Cuando los homicidios dolosos se triplican en Puebla

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 Sin duda, preocupa el cuádruple asesinato en Huejotzingo: dos estudiantes de la Upaep y uno de la BUAP, más un conductor de UBER.

Todos los homicidios son condenables, pero que tres muchachos viajen a ese municipio, cuando iniciaba el Carnaval, nos hace especular.

De entrada, si el móvil fue el robo, ¿por qué encontraron rápidamente el automóvil cerca del lugar donde fueron descubiertos los cadáveres, prácticamente apilados?

¿Por qué el encargado de despacho de la Fiscalía General del Estado (FGE), Gilberto Higuera Bernal, adelantó el cateo de tres inmuebles en la investigación?

Por lo anterior, dejemos a la FGE que nos diga por qué les quitaron la vida a estos jóvenes, entre quienes estaban dos personas de origen colombiano, de intercambio escolar.

A la par, me pregunto: ¿qué tanto ha escalado el nivel de violencia en Puebla?

¿La presencia de la delincuencia organizada se puede demostrar con el número de homicidios registrados en la entidad?

En parte, sí; pero no totalmente.

Cuando trataba de explicarme esta situación, el Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia difundió información del Sistema Nacional de Seguridad Pública SNSP. y destacó que de diciembre a enero hubo decrementos de casos en 13 delitos y sólo aumentos en siete.

El organismo destacó que los homicidios dolosos disminuyeron 19.6 por ciento en este periodo

En el último mes de 2019, la Fiscalía General del Estado (FGE) sumó 92 carpetas de investigación.

En tanto, en el primero de 2020, acumuló 74, los cuales representan 5 por ciento menos que enero de 2019, cuando fueron 78.

Esos 74 de enero pasado representan 10 por ciento menos que los 82 de 2018.

Con tales estadísticas, seguí urgando en los archivos del SNSP.

Lamentablemente, la cantidad de homicidios dolosos del primer mes de 2020, es 31 por ciento superior a los 51 de 2017; 41 por ciento más que los 43 de 2016; 47 por ciento más que los 39 de 2015, y 63 por ciento más que los 27 de 2014.

Pero, no sólo eso.

Hace 10 años, cuando le quedaba un año al sexenio del entonces gobernador priísta, Mario Marín Torres, en enero sólo hubo 23 homicidios dolosos.

En resumen, en una década el asesinato intencional ha repuntado 221 por ciento.

Y peor: en aquél entonces, sólo 16 de los 23 casos fueron cometidos con arma de fuego; en cambio, en este año, fueron 44, lo que significa que casi se ha triplicado el número de decesos a consecuencia de pistolas y rifles, específicamente.

¿Dónde quedó la Puebla segura que presumían los gobiernos estatales?

¿Cuánto tiempo pasará para que los poblanos recuperemos la tranquilidad?

El gobernador Luis Miguel Barbosa ha dado los primeros pasos para revertir esta tendencia que nos ha llevado a vivir con “el Jesús en la boca”, con la petición recurrente a parientes y amigos: “cuídate”, con la condena incesante a hechos delictivos.

Y si a este escenario relacionado con crimen organizado, sumamos los homicidios que no tienen que ver con estas agrupaciones, que se cometen en el interior de las familias, la perspectiva ya no es gris, sino oscura.

Urge parar urge

¿Iremos por buen camino?

Espero que, por el bien de todos, Barbosa y su equipo tengan el plan correcto.

Y recuerde: Nadie es completamente bueno, ni completamente malo.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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