Miércoles 17 de Julio de 2019 |
Marvel, como industria cultural, acude a moldes para fabricar en serie sus productos. En este proceso meramente mercadológico, no creador, se sacrifica la originalidad, la autenticidad y la autoría. En el caso de la franquicia de Spider-Man, que ha sido agregada a la franquicia de Avengers, el personaje está perdiendo su sentido y ello queda claro en Spider-Man: lejos de casa (Spider-Man: Far from home, EU, 2019) y sin embargo, ha sido un éxito en taquilla gracias a los irreflexivos fanáticos. El adolescente Peter Parker (Tom Holland) vacaciona en Europa junto con su clase y dos profesores. Peter planea aprovechar la ocasión para declarar su amor a MJ (Zendaya); sin embargo, ello no es posible, pues una serie de monstruos basados en los cuatro elementos de la naturaleza se presentan en cada ciudad que el grupo visita, amenazando la vida de las personas. Misterio (Jake Gyllenhaal) se presenta como un nuevo superhéroe que logra detener la amenaza; sin embargo, detrás de él hay un ambicioso plan para tomar el poder. Spider-Man y el legado de Tony Stark intentarán detener tal amenaza.
Integrar a Spider-Man y a su narrativa a la aglutinación que es Avengers, por razones estrictamente comerciales, exigió actualizar a sus personajes. Ante el reconocimiento social -y de mercado por lo tanto- de la diversidad étnica de los EU, los personajes ahora representan a algunas de las distintas etnias como el caso de MJ, que ahora es mitad afroamericana gracias a la participación de Zendaya. Así vemos que en el grupo de amigos y compañeros de Parker hay personajes de origen latinoamericano o hawaiano, además de los dominantes anglosajones. Sin embargo, la atinada incorporación de la diversidad étnica a la narrativa de Spider-Man abona en poco a la autenticidad de su historia, pues la premisa original, génesis del personaje, se ha perdido en el proceso. El guion de esta cinta parte de un molde en el que se rellenan los espacios con los personajes en turno, pues sus dimensiones internas han quedado fuera. Así, los guiones y su realización se fabrican en poco tiempo, para mantener la venta de sus productos en un mercado cautivo y hambriento de estas narrativas. Ello reduce a los personajes y los hace muy superficiales; por ejemplo, la inteligencia de Peter Parker que, en la narrativa original -la escrita por Stan Lee- lo llevaba a reflexiones de orden existencial a partir de la dialéctica que implicaba la lucha contra los villanos y su significado en su entorno vital. Pero ahora Peter Parker es un torpe adolescente que encaja en el molde millenial, que es incapaz de reflexionar su propia existencia como persona y como superhéroe. Lamentablemente, la desbocada ambición de Marvel está destruyendo poco a poco a sus propios productos ante la irreflexiva complacencia de sus consumidores, los fanáticos, que en su frenética necesidad de devorar historias chatarra no distinguen uno de otro. En la fabricación en serie a partir de moldes, estas películas están alejando de su origen a los personajes y la semiótica de sus narrativas. Spider-Man ahora no sólo está lejos de casa: está lejos de sí mismo. |