Sobre Vertical, de Jorge Nores

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Josué TELLO


25 Ene 2019

M. es homosexual y narcotraficante, lo conocí de casualidad hace unos años sin saber a qué se dedicaba. Coincidimos dos veces de manera breve. La última ocasión que lo vi fue en una fiesta, antes de que se mudara de ciudad. Porque la cosa se va a poner sabrosa, güero, mejor me voy a la chingada, dijo. Esa vez hablamos sobre si era difícil llevar el negocio cuando eres gay. En esta sociedad está cabrón ser puto, así seas empresario, político o tortillero, dijo. Recordé a M. y esa charla después de leer Vertical: novela que no pretende ni busca exponer el tipo de vida que tiene un narcotraficante gay o bisexual, aunque sus personajes tengan esas preferencias sexuales y estén involucrados en el crimen organizado. En Vertical la criminalidad que desde hace años se vive en México es sólo un recurso para crear la atmosfera que desencadena la trama.

Caminaba por el centro de la ciudad sin saber hacia dónde pero con la sensación encima de ir perseguido por la madrugada, dice Gustavo al inicio de la novela. Madrugada: preámbulo del amanecer: inicio de algo que no sabe qué será: Néstor acaricia con una pistola a Gustavo mientras están acostados en la cama, después de tener sexo. Hace unas horas se conocieron: azares del destino. Néstor es narcotraficante y rebasa los treinta años, y Gustavo es un joven de apenas quince que le gusta esnifar coca y tomar cerveza, un joven que creció con su abuela y fue ella quien le enseñó a comer tortillas con limón y sal porque su madre tenía que trabajar y su hermana, Alfonsina, iba a la escuela: Gustavo, quien a su edad ya había pasado por su mente el suicidio, tuvo que contarle su vida a Néstor porque éste lo amenazó de muerte: Ya no eres libre y ya no puedes ser la misma persona. Esas fueron las palabras que resonaban en los oídos de Gustavo mientras su piel desnuda la tocaba una pistola. Esto es Vertical, una novela Jorge Nores, escritor de Parral, Chihuahua, uno de los lugares que ambienta la trama, el lenguaje.

Todo lenguaje es una conversación común y cuando alguien escribe está haciendo uso de herramientas que sólo le pertenecen parcialmente, se lee en Meditaciones desde el subsuelo, de Guillermo Fadanelli. Vertical se escucha, los personajes hablan sin pretensión y Jorge Nores escribe con la agudeza del oído. Otro Guillermo, de apellidos Cabrera Infante, dice que en América se escribe en otro idioma. El idioma: los idiomas: regionalismos: lenguaje: parte fundamental de Vertical: lectura ágil y versátil: 

-¿Pues qué crees?, ya no.

-¿Ah, sí? -le pregunté como desafío y con un tono ridículo, alargando el sonido de la "i" y rayando en la mariconería tanto que sentí vergüenza, bueno no.

-Ajaaaá -contestó él, remendándome.

-¿Y por qué no? -le dije y esta vez traté de sonar normal.

-Porque vamos a Parral -dijo como si nada.

-¡Qué!

-¡Sí! -me dijo levantando las cejas y haciendo una expresión de asombro y bufa.

Otro ejemplo:

-¿Cuántos años tienes?

-Quince -respondí sin ánimo de mentir, quien sabe por qué.

-¿Y qué andas haciendo en estas calles?

-Nada. Desde hace días siento curiosidad y andaba viendo qué pedo.

-Sí, nunca te había visto. ¿Conocer al Tripié y al Pascual?

-Nop -dije conjeturando que se refería a los güeyes que me encontré en la calle.

-¿Cómo andas, qué te hace falta? -me preguntó el bigotón.

-Pos no sé, un toque, un pase o una birria.

-En la guantera traigo coca -dijo él y eso me sacó una sonrisa.

El lector avanza como si persiguiera a los personajes: no hay tregua, quienes la leen tampoco la busca. Uno puede creer que los alcanza: Extendí la mirada y vi que el atardecer ardía, el cielo estaba rojo y con poco amarillo y sentí una especie de indignación de que en el mundo hubiera gente como yo, como el Caritas y como la Prima, piensa Gustavo. Pero, después del respiro, Nores nos pone un escenario de cacería: una ejecución. El asesinato para no ser asesinado. Fidelidad después de la traición. O eso parece.

En Vertical se escuchan las voces de Gustavo y Alfonsina, y la madre de ambos, la de Néstor, Chacas, Caritas, Prima, Pablo, Gloria…: personajes: retratos sociales: ponen sus vidas al límite: umbrales distintos, como los problemas: involucran al lector a través del sufrimiento que generan los recuerdos, la memoria; o el consumo excesivo de drogas y alcohol y la soledad que desencadenan estos vicios y que a su vez son el único refugio que existe, o ese creen, creemos; se ponen en riesgo a cambio de ser un alguien en la familia: que nada les falte, tener la gloria; se esconden y mienten: evitan dejar rastros y especulaciones; se ausentan: transmiten soledad, ira, miedo y nos hacen recordar fracasos y apegos; trafican, traicionan, asesinan: pero el argumento no va por ahí. O eso nos hace creer Nores. Que es distinta.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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