La autoaceptación, un asunto heredado

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Xiomara SARABIA


17 Ago 2019

Los pensamientos y las palabras tienen tanta fuerza que pueden modular el comportamiento de las personas con las que nos relacionamos y principalmente el de nosotras/os mismas/os. Cuando enmarcamos la belleza dentro de un único estándar a través de los discursos, perpetuamos lo aprendido sobre la autoaceptación o desaprobación por nuestro cuerpo. A las mujeres, principalmente, nos han confinado al cumplimiento de un prototipo de belleza donde pareciera que nunca somos suficientes. Suficientemente bonitas, delgadas, altas, curvilíneas, arregladas, atractivas y de más calificativos bajo los que somos enjuiciadas por nuestras parejas, por otras mujeres o lo que es peor, por nosotras mismas. Recuerdo a una niña de siete años, constantemente preocupada por su apariencia, solía preguntarme si estaba bien combinada su ropa y más de una vez la oí expresarse con preocupación por su peso (en realidad era delgada); solía decir que su mamá cada mañana frente al espejo se ofendía y recriminaba por su apariencia física, e incluso la imitaba gesticulando con angustia y llanto. Ahora pienso en el impacto social que esto genera, es por ello que preciso en el deseo de reflexionar y mirar el trato que nos ofrecemos a nosotras/os mismas/os y propongo ideas muy puntuales. Seamos responsables de nuestras palabras y pensamientos en función del amor, la dulzura y gratitud; miremos el impacto macrosocial que generamos, como una grieta de afectación que pasa y toca a la humanidad entera; dejemos de reproducir patrones hereditarios de desaprobación, burla y humillación hacía nosotros/as y hacía las/os demás con respecto a su apariencia física; cortemos de tajo con estereotipos de belleza y hagamos una revolución contra un mundo que nos ha hecho creer, probablemente durante toda nuestra vida, que no somos suficientemente bellas. Una revolución diaria, eligiendo sentirnos bonitas en nuestra propia piel, para nosotras mismas, amando y aceptando a éstas que somos hoy, con una consciencia plena acerca de la diversidad de bellezas, con disfrute en la etapa de vida en que nos encontremos y con las historias que nuestros cuerpos tengan por contar. Trabajemos en nuestra autoaceptación, ¡basta de descalificaciones y desaprobaciones!

 



Heredemos una postura de rebeldía y amor propio.

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