.

Huachicol es una palabra que conocí hace apenas unos años. Al principio no tenía idea de qué significaba, pero al prestar más atención a las noticias poblanas entendí que se refiere a la acción de tomar clandestinamente recursos como petróleo, gas u otros combustibles. También comprobé que ese término no se utilizaba de forma tan recurrente hasta la gestión de Moreno Valle donde aumentaron las cifras de huachicol (me hubiera gustado mencionar el porcentaje de incremento, pero perdí la fuente en donde lo encontré).

Me parece urgente saber qué acciones concretas llevará a cabo la administración entrante para combatir estas acciones. Sumado a esto, también creo importante empezar a aprender qué hacer en caso de contingencia, porque yo no habría sabido cómo reaccionar si me hubieran dicho: "Sal, hay una fuga de gas". Hace casi un año vivimos un terremoto que nos hizo estar más conscientes de qué hacer en caso de sismo. Pero, lamentablemente, un temblor no es el único siniestro que puede ocurrir, también están las inundaciones (que últimamente hemos vivido), incendios, problemas con combustibles, etcétera.

Más de una vez he escuchado comentarios de personas que aseguran que lo que necesitamos en las escuelas es que nos enseñen cosas útiles en la vida. Pues bien, yo sí creo que en la escuela aprendemos cosas que ocupamos en el día a día, sin embargo, considero que la educación necesita incluir protocolos a seguir en caso de contingencia. Hagamos algo y empecemos a solicitarle a los expertos que nos instruyan en el tema a nosotros y a las futuras generaciones.

*Actuaria egresada de la UDLAP

m.cecilia.ochoab@gmail.com

 

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