La Ciudad Antigua según Fustel de Coulanges

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No se trata de todas, ni de cualquier ciudad antigua que pueda identificarse con el Sumer, el norte de la India, los Hesitas, el Bajo Egipto o el pueblo de Israel. La obra de este magistral escritor trata de las ciudades de Grecia y Roma, y si embargo de ninguna en particular, aunque sí de aquellas de las cuales existen referencias escritas en los tiempos clásicos o de apogeo. La historia se basa en la reconstrucción de las creencias y por tanto es un antecedente directo de la historia de las mentalidades; investigación que en el siglo XX habría de adquirir carta de naturalidad en la Escuela de los Annales, que Fernand Braudely tantos prodigios de la ciencia histórica, hicieran notable.

Fustella realizó hacia 1870; empero, la publicación en México, hecha por Porrúa se basa en la edición francesa de 1900. Hacia 1930, según el testimonio de Daniel Moreno, su notable prologuista, era bastante comentada.

El motivo central se expone en la introducción: eliminar los prejuicios con que los hombres modernos ven a la sociedad antigua, como adalid de la libertad personal y atribuyendo a la democracia, como forma política y jurídica, el fundamento de esta libertad. Nada más erróneo, ni más perjudicial para el presente, nos dice Fustel. La libertad personal no existió en la ciudad (sociedad) antigua. Así de fuerte.

…Según él, las raíces griegas y latinas de su estado social subyacen en la primera religión que para ellos era el culto a los muertos, que son, por ende, los dioses lares, manes o penates familiares; y que por ser íntimos eran infranqueables para la vida en sociedad. Dioses secretos, discretos, ocultos en su ritos y ceremoniales, donde el pater familia fungía como pontífice. A esta religión se suma el culto al fuego del hogar. Por otra parte, en orden paralelo, hacen presencia los dioses que encarnan las fuerzas de la naturaleza, mismos que se expresan en su proceso múltiple, lo que les impregna su carácter voluble y pasional. Son estos dioses los únicos comparables y compatibles para generar alianzas inter familiares, que devienen en fratrias y luego —por interés inter fratrias— en tribus. Hasta ahíla primera fase de la evolución que en términos físicos corresponderá a la formación aldeana, arcaica y preclásica. Correspondientemente a estas formas de organización le acompañan las ideas de la religión y el mito en que se funda el derecho consuetudinario que reconoce la propiedad privada. Base del Panteón familiar.

En un segundo momento, emerge la ciudad como una confederación de tribus, para la que se establece por prestigio, fuerza o consenso: un dios tutelar. La forma un tanto mimética con que los romanos se apropian de los dioses del Olimpo, no responde al azar. Ambos son descendientes de un mismo pueblo arcaico, que han diferenciado sus lenguas, pero conservan arraigadas las mismas costumbres. De esta manera, la religión sigue imperando en las mentalidades de aquellos pueblos que en sus épocas clásicas ya nos sorprenden con sus formas evolucionadas de gobierno; sentido del derecho fundado en el estado de leyes. Estado: verdadero dios secular al que no se le ofrecen prendas, ofrendas, pero que por ser gobierno de leyes se les debe ofrecer la vida….Esta ciudad aristocrática que en la época clásica conserva con orgullo el origen de su gens va a ser ulteriormente derrumbada por las revoluciones en Grecia, pero recuperada y ampliada en Roma, que supo extender sus derechos políticos por consenso o guerras de conquista.

Es un privilegio leer a Fustel de Coulanges, según lo expresaron en su tiempo Max y Alfred Weber y Hanna Arent (La condición humana).

miguel.gutierrez@hablemosdemetropolis.com

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