Viernes 27 de Septiembre de 2019

¿A mí qué me importa quién escribió El Llano en llamas o Pedro Páramo? Las obras hablan por sí solas. Me interesa quién fue Juan Rulfo. Un hombre que, después de la muerte de sus padres, encontró en Clara Aparicio la recompensa a la deuda que la vida le tenía. La literatura, para Rulfo, significaba enfrentarse con los pocos demonios que Clara no pudo destruir y, sobre todo, un compromiso social a través del lenguaje. Lo más sorprendente de un prodigio de las letras nunca será su obra, sino su capacidad para comprender que la única cosa por encima de la literatura es el amor. Lo más fascinante de Rulfo era Clara. Lo que más le importaba era su felicidad. Lo más recompensante fue ella. ¿Lo más emotivo? Rulfo pasó su vida con la mujer que amaba y merecía. Rulfo se confiesa con ella. Es la única persona en quien confía y por la que tiene una fe ciega. Conociendo lo anterior, podemos entender por qué nunca tuvo la necesidad de escribir nada más. La muerte del “tío Celerino“, a quien responsabilizaba de su jubilación de la literatura, era la voz que, según él, le contaba las historias. Pero, en realidad, se refería al pacto con la soledad y al nacimiento de lo más parecido a la felicidad.

La lectura de Cartas a Clara (RM, 2017) representó el periodo entre 1944 y 1950, donde el joven Rulfo, escritor en nacimiento, alma taciturna y corazón noble, conoce el nombre y sustento de su vitalidad y su vocación: Clara. A través de la lectura de esta emotiva correspondencia se podrán experimentar sonrisas, suspiros y nostalgia; nostalgia por el mundo perdido y amado. Para los que han experimentado la sensación del amor en el alma, encontrarán su más tierna traducción. Los desafortunados en él, cuestionarán la idea actual que se tiene de la pareja, donde en su mayoría se busca la satisfacción efímera y se caracteriza por la nula capacidad de tolerancia y ceder ante el otro. Podremos entender que la única forma de dar amor es pensar que el ser amado lo merece todo. E, incluso, los escépticos dignificarán su soledad y calentarán su corazón para la persona indicada.

Los afortunados que conocen su obra, podrán concebir mejor el proceso de creación por la que pasó el hombre antes de sentarse frente al papel y darle voz a quienes no la tienen. Los diferentes empleos por los que pasó Rulfo dieron forma a su escritura. El trabajo de capataz fue un impacto fuerte, debido a las condiciones laborales inhumanas a las que se enfrentaban los campesinos y obreros; así que renunció a éste al poco tiempo. La injusticia social y la miseria de los sectores populares de la sociedad mexicana atormentaron a Juan Rulfo, quien se manifestó ante Clara como incapaz de ser “parte del infierno humano”. Conociendo lo anterior, los interesados en la vida y obra del escritor entenderán que el nacimiento del mundo que su prosa generó se enriqueció desde la experiencia y de una vida coherente con su obra. Hay muy pocos escritores que pueden portar una ética personal y profesional como Rulfo.

Intelectuales mexicanos, en su momento, dedicaron varias colaboraciones y charlas con el afán de interpretarlo, pero, al igual que hoy lo hacen sus contemporáneos, no lo lograron porque Rulfo representa el mito y el rito de la crónica fantástica de todo un sector social (Yépez, 2018). Así que seguirá siendo un misterio por qué su talento se desborda por el poder del lenguaje en el amor y en su prosa. Los escritores convencionales y dueños de la palabra cultural generalmente nacen de la genialidad en el conocimiento del lenguaje, su sapiencia en la literatura convencional, los grandes clásicos y capacidad en la oratoria. Sin embargo, algunas veces se ve apremiada y catapultada por su condición económica e influencias para acceder a la cúspide literaria. Escritores como él, sin esas facilidades, nacen de los ecos perdidos de la hermosa pobreza de la pérdida. Rulfo nunca se decantó por seguir el rumbo de la naciente literatura predominante mexicana, recientemente protagonizada por las novelas de la Revolución. Sus influencias estaban lejos de aquí, en otras lenguas, en otras formas de ver el mundo. Quizá Faulkner (1897-1962), quizá Roberto Arlt (1900-1942), no importa. Rulfo tiene voz propia, perdurará porque su legado sigue siendo todavía incalculable. Seguiremos descubriendo misterios en la vida de un hombre con un talento invaluable. Cartas a Clara, representa en la obra de Rulfo, esa estrella junto a la luna. [1]

Sin más, leer esta correspondencia nos permitirá acercarnos a la ternura del amor y su misterio. Comprenderemos el cariño de Juan por Clara, por los bellos escenarios que despertaron; allí donde amaron, allí donde dejaron la vida. ¿Qué importa todo lo demás? ¿Quién podría cuestionar que Rulfo haya dejado de escribir? Su legado es eterno. Él sabía que la lectura es un entretenimiento anónimo, embellecida por las noches, cuando somos auténticos, cuando la oscuridad nos hace reales, cuando nuestros pensamientos se vuelven niebla brillante, cuando escribir es una tentación que sólo la lectura puede aliviar. Acompañemos a Juan Rulfo y a Clara Aparicio en su amor noble, tierno e infinito, que nos presenta la esencia del amor.

Queridos lectores, no se pierdan de esta hermosa correspondencia y no desperdicien la oportunidad de ejercitar su educación sentimental.