Yo te cuido a ti y tú me cuidas a mí

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Quería tomar una Coca-Cola. Me urgía. Una fría, una que calmara la ansiedad provocada por el acotamiento de la libertad, por el aislamiento, la cuarentena.

Con tapaboca y mi botellita de gel antibacterial en un bolsillo, salí hacia el OXXO.

Caminé decidido, rápido. Entre al negocio, encaminé mis pasos al refrigerados, abrir una puerta, tomé el refresco y me dirigí a pagar.

Con mi refresco en las manos, me formé en la fila para pagar en la caja, guardando mi distancia hacia adelante y hacia atrás.

La mujer que estaba adelante de mí, sacó su dinero para cubrir el importe de los productos comprados.

Y cuando ya estaba a punto de retirarse, tosió, tosió dos veces, prácticamente en la cara de la cajera que no usaba tapaboca y que ni se inmutó por la agresión bacterial en medio de la contingencia epidémica.

No pagué inmediatamente, porque me brincó un par de sujetos, se metieron a la fila sin mediar palabra, sin advertir mi presencia, quizá porque caminaban y platicaban, mientras elegían sus productos.

Me saltaron porque, quizá, yo no avancé rápido, porque no quería, quizá porque pensaba que estaba fresco todavía el spray expulsado por la fémina de hace unos segundos, quien abrazó su mercancía y salió con rapidez de la tienda de conveniencia.

A metro y medio de distancia, vi como el hombre más joven abrió su bolsa de cacahuates, echó uno a la boca y apoyó una de sus manos en el mostrador, donde imaginaba millones de bacterias adheridas a la palma de su mano. Comía y platicaba. En más de una vez, advertí cómo salpicaba saliva a su compañero obeso y de barba que sostenía, al igual que yo, una botella de plástico de medio litro.

Pagaron, se retiraron y me tocó pagar.

Le sugería a la joven con chaleco rojo que usara tapaboca o mascarilla, que le habían tosido prácticamente en la cara. Ella dijo, con cierta pena, que no lo había notado. Fue ahí cuando recordé una frase replicada en redes sociales:

“Yo te cuido a ti y tu me cuidas a mí”.

¿Es tan difícil seguir las reglas?

¿Es tan difícil cuando está en juego tu salud, tu vida?

En las mismas redes sociales, encontré un tuit, una serie de tuits, un hilo que daba cuenta sobre la vida de un médico. La narración estaba a cargo de su mujer. Contaba cómo legaba su marido después de trabajar 24 horas en un hospital, la forma de desnudarse en la entrada, de bañarse dos veces antes de abrazarla, de cómo salió de su trabajo y encontró a docenas de personas comiendo en la calle, sin medidas higiénicas básicas, indefensos al coronavirus, de las ganas que tenía por sentarse con ellos, abrazarlos, para que, de una vez por todas supieran lo que se siente padecer COVID-19.

Este lunes, el gobernador Luis Miguel Barbosa encabezó una conferencia de prensa virtual, en la cual estuvieron el secretario de Salud y el director de Epidemiología, Jorge Humberto Uribe Téllez y Fernando Huerta Román, respectivamente.

Los funcionarios reportaron nueve personas fallecidas por complicaciones en su salud al adquirir el virus de referencia. A la fecha, Puebla ha acumulado 159 personas contagiadas, lo que representa 49 casos más que el pasado viernes. Médicos y enfermeras trabajan para impedir que mueran, sobre todo 40 que están internados y de quienes 12 están reportados como graves.

Seguramente usted no quiere ser parte de las estadísticas, no quiere ser paciente.

Seguramente usted quiere formar parte de la historia, como sobreviviente.

Por eso debemos cuidarnos, debemos honrar el trabajo de médicos enfermeras, de una manera fácil, sencilla: cuidándonos, siguiendo las reglas.

De entrada, obedeciendo la orden: quédate en casa.

Si debes salir, debes mantener tu sana distancia, lavarte las manos con frecuencia, usar gel antibacterial y usar tapaboca.

Porque “Yo te cuido a ti y tu me cuidas a mí”.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla.

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