Viernes 02 de Agosto de 2019 |
Por más que la vida nos arrastre, el arte me sigue pareciendo una vía de trascendencia con múltiples posibilidades. La tarea de escribir encuentra su punto más satisfactorio cuando al terminar un párrafo de probable valía, el eco enmudece nuestro entusiasmo. No existen los aplausos, sólo una prueba de que seguimos vivos y aún somos capaces de recrear los sentimientos más bellos de los seres humanos. ¿Qué sentido tendría nuestra existencia sin la posibilidad de dejar testimonio de ella? La mayoría de los escritores jamás vieron en su reflector la posibilidad del más mínimo aplauso, y sin embargo, continuaron con tan obsesiva manía con el objetivo de no terminar con sus vidas antes de tiempo. La locura nos persigue, incluso los posibles ejemplos de amor a nuestro alrededor se tornan egoístas y mezquinos. Estamos en una búsqueda que de antemano la sabemos perdida y solemos reducir nuestras aspiraciones a minutos de satisfacción. El éxtasis ha desaparecido al igual que la pasión y tenemos que mirar al cielo y tratar de encontrar en nuestro entorno y cotidianidad belleza probablemente inexistente. Masticar un pan, percibir el sol sobre nuestro rostro, percibir los aromas de los cuerpos o ser testigos de la esperanza, pareciera una vía para tratar de creer que podemos ser felices. No creo que los seres humanos estén dotados para permanecer en un estado de algarabía constante, si no han padecido de alguna enfermedad mental o la resignación haya tocado a la puerta. El camino es la vida y posee paisajes placenteros y atmósferas terribles que miramos a lo lejos de un vehículo cada vez más lento, pero que por ningún motivo detendrá su trayecto al despeñadero. Cada día transcurren en la mente de un escritor un centenar de pensamientos que al inicio parecen deslumbrantes, pero al terminar el día nos parecen ridículos. Así pasa el tiempo: con basura brillante en nuestra mirada y párrafos sin terminar en nuestra mente. Esta vez no me place hablar sobre escritores, mejor escribamos sobre la vida y los aplausos.
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