Miércoles 07 de Agosto de 2019
Hay tanta fascinación por los asesinos seriales en la cultura norteamericana, que los convierten en estrellas de los medios, tanto, que figurar la idea que los Estados Unidos son una sociedad mentalmente desquiciada es inevitable. Una de las apologías de este tipo de criminales es Ted Bundy: durmiendo con el asesino (Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile, EU, 2019), dirigida por Joe Berlinger, con Zac Efron y Lily Collins protagonizando esta triste apología.

Ubicada en la década de los 70 en los Estados Unidos, esta cinta narra la historia del juicio de Ted Bundy desde la perspectiva de su novia, quien, enamorada de él, dudaba de su culpabilidad. Pero también desde la perspectiva del mismo Bundy, quien al estudiar derecho, llega a ser su propio abogado en el primer juicio televisado y transmitido en vivo, convirtiendo al proceso judicial en un espectáculo.

El trabajo previo de Berlinger, documentalista, en su mayoría sobre asesinos, algunos de ellos seriales, parece haber creado fascinación por este tipo de personas. En esta cinta, muestra a un Ted Bundy carismático que parece no ser el extremadamente cruel, malvado y perverso —tal y como dice el título original en inglés— asesino en serie, sino por el contrario, fabrica una apología demostrando que hasta un criminal con problemas mentales, gracias a ser atractivo y carismático, puede triunfar en la lógica de la sociedad norteamericana.

El trabajo de Zac Efron es mediocre, pues al mostrar sólo el lado amable del personaje, no requiere mayor esfuerzo actoral que ser simplemente él y ya. Y no sólo la de Efron es una actuación mediocre, lo son también el trabajo de Lily Collins y las participaciones especiales de John Malkovich, Jim Parsons y Haley Joel Osment. Ello se debe a la mala dirección de Berlinger, quien parece que se centró en, por un lado, contar la anécdota del proceso judicial de Bundy, sin realmente explorar la mente del asesino; y por otro lado, en recrear fielmente la década de los setenta en los Estados Unidos, como si de un nostálgico fan de esa era se tratase; un fan como si también lo fuese de Bundy. Y definitivamente un fan no puede crear buen cine.

El guion de Michael Werwie está basado en el libro The Phantom Prince: my life with Ted Bundy escrito por la misma novia del asesino —quien también colaboró en el guion—, y que por lo visto, sólo narra superficialmente la convivencia que tuvo con el personaje en cuestión. Aparentemente un texto superficial, que sirvió como base para un guion superficial que fue trabajado superficialmente por un director fan. Apología del crimen, eso es esta lamentable cinta. ¿Qué sociedad se encarga de crear este tipo de apologías? Tal vez una igualmente trastornada, y esa es la sociedad estadounidense, y una muestra de ello son los recientes tiroteos en Texas y en Ohio.

Sin explorar la posible psicopatía de Bundy, esta película es una muestra de que una buena factura, a partir de un buen presupuesto y un reparto excelente, no son lo que hace al buen cine, ni siquiera a un buen cine comercial. Un fan que hace cine es un asesino del buen cine, y entre asesinos te veas…