Aclaración necesaria

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Haciendo uso de nuestro derecho constitucional, el Movimiento Antorchista Nacional en las pasadas elecciones constitucionales consideró conveniente emitir su voto en favor del candidato del PRI, para asegurar el desarrollo y conservar la tranquilidad de la nación. De manera respetuosa y fundamentada, dimos a conocer al pueblo de México las razones de nuestra decisión, haciendo caso omiso a los consejos de oportunistas, de saltimbanquis políticos, de arribistas y de políticos sin convicción, sin principios y sin dignidad que, una y otra vez, insistían en que abandonáramos al PRI y nos subiéramos al carro de la victoria de Morena.

La congruencia política de Antorcha, para esta clase de políticos fue valorada como una verdadera tontería, mientras que para los morenistas resultó inconcebible que alguien manifestara desacuerdo con sus principios "revolucionarios" y sostuviera que por esa vía sería materialmente imposible la transformación económica, social y política de nuestro país.

Fueron estos argumentos un sacrilegio para quienes creen ser los descubridores de una nueva teoría revolucionaria y para quienes se sienten hacedores de una innovadora praxis revolucionaria, y fueron los que provocaron un odio cerval contra nuestro Movimiento que, al triunfo de Morena, se manifestó en una campaña liquidacionista encabezada por el mismísimo presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Ésa es la única y verdadera razón que motiva que el presidente de la República, en todo acto público donde se presenta, se refiera a "Antorcha Mundial" como una organización beneficiaria de moches, como "manejadora" de programas sociales cuyos recursos iban a enriquecer a los líderes, como huachicolera y sujeta a investigación por el director de Inteligencia Financiera.

Con la misma cantaleta de siempre, pues no tiene viejos ni nuevos argumentos para enriquecer su discurso, una y otra vez persiste en sus acusaciones sin presentar ninguna prueba de su dicho, lo que lo coloca automáticamente en el papel de calumniador.

De nada han servido las declaraciones públicas que los antorchistas hemos realizado oportunamente, los desplegados nacionales y los artículos de dirigentes antorchistas, aclarando puntualmente que ni somos huachicolores, ni nos quedamos con moches porque, como todo México sabe y es testigo insobornable, siempre y en todo momento los recursos de los programas sociales fueron manejados y entregados a los beneficiarios por parte de los empleados de la entonces llamada Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

Este ignorar de nuestros argumentos, esta indiferencia a nuestra legítima defensa, el no demostrar lo que se afirma, deja claro, sin lugar a duda de ninguna especie, que se trata de liquidar al Movimiento Antorchista Nacional y que la figura presidencial se usa indebidamente para acallar las voces disidentes a las acciones equivocadas del gobierno morenista.

¿Qué hacer ante tan aviesas y groseras intenciones? No hay muchas salidas: o pedimos clemencia aceptando las infamias de que somos víctimas abjurando de nuestros ideales, o defendemos con dignidad y con gallardía nuestro derecho a existir como la organización de los pobres de México; nuestro derecho a expresar libremente nuestras ideas y nuestro derecho a defenderlas. Nos decidimos por esta última opción. Esto nos impulsó a hacer presencia en los actos del presidente de la República.

No buscamos confrontarnos, pues sabemos perfectamente bien de qué lado está la fuerza aunque no la razón. Buscamos con nuestra protesta que se detenga la campaña liquidadora en contra de nuestro movimiento, orquestada por el presidente de la República, y que se abran los canales de interlocución que hasta ahora se encuentran herméticamente cerrados, para que se nos escuche y podamos ejercer nuestro derecho a la legítima defensa, derecho hasta hoy conculcado a todos los antorchistas y otorgado a los peores criminales del país.

¿Acaso es peor delito expresar ideas, defender principios y luchar por una vida mejor para los pobres? No buscamos molestar u ofender al presidente, buscamos que deje de calumniarnos, que no se nos discrimine en la atención y solución a los problemas sociales y en los programas de beneficio directo, por el hecho de diferir de las políticas y métodos de la Presidencia de la República. ¿Acaso está prohibido pensar diferente?, ¿es válido exclamar, como el general franquista José Millán Astray, "muera la inteligencia"?

Sabemos también que a estos actos de protesta se les dará una explicación totalmente diferente a los fines que persigue, para así justificar las acciones del gobierno hasta ahora emprendidas en contra de nuestro movimiento y, con ello, preparar el terreno para acciones represivas más duras y más radicales en nuestra contra. Que no se sorprenda la opinión pública si mañana o pasado algún dirigente antorchista fuera asesinado o amaneciera con órdenes de aprehensión por huachicolero, o cualquier otro delito prefabricado. Sería consecuencia de la política liquidacionista instrumentada en nuestra contra. Dejo constancia para hechos posteriores.

Ésta es la razón que me obliga a puntualizar de dónde arranca el conflicto y quién lo ha llevado a la situación en la que se encuentra, y cómo la actitud de Antorcha es única y exclusivamente un acto de legítima defensa. Ahora bien, como no faltarán los "inteligentes" interpretadores de la política que verán en nuestra actitud la "intervención" de Estados Unidos, vía Antorcha, para desestabilizar al gobierno morenista por sus acciones "revolucionarias"; para evitar el escalamiento del conflicto y sabedores de con quién nos las habemos; para evitar el juego de manos del tahúr, planteamos: déjesenos de atacar sin pruebas, déjesenos de calumniar, atiéndanse las demandas más urgentes de los mexicanos pobres organizados y Antorcha suspenderá de inmediato sus protestas.

Toda nuestra trayectoria como organización de lucha ha dado pruebas irrefutables de que hablamos sin dobleces, nunca solicitamos una cosa para obtener otra, que cumplimos lo que decimos; pero también ha demostrado que somos tercos en la búsqueda de soluciones en lo que consideramos justo, que somos luchadores insobornables contra la injusticia y trabajamos incansablemente para el mejoramiento de la vida de los más desprotegidos de nuestro país.

Luchamos respetando las garantías que nos concede nuestra Carta Magna, aceptamos razones y argumentos, somos enemigos del "todo o nada", pero somos enemigos irreconciliables de la imposición, del "ordeno y mando", de la autocracia, de la obediencia ciega; preferimos morir de pie que vivir de rodillas. Sobre estas bases podemos buscar acuerdos. Ustedes tienen la palabra.

 

* Diputado federal del Movimiento Antorchista

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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