La apuesta por democratizar la productividad

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Recientemente el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) presentó los resultados de la estrategia del gobierno anterior, que se propuso "democratizar la productividad" y que formó parte importante del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018. A pesar de haber partido de un buen diagnóstico y de premisas correctas, sobre la importancia de la productividad para impulsar el crecimiento económico, los resultados deseados no fueron alcanzados.

La estrategia de democratizar la productividad buscaba que los más desfavorecidos tuvieran un mayor crecimiento en su ingreso, pero a nivel estatal esto no ocurrió. Mientras la mayoría de los estados del bajío, el occidente, el norte y algunas excepciones en el sur, como Yucatán y Quintana Roo, tuvieron tasas de crecimiento del PIB mayores a las que habían tenido en el periodo 2006-2012; los estados del sur como Campeche, Tabasco, y Chiapas, tuvieron tasas de crecimiento negativas o nulas. Es decir, el crecimiento económico no se dio en estos estados del sureste, durante el pasado sexenio.

Un elemento indispensable para la productividad es, la formación bruta de capital fijo, que representa el aumento de activos fijos como las bodegas y los edificios, así como la maquinaria y el equipo. En el periodo 2006 a 2012 la formación bruta de capital estuvo alrededor del 22% como porcentaje del PIB. Para el periodo 2012 a 2017 tuvo una caída constante hasta alcanzar 20% como proporción del PIB en el 2018.

El sexenio de Enrique Peña Nieto se autodenominó "el sexenio del empleo", debido a que logró bajar la tasa de desempleo hasta un 3.5%. Para tener una idea de la calidad de los empleos existen varios indicadores, uno de ellos es la Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación (TCCO) que mide el porcentaje de la población ocupada que se encuentra trabajando menos de 35 horas a la semana o que, trabaja más de 35 horas, pero recibe ingresos inferiores al salario mínimo. Mientras que la mayoría de los estados tienen una TCCO por debajo del 15%, habiendo casos como Nuevo León con 4.4% o Chihuahua con 4.8%; muchos estados del sureste presentan TCCO del 34,7 (Chiapas), 21.4 (Puebla), 20.2 (Hidalgo), 20.9 (Tlaxcala) o 20.8 (Veracruz). En este segundo grupo de estados 1 de cada 5 trabajadores tiene pocas horas de trabajo y una remuneración muy baja.

Otro indicador es la Tasa de Ocupación en el Sector Informal 1 (TOSI) que consiste en todos aquellos que se emplean en unidades económicas, no agropecuarias, que opera a partir de los recursos del hogar, sin constituirse como empresa. Los estados con las mayores TOSI´s son Tlaxcala (41.5), Hidalgo (35.7), Oaxaca (33.9), Tabasco (32.8). En total son 8 estados en donde 1/3 de la población ocupada lo hace en pequeños negocios informales con activos familiares. No sólo es una desventaja en cuanto a la falta de prestaciones de seguridad social sino la incertidumbre que representa el flujo de los ingresos. Adicionalmente, el porcentaje de trabajadores remunerados sin prestaciones, en promedio a nivel nacional, es de 40%.

La productividad mide la proporción entre producción total, de bienes y servicios, sobre el total de factores de producción. Un aumento en la productividad indica que se puede generar una mayor producción utilizando los mismos recursos. El indicador denominado Productividad Total de los Factores (PTF) mide cuánto contribuye la productividad al crecimiento económico. Este indicador tuvo una caída estrepitosa del 2006 al 2009, se recuperó en el 2010 pero volvió a caer del 2010 al 2013. Posteriormente se ha mantenido alrededor del 0% de crecimiento. Lo que esto indica es que los factores de producción no han sido utilizados eficientemente para impulsar el crecimiento económico.

El Índice Global de Productividad Laboral de la Economía (IGPLE) es la proporción entre el PIB en términos reales y el total de horas utilizadas para su generación. En el periodo 2006-2012 este índice creció 0.7% en el sector primario, -0.1% en el sector secundario y 0.0% en el sector terciario. A su vez, en el periodo 2012- 2017 este índice creció 2.0% en el sector primario, -2.6% en el sector secundario y 2.1% en el sector terciario. Es en el sector servicios, el cual tiene la mayor aportación al PIB (60%), donde la productividad ha aumentado, pero en proporciones menores comparado con países desarrollados.

Lo que el diagnóstico de la productividad en México, presentado por el CONEVAL, deja ver es que en el sexenio pasado no se tuvo éxito en aumentar la productividad, sobre todo en los estados del sureste. Ello impidió lograr mayores tasas de producción y por ende no se pudieron mejorar las condiciones laborales de una importante proporción de los trabajadores. Esta información debe ser entendida por el nuevo gobierno y de ella deberían surgir planes de impulso a la productividad con visión de futuro.

 

Profesor de Tiempo, Completo del Tecnológico de Monterrey en Puebla

Correo: enriquen@itesm.mx

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