La gran ciudad según Georg Simmel

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Quienes desde las disciplinas de la teoría social han entrado en contacto con la obra de este sociólogo alemán, compañero de Weber y Durkheim pueden apreciaren los ensayos de Simmel el problema de la incomunicación que emerge dentro de la gran ciudad o metrópolis. Un efecto por demás paradójico donde la aglomeración humana genera soledad y ansiedad, además de indiferencia al dolor. En verdad para Simmel la ciudad no es una estructura ausente, sino que más bien su presencia radical deriva de un tipo de existencia o un modo de experiencia, en alta medida revolucionario desde el ángulo cultural. En cambio, para algunos urbanistas, Simmel no sólo les resulta extraño personaje, sino exótico o excéntrico pues ve males donde no los hay, o los ve con resabio judío. En todo caso como él hablaba de la de la gran ciudad a principios del siglo XX(1903) resulta anacrónico. Esto no sorprende, cuanto más la disciplina urbana se asume como un corpus empirista, más le purga la teoría.

Sin embargo, en tiempos de crisis -metropolitanas en la actualidad?-hay que volver a los clásicos y entre ellos, revisar a Simmel, para quien la tragedia de la cultura, la vida en la gran ciudad y la sociedad del dinero forman un tríptico esencial para un diagnóstico certero de nuestro tiempo. De él interesa su espectro territorial que va del campo a la ciudad pequeña, desde ahí a las medianas y en la cumbre la metrópoli.

Cierto que décadas antes, Engels había diagnosticado las condiciones de la vivienda de la clase obrera en Inglaterra y reflexionado sobre la nocividad de las grandes ciudades de entonces, las que a la escala de hoy parecieran miniaturas….Dickens, Balzac y Dostoievski relataron la ciudad industrial con profundidad. A través de historiadores del urbanismo occidental, nos informamos de las reformas urbanas del París de Haussmann, de Ebenezer Howard en Inglaterra y de los berlineses, en este caso como respuesta a las demandas socialdemócratas del eficiente y autoritario Estado Prusiano.

Al mejorar relativamente las condiciones de vida y la vivienda, la ciudad moderna se hizo más vivible, más habitable(se dice que las insurrecciones y el miedo a las epidemias hicieron su parte). Sin embargo, la ciudad grande al mostrarnos su polaridad, su ambigüedad, revelaba el rostro descarnado de su inhumanidad. La ciudad para las clases bajas era el espacio inmundo de explotación, para las clases medias un territorio trágico de la enajenación, proveniente de la sociedad del dinero que homologa mercancías, gustos, lo cualitativo con lo cuantitativo del valor de cambio. Así, la ciudad cosmopolita implica un proceso de diferenciación social que profundiza la división del trabajo y simultáneamente inventa demandas. El individuo clásico ya no es el proletario industrial, sino el pequeño burgués romántico.

La Revolución Industrial en Inglaterra, Francia y Alemania, luego en Rusia y los Estados Unidos, implicó la ruptura de la sociedad tradicional urbana y rural, pues en múltiples sucesos fueron las pequeñas villas o minúsculas ciudades las que de súbito se convirtieron en ciudades activas, lo cual significa una revolución de las costumbres para sociedades hacinadas en pequeños y sucios espacios para vivir. La interacción social ¿Comprende la segregación del espacio urbano?

Como sea, a finales del siglo XIX, las ciudades han dejado de ser la tierra prometida de libertad. Son la cuna de la interacción social y ámbitos del conflicto de la personalidad en que se victimiza al ciudadano neurótico. El entorno oscuro del sicoanálisis.

De su libro de 1903: Las grandes ciudades y la vida intelectual, Editores Hermida

miguel.gutierrez@hablemosdemetropolis.com

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