Reduciendo la pobreza: programas, proyectos…, ¿o dinero?

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Si bien ha habido avances en la reducción de la pobreza en el país, según el Coneval cerca de 46 por ciento de mexicanos aún vive en estas condiciones. Ante la persistencia de este problema en México y en el mundo, se han cuestionado las estrategias de las políticas públicas y programas de organizaciones que se dirigen hacia la disminución de la pobreza extrema.

Un giro en el campo del desarrollo internacional es la propuesta de abandonar el abanico de intervenciones que supuestamente ayudan a que las familias salgan de la pobreza, desde los apoyos en especie hasta los programas de educación financiera, y simplemente entregarles dinero. La organización Give Directly que opera en África, es un ejemplo; considera que la mejor manera de combatir la pobreza extrema es a través de otorgarles efectivo, y por ende el poder de decidir, a las mismas personas a que se pretende apoyar.

Es decir, en lugar de darles a los pobres un chivo (que quizás no necesitan) o equipo agrícola (cuando buscan establecer un negocio), se les entrega el recurso directamente, para que ellos decidan en qué gastar para mejorar sus vidas. Las necesidades, prioridades y aspiraciones de las personas son diferentes; quizás una familia necesita solventar los gastos escolares, a su vecino le urge arreglar el techo de su vivienda y otros quieren comprar semillas para cultivar.

Los críticos sostienen que los pobres malgastarán el dinero, pero las investigaciones iniciales apuntan a que, en general, las personas lo utilizan para gastos necesarios. Además, Give Directly está probando diferentes esquemas de entrega, para averiguar cuál permite que los beneficiarios mejoren su bienestar; por ejemplo, podrían invertir en proyectos productivos con pagos únicos de mayor cantidad, en lugar de transferencias mensuales menores que se destinan a gastos corrientes. Al concluir su investigación rigorosa de 12 años, se espera poder confirmar si las personas en efecto salen de la pobreza, aumentan sus niveles de estudios, mejoran su salud y son más felices.

La transferencia directa de efectivo se alínea con la propuesta del ingreso básico universal en el que las personas reciben una cantidad mínima para poder cubrir necesidades básicas y tener una vida digna. Se han implementado programas piloto en Finlandia, La India y Holanda, entre otros países, pero se necesita más evidencia a mediano y largo plazo para saber con claridad los efectos.

En México, el Banco Mundial ha elogiado el programa de Prospera (antes Progresa y Oportunidades), el cual consiste en transferencias directas de efectivo, pero condicionadas. Lo anterior significa que las madres de familia reciben efectivo a cambio de cumplir con compromisos fijados por el gobierno. Por ejemplo, requiere que las madres acudan a pláticas de salud, su familia realice visitas a clínicas y que sus hijos asistan a la escuela. Las críticas del programa han sido diversas y sugieren que, si bien se mejora marginalmente la calidad del capital humano a través de la salud y la educación, no ha roto el ciclo de pobreza generacional, sino que para muchas familias se mantiene. Además, el aparato burocrático necesario para verificar que efectivamente las familias cumplen con las condiciones establecidas es amplio y costoso.

La alternativa que la administración actual está tomando a través de la entrega de apoyos directos va en la misma línea que las ONG como Give Directly y el ingreso universal básico: dejar de condicionar a las familias más empobrecidas y simplemente entregarles el dinero. Se eliminan los gastos burocráticos y administrativos, e incluso se podría, y debería, experimentar con diferentes esquemas de entrega que permitan que las familias reciban montos más significativos para invertir y emprender, en lugar de recibir poco dinero que se suele usar para gastos corrientes. Sin embargo, sólo a través de investigación empírica rigorosa y longitudinal sabremos si este cambio producirá mejores resultados que la estrategia de los últimos cuatro sexenios.

 

  • Profesora-Investigadora en la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, campus Puebla. Doctora en Economía Política del Desarrollo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Maestra en Desarrollo Internacional por la University of Denver. Licenciada en Psicología y Español por Xavier University.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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