Miércoles 20 de Noviembre de 2019 |
Estamos viviendo tiempos interesantes, que nadie diga que se aburre. Andrés Manuel López Obrador
En los últimos días han ocurrido diversos hechos en el país que francamente no han sido fáciles de procesar, por toda la información que se ha publicado sobre México y la región de América Latina en la prensa nacional e internacional, así como en las redes sociales. En esta primera entrega me enfocaré en dos unidades de análisis de la coyuntura política del país, por su trascendencia en el funcionamiento de nuestro sistema democrático, abriendo al mismo tiempo, dos interrogantes: 1) ¿cómo será la relación del presidente con el Ejército? y 2) ¿qué esperar de la relación del mandatario con la prensa? · En el primer asunto, quisiera retomar un aspecto que ha resurgido, a pesar de que dejó de ser tema en la conversación pública en el cierre del periodo del primer año de este gobierno. Me refiero a la relación entre las fuerzas armadas y el jefe de Estado mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO), especialmente después del fallido operativo que derivó en la liberación del hijo del Chapo Guzmán en Sinaloa, situación que expresa un cambio importante en el factor real del poder en el Estado: el Ejército, así como en la estrategia de las fuerzas armadas en el actual gobierno. A diferencia de otros mandatarios, AMLO ha apostado por una activa participación del Ejército en temas medulares para el funcionamiento del sistema político, tales como el combate al robo de combustible, el nuevo Aeropuerto, las operaciones del sargazo, las medicinas y la seguridad, entre otros. Decisión que por momentos se torna confusa, cuando en campaña el ahora presidente reiteraba que los soldados regresarían a los cuarteles. Situación que nos lleva a dos reflexiones: a) el presidente recurre constantemente al Ejército para tomar decisiones, lo que implica riesgos, ya que puede haber discrepancias en la forma de operar las acciones y decisiones de Estado; b) el futuro de este gobierno se está enmarcando en la relación con las fuerzas armadas, lo que puede elevar la tensión entre el jefe de Estado y los militares, después de escuchar al presidente negar la posibilidad de un golpe de Estado, en respuesta a la declaración del general Carlos Gaytán Ochoa: “¿Quién aquí ignora que el alto mando enfrenta, desde lo institucional, a un grupo de halcones que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido?” · En otro asunto de interés general, veo con preocupación lo que está sucediendo en torno a la relación que existe entre el presidente de México y la prensa nacional e internacional. Me parece que, a pesar de la narrativa de AMLO en la que se insiste en un trato de respeto y sin estigmatización hacia los periodistas, para los medios de comunicación y asociaciones civiles con representación mundial, como Artículo 19 o Reporteros sin Fronteras, existe una percepción diametralmente distinta. Recientemente, se ha cuestionado al mandatario sobre sus expresiones y descalificaciones constantes hacia determinados medios de comunicación y el trabajo periodístico de profesionales nacionales e internacionales. Por lo cual se ha insistido en señalar la preocupación de los periodistas en dos aspectos concretos en lo que toca al papel que éstos juegan en un contexto democrático: la polarización que promueve el presidente entre la prensa, al comunicar las decisiones públicas que no coinciden con la perspectiva oficial y el ejercicio de la libertad de expresión, en un ambiente de riesgo para el periodismo. Hasta aquí mi primera aproximación sobre los asuntos públicos que requieren más explicaciones. * Profesora de Tiempo Completo del Tecnológico de Monterrey @floresm_mx
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