De la esperanza a la desesperanza prohibido que la ciudadanía claudique

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En las semanas pasadas AMLO alcanzó altos niveles de aprobación, una de las razones, sin duda, son las alarmantes cifras de corrupción de sexenios pasados que la presente administración ha denunciado, aunque, aún no ha sancionado. La corrupción que se pretende combatir en los próximos meses se ha localizado, de acuerdo con el gobierno Federal, desde los vínculos privado – gubernamentales en actividades productivas materiales, hasta el ámbito académico en los espacios públicos.

Sin embargo, existen puntos medulares que nos obligan a permanecer alertas, críticos y activos como ciudadanía. En primer lugar, no se ha expuesto un cambio real de política económica con respecto a los motores del crecimiento económico. El Banco de México continúa siendo un órgano autónomo del plan nacional de desarrollo con el objetivo único de controlar la inflación y la estabilidad cambiaria. La tasa de interés no funciona como un mecanismo principal de la inversión productiva en México. Caso contrario de la normatividad de la Reserva Federal, Banco Central de Estados Unidos, cuyo objetivo es controlar la inflación y maximizar el empleo. Además, el gasto público se ha establecido como un mecanismo de redistribución del ingreso bajo la nueva administración federal, pero continua bajo una estricta disciplina para mantener los equilibrios macroeconómicos, los cuales son condición necesaria para la rentabilidad del ahorro externo invertido en el país. 

En segundo lugar, la reducción de la nómina del Estado mediante el despido de empleados federales eventuales o por honorarios fortalece la tesis de una participación estratégica del gobierno federal, semejante al concepto de Estado – Gobierno en teoría económica de "dictador benevolente". En este caso, el actual gobierno está enfocado a operar una política de redistribución del ingreso a través de un conjunto de programas de asistencia social, cuya sostenibilidad en el mediano y largo plazo dependerá de construir proyectos productivos que logren generar flujos monetarios positivos, lo cual aún falta por garantizar.

En tercer lugar, las poblaciones directamente afectadas por el Tren Maya y la Termoeléctrica de Huexca (parte del Proyecto Integral Morelos) hasta este fin de semana no habían sido consultadas sobre los proyectos o sobre las medidas a desarrollar para solventar las externalidades negativas en términos de impacto ambiental o despojo de tierras. Preocupa que no se logre construir un consenso frente a acontecimientos "inexplicables" que han lastimado a las localidades. Por ejemplo, el asesinato en Temoac, Morelos, el pasado miércoles de Samir Flores Soberanes, líder comunitario y opositor al gasoducto de Amilcingo (municipio de Temoac) y a la termoeléctrica de Huexca ubicada en el municipio morelense de Yecapixtla.

Por lo tanto, el combate a la corrupción es condición necesaria pero no suficiente para establecer un modelo de desarrollo novedoso e incluyente. En una primera hipótesis podemos establecer que el voluntarismo no basta para crecer económicamente y sostener un conjunto de proyectos sociales. Pero estos tiempos con "nuevos" vientos nos debe inspirar para imaginar, diseñar y materializar una política económica de crecimiento que no opere a través de clientelismos por el agradecimiento a programas sociales. También deben superarse los modelos económicos desarrollistas apoyados básicamente en altos montos de inversiones productivas a costa de los recursos naturales y la fragmentación del tejido social de las comunidades. Quizá antes de crecer debemos alcanzar una distribución realmente equitativa del ingreso y para ello se ocupa de la participación ciudadana.

 

*Profesora de Tiempo Completo en la UNAM – Facultad de Economía.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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