Espacios como estructuras para mejorar(nos)

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Servir a un mejor México o a una mejor sociedad es lo que la mayoría de las personas buscamos, o al menos deberíamos. Creemos que el cambio está en uno y que mientras vayamos cambiando nuestros núcleos iremos impregnando poco a poco al resto de nuestra colonia, de nuestros amigos. Muchas personas enfocadas en la administración y gerencia de grandes empresas dirán que no es cierto, pues si una empresa quiere cambiar su cultura, no pide a los trabajadores o a la escala más pequeña que lo hagan, sino que son las estructuras de esa empresa las que modifican el comportamiento de todos. De nada sirven empleados o ciudadanos éticos y honestos, cuando las estructuras o las bases de esas empresas proyectan derroche y mal manejo de fondos.

Las estructuras en una sociedad son los núcleos sociales y la infraestructura física de estos; las salas de oficinas en los núcleos administrativos, las plantas industriales en los núcleos operativos, y las calles, banquetas y parques para los núcleos de familia y amigos. Estos últimos son los que me gustaría abordar, desde dos perspectivas, la de la existencia de esa estructura, y la de la calidad de esta.

Durante los últimos casi 10 años se llevaron a cabo obras de gran envergadura en la zona Angelópolis, mientras de desatendieron muchas partes de la ciudad. Más que hablar de esa desatención quisiera ponerme en los zapatos ciudadanos del merecer. Mientras que un habitante de la zona angelopolitana ha crecido durante estos años con la idea de que merece parques, servicios y todo lo que sus impuestos pagan. Por otra parte, el ciudadano que no ha visto nuevos parques, nuevas vialidades y menos banquetas, le recuerda todos los días que no debería ser parte del sistema, que es un olvidado y que para esa persona no es la ciudad. Todos los días, caminando por su casa, se repite este diálogo interno.

Ahora hablemos de la calidad de esos espacios. Más allá de pensar en que exista o no estructura para mejorar los núcleos de barrio o familiares, veamos lo que existe. Mientras que en zonas angelopolitanas se levantan y construyen nuevos parques y monumentos, en zonas "olvidadas" aparecen canchas de futbol, cada una con su clara intención. Los parques y monumentos dicen, al menos entre líneas, que el bienestar deportivo es importante, pero tanto como la naturaleza y la atracción de turismo, y claramente señala una guía en la cual la ciudad cree que es el desarrollo.

Por otra parte, la cancha de futbol que se construye o pone, señala el claro camino de, que para salir de esa situación, se necesita jugar fútbol, ser famoso, formarse en el barrio y salir adelante. Todavía peor es que aquel niño que quiera hacer la tarea no tiene en el espacio público una zona para hacerla, sino solo algo que le recuerda y le molesta que ser educado no es el camino. Y en un caso más obvio, si pensamos en todas las mujeres que no disfrutan de ese espacio (la cancha) como una actividad para jugar o hacer ejercicio, sino para ver a sus esposos, novios, hermanos o padres, van creando poco a poco en ellas una visión de inferioridad, de colectivo femenino como acompañantes del masculino, pero pocas veces como las que tendrán la capacidad y opción de una vida mejor, o al menos no por ellas.

Ante tantos cambios que la autoridad estatal y municipal sufre en estos meses, las ciudades poblanas se encuentran en punto de quiebre para seleccionar cuál es la forma en la que como sociedad deberemos salir adelante; si con el turismo, si con el fútbol o con mejores visiones como la educación, la tecnología y la participación ciudadana. Este momento de decisión, permite a los dirigentes re prensar la forma de hacer ciudad desde el subconsciente, desde las estructuras. En la que cada obra, y cada acción permita educar o transmitir una idea de que todos podemos y todos tenemos esas oportunidades.

Como arquitectos y académicos, trabajamos y debemos trabajar para generar modelos de estructuras que permitan permear en el día a día de toda la sociedad que existen mejores caminos para el desarrollo; como la educación, el trabajo en equipo y la equidad social y de género. Ejemplos no sobran, sino que faltan. Algunas metodologías de diseño nos ayudan a promover estos nuevos espacios, pero aún sin la oportunidad de intervenir directamente en ellos. Buscamos espacios, como parques, que permitan hacer la tarea, platicar en comunidad, amamantar libremente, usar tecnología e inventar objetos, donde hacer ejercicio pueda hacerse en las banquetas y en cualquier espacio, no solo en la lejanía de los buenos parques. Urgimos por espacios que recuerden que es derecho y obligación de todos, luchar por una mejor sociedad y comunidad, y que tenemos las herramientas.

 

*Profesor de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño

Tecnológico de Monterrey en Puebla

dsavedra@tec.mx | @dansavedra

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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