Villamelones término medio

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Jaime OAXACA


17 Feb 2020

Todo mundo se rasga las vestiduras, se irrita, se asusta del comportamiento del público el pasado domingo en la Plaza México; les parece ofensivo que la mayoría de los asistentes haya solicitado el indulto de un toro de la dehesa de Santa Fe del Campo.

Que fue manso, es el argumento, razón por lo que no se debió pedir el perdón de la vida, que lo solicitaron los villamelones, que ya ni la friegan, que profanaron la Plaza México, que pusieron en vergüenza a la afición mexicana.

Dios santo, si eso es el pan de siempre. Se premian toros mansos, descastados, bobos a diestra y siniestra, no todos indultados, pero sí con arrastres lentos y vueltas al ruedo, sobre todo de ciertas ganaderías.

Sí, pero todo tiene un límite, diría alguien. Que no se les note tanto la mansedumbre que voltee contrario en forma disimulada, que no huyan descaradamente.

Todo indica que la fiesta mexicana requiere de villamelones con medida, que aplaudan todo, pero que no avergüencen. Villamelones con límite, con moderación. Todo con medida, nada con exceso.

Independientemente si tenían o no razón, el público solicitó el indulto el pasado domingo porque estaba emocionado, el riesgo se palpaba en el ruedo, quizá no conozcan el reglamento y no entiendan los conceptos: bravura, mansedumbre, nobleza, genio, toros artistas, bovura, pero captaron el peligro en el ruedo, entendían el mérito de los toreros al enfrentarse a un toro complicado, que en cada embestida o arreón ponía en peligro la integridad y la vida de los toreros, se estremecieron cuando Cristian Sánchez fue alcanzado por el toro al salir del tercer par de banderillas.

Esas complicaciones poco se ven en el ruedo de la Plaza México, no son frecuente porque los empresarios compran materia prima en ganaderías bobas, que poco o nada entusiasman al público.

Ahora nos espantamos de la solicitud del indulto ¿y todo lo demás?

Esta temporada la empresa y autoridades de la Plaza México se han pasado el reglamento, la tradición y el taurinismo por el arco del triunfo, cometieron actos tan graves como solicitar el indulto de un cornúpeta que no lo merecía.

Han salido al ruedo toros sin trapío fuertemente protestados, la empresa se ha hecho ojo de hormiga, también escobillados. Lo que sí han hecho, en contra del reglamento, es regresar a destiempo toros por mansos. En el palco del juez se han concedido orejas sin importarles que la estocada haya sido baja. Esos premios cada vez son más frecuentes, el argumento es que el público lo solicita.

No se puede olvidar que, en un lapso de 42 días, del 29 de diciembre al 9 de febrero, se concedieron tres indultos, porque el público lo demandó. Quién diablos los entiende.

En el ruedo también hubo irregularidades, el estribo no está a la altura indicada. Tampoco respetaron el orden de lidia en la corrida inaugural. Aquella tarde, Diego Ventura debió torear el primer toro, en segundo lugar, la ceremonia de alternativa de José María Hermosillo.

Esas irregularidades denigran la categoría de la plaza más grande del mundo, pero si nos quedamos callados pasan desapercibidas.

En todos lados se cuecen habas. El pasado domingo en Guadalajara, por un pleito interno entre los subalternos, la corrida se efectuó únicamente con dos peones de brega y un picador. Independiente de quién tenga la razón el pagano fue el público que asistió a la corrida. ¿Es eso menos grave que solicitar un indulto?

La realidad es que las empresas siempre han suspirado por público que no conozca la fiesta, porque es fácil de dorarle la píldora. Quieren gente que pague sin chistar, que no proteste, que sean sumisos, que aplaudan todo, que sean incapaces de percatarse del trapío de lo que sale al ruedo, que jaleen todo y, sobre todo, que soliciten orejas en cada toro.

Los empresarios son los primeros en quejarse de los aficionados que chanelan, porque protestan, pitan, exigen, no se dejan engañar. Los empresarios y su prensa se encargan de tacharlos de amargados, puristas, exagerados, intransigentes, etc. Los consideran incómodos y enemigos de la tauromaquia.

Al parecer convienen aficionados que paguen sin alegar, que no sean exigentes, bonachones, pero que no peguen petardos con sus peticiones. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre; algo así como villamelones término medio.


Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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