La velocidad de la luz: la literatura como revelación

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"¿Qué es un escritor? (…) es un chiflado que mira la realidad, y a veces la ve" dice Rodney Falk, personaje de la novela La velicidad de la luz (Random House Mondadori, 2013), del escritor español Javier Cercas, obra en la que hace una profunda reflexión acerca del éxito y el fracaso, de la moral y la verdad.

El narrador, un joven español que viaja a Estados Unidos con la intención de convertirse en escritor, conoce a un personaje frío y misterioso, llamado Rodney Falk, antiguo militar y combatiente en la guerra de Vietnam, mismo que será un catalizador que lo llevará a revalorizar el poder la literatura, pero que, además, le ayudará a reflexionar sobre la percepción de la realidad, el trabajo del escritor y los motivos que hacen querer contar una historia.

Sin saberlo, el narrador termina obsesionándose con la vida trágica de Rodney Falk, y después de que le pierde el rastro, comenzará una incesante búsqueda hasta llegar a conocer al padre de su amigo, quien le relatará de manera sesgada los infortunios y vaivenes que sufrió su hijo durante la guerra de Vietnam y cómo esto determinó el nuevo carácter del exmilitar, haciéndose una persona misteriosa y totalmente desligada, aparentemente, de la realidad, huyendo de lo que había vivido y envolviéndose en una rutina a través de la cual sólo encuentra la desdicha, acentuando su carácter huraño y efímero.

Tanto la literatura como espejo de la realidad, como la guerra, son dos tópicos que marcan la ruta de esta obra, siempre relacionadas, puesto que el narrador siente la imperiosa necesidad de escribir una novela en donde narre lo sucedido con su amigo norteamericano, trabajo en el que podrá escribir sobre lo oscuro, absurdo y mezquino que resultan las acciones de los hombres que quieren alcanzar el éxito, sea este entendido desde la subjetividad de cada quien, y que finalmente se pierden en la maraña obsesiva de saberse triunfadores de algo. En ambos tópicos, hay una respuesta: "Ya sabes lo que decía Oscar Wilde: ´Hay dos tragedias en la vida. Una es no conseguir lo que se desea. La otra es conseguirlo´".

La terrible remembranza de una trágica guerra, marcada por la estupidez y el absurdo, es la punta de lanza para que el lector reflexione acerca de los sucesos que marcan al hombre y la importancia de la literatura para: "Volver visible lo que ya es visible y todo el mundo mira y nadie quiere ver (…) hay que tener los huevos muy bien puestos para verlo sin cerrar los ojos o sin echar a correr, porque quien lo ve se destruye o se vuelve loco".

Javier Cercas hace uso de ese estilo narrativo que lo caracteriza en donde prueba al lector a percibir la obra como suceso autobiográfico, novela en la cual el narrador, estratégicamente, no tiene un nombre, pero que tácitamente se sobreentiende que es el escritor, mismo que se justifica explicando que: "Todas las novelas son autobiográficas, amigo mío, incluso las malas".

A través de sucesos inesperados, el viaje y la casualidad es que se va construyendo La velocidad de la luz, novela narrada en primera persona y en la que pone en cuestión la condición del hombre bajo el contexto de una guerra, misma que pone a prueba la naturaleza del ser humano, escudriñando a éste desde lo caprichoso y frívolo en lo que se puede convertir por ignorar la realidad y ver la misma desde una subjetividad inundada de retórica falaz, porque: "Al final a lo mejor es verdad que sólo hay dos tipos de personas: las que actúan mal y siempre creen que actúan bien, y las que actúan bien y siempre creen que actúan mal.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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