¿Somos el “Homo Disney” la nueva especie de humanos? (favor de leer en tono irónico)

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Martín CORONA


07 Oct 2019

Hoy, como nunca antes, pasamos horas y a menudo días pegados a las pantallas, nuestro trabajo muchas veces consiste en diseñar, organizar, definir o planear cosas en una pantalla. Nuestras relaciones están definidas por lo que hacemos mediante pantallas, nuestro entretenimiento está mediado por pantallas, a la hora de la comida hablamos del tema de moda en las pantallas, con nuestra pareja y familia nos preocupamos de aquello que dictan las pantallas, en fin que como buenos homo sapiens hemos logrado pensar, creer y desarrollar un mundo no real, un mundo imaginario donde nos desenvolvemos como peces en el agua. Sin embargo, esto puede hacer que cambiemos nuestra visión de nostoros mismos, sobre todo cuando una empresa, una idea, un factor se vuelve determinante: Disney.

Fundacional

Cuántas escuelas de todos los niveles económicos y educativos usan los personajes de Disney como sinónimo de la infancia. De hecho en documentos oficiales del nacimiento de un bebé a menudo se cuelan princesas, ositos y personajes de Disney sea para distinguir género o, simplemente porque son bien bonitos.

Guarderías, kinders y colegios con nombres que van de El mágico mundo del color hasta Winnie pooh, dan cuenta que en nuestra cultura actual la idea de infancia está íntimamente ligada a Disney. De hecho los canales de televisión y de YouTube tienen como base los programas, estructuras y estrategias de Disney para “entretener” mientras forman a los cachorros humanos.

Y es casi imposible escapar, porque en restaurantes, estaciones de autobuses, anuncios, ropa, por todas partes están esos personajes directamente relacionados con la marca. Claro que todo cambia y evoluciona y habrá quien afirme con todas las de la ley que no le pone a sus hijos caricaturas o películas de dicha marca, pero no importa porque el corporativo es dueño directo del 80 por ciento de las televisoras globales y en el otro 20 por ciento tiene muchísimas acciones.

Y todos lo sabemos, no hace falta justificarlo demasiado. Aquello que consumes de niño te marcará de por vida.

Motivacional

La felicidad, la alegría, el descanso y hasta el amor parental lo aprendemos de las películas y las series animadas. Mucho más en estos tiempos en que mamá y papá salen a trabajar la mayor parte del tiempo. Claro que habrá quien afirme que en su casa no se ve la tele y tampoco en el colegio o la escuela, pero convivir en un medio social marcado y definido por lo que niños vieron en la tele los otros chicos termina por ser definitivo y aplastante. No es extraño encontrar pequeños que conocen de memoria personajes y anécdotas de películas que jamás han visto, pero cuyos compañeros les han repetido hasta el cansancio para poder establecer normas de juego.

Buscar la felicidad es uno de los parámetros más estadounidenses que tenemos y, justo eso, nos regala Disney: una idea de felicidad, una manera de realización personal y una conciencia única para todos donde el trabajo es para los pobres y el ocio y los conflictos emocionales el eje de los ricos. Ya sea para enamorarnos como descerebrados o para trabajar de igual forma, siempre está detrás de nuestra cabeza ese Pepe grillo que nos machaca que vivimos para remedar lo que nos ha enseñado desde la más tierna infancia.

Relacional y familiar

Cómo debe de ser una familia lo aprendemos en películas, series, más que en una casa donde los padres salen atareados 5 de 7 días y desde muy pequeños nos mandan espacios alejados de nuestras familias, a convivir entre pares en una jungla controlada. Una familia que nos ama desde niños debe tener la solvencia económica para llevarnos a ver la nueva película de Disney, comprar los muñequitos y disfrazarnos de sus personajes en el cumpleaños. Y si ese dinero y ese amor es mucho mayor, entonces la familia podrá contratar un grupo de actores que representen las mismas escenas de las películas que nos sientan a ver niños unas 10 veces por día durante años.

Como padres tratamos de darles lo mejor, confiados en remedar como fuimos formados: con un pepe grillo metido en la voluntad y un Mickey Mouse en la sonrisa falsa. Y ni qué decir de esa idea absurda que sostienen un sinnúmero de películas “el amor de tu vida”, como si nuestra vida fuera sólo una oportunidad única para hallar a otro para todo, como si fuésemos seres incompletos necesitados de formar una relación de pareja bajo determinados parámetros y vivir así el resto de la vida. Durísimo, porque está tan metida en nuestro cerebro que somos incapaces de cuestionarla, ni tomar distancia para analizarla.

Sí, debemos aceptarlo, creemos que la única forma de amor es la de pareja a la manera como nos lo impuso Disney. Y aquí vamos sufriendo por ideas absurdas como los celos y un montón de historias que nos hacemos en la cabeza sin entender bien a bien de dónde vienen o por qué las abrazamos.

Aspiracional

Las niñas quieren ser princesas y los hombres súper héroes, desde la más tierna infancia nos dictan con claridad hacia dónde debemos ir, cómo comportarnos y cuál es el ideal de belleza, fortaleza y, por ende, lo que se espera de nosotros en cuanto a la realización como personas. Todo ello en el contexto del mundo moderno.

Ni cuenta nos damos que aspiramos a convertirnos en eso que vimos en las pantallas, a darle a nuestros hijos eso mismo que nos fue dado a nosotros y perpetrar modelos de pensamiento y conducta para la eternidad. Suena desolador, porque lo es.

No tenemos otros referentes en la tierna infancia más que esos y, además, están esparcidos por todas partes ya que gracias a la globalización hoy un niño de Japón está mirando las mismas caricaturas que uno de Colombia y, quizá en el futuro, tengan la misma formación emocional y aspiren a cosas similares sin compartir ni siquiera el idioma.

Éxito y felicidad (Heroismo y pasión)

Disney nos ha instaurado una idea de progreso, mejora y de cómo es el cúlmen y la realización de una vida en sociedad. No en balde es uno de los pilares de Estados Unidos, quienes hace algunos años afirmaron que son la cultura más alta de la humanidad, uno de sus teóricos Francis Fukuyama instauró el fin de la historia dado que todas las naciones del mundo aspiraban a ser como EU en los 80. Y no es raro darnos cuenta que nuestra autoimagen, la forma de relacionarnos con los amigos, la pareja y la familia están mediadas por Disney.

Incluso el heroísmo, nuestra idea de súper poder, de acción contra lo malo y, veladamente pero muy bien instaurado, también nuestros valores de bien y mal están claramente relacionados con estas aparentemente inofensivas películas.

Sin embargo, habrá quienes defiendan que Disney sólo aclara y aterriza ideas que estaban ahí en los humanos de por sí, es decir que primero fueron esos valores y luego Disney, pero entrar al dilema del huevo o la gallina siempre será un poco perder el tiempo.

Y yo creo, después de todas estas dolorosas cuestiones que no queremos aceptar, que si perteneces a los humanos que tienen el privilegio de leer esto y todo lo anterior te toca de una u otra forma, ya somos parte de esa nueva especie de humanos: los “Homo Disney”.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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