Tiempos de practicar la resiliencia.

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Tiempos de practicar la resiliencia: Pablo Fernández del Campo

 

Lo que estamos viviendo no lo escogimos (o al menos no concientemente), y nos ha cambiado la forma de estar, al menos como veníamos estando hasta hace unas semanas. Ante esto, tenemos dos opciones: paralizarnos y apanicarnos por lo que sucede a nuestro alrededor y ante nosotros mismos y nuestras familias o aceptar la realidad y vivirla desde lo que nos toca hacer. Esta última es una forma resiliente de actuar y es lo que permite salir delante de la adversidad. No se nace siendo resiliente pero si se pueden adoptar hábitos y conductas que permitan vivir la vida de manera resiliente. Esto es lo que puede hacer la diferencia y a pesar de lo crítica que sea la circunstancia que nos esté tocando vivir, esta no tiene la última palabra. Debemos ejercer una fuerza interior que nos ayude a mantener lo más importante que tenemos que es nuestra integridad física, psicológica y espiritual a salvo, pues será la que nos permita salir adelante una vez pasada la crisis. En cuanto a los temas que nos enfadan, desesperan, preocupan y que no dependen de nosotros, esos, sin duda llegará el momento de ajustar cuentas.

 

La resiliencia es la capacidad que se tiene para superar la adversidad. De tal forma que podemos hablar de este concepto en distintas áreas y situaciones. Así por ejemplo, quién pierde un ser querido, es resiliente en la medida en que pone los medios y se recupera de dicha pérdida. Alguien que se divorcia, es resiliente conforme supera ese rompimiento. Hablando de temas relacionados con la naturaleza, hay resiliencia en cuanto que las secuelas causadas por dichos fenómenos vayan siendo reparadas por la sociedad y restablecidas por la misma naturaleza. En la contingencia que estamos viviendo cada quien tiene preocupaciones, temas pendientes que resolver, incertidumbre por el futuro, enojo e impotencia por cómo se están tomando las decisiones desde el gobierno, en fin una serie de ideas y sentimientos que han alterado nuestra vida cotidiana. Aún así, es posible que vivamos de manera resiliente, aquello que está a nuestro alcance y aquello que no está a nuestro alcance dejarlo para mejor momento, donde seguramente se podrán ajustar las cuentas. En cuanto a lo que si está a nuestro alcance, hay una serie de hábitos y conductas que los estudiosos de la psicología recomiendan tomar en cuenta para sobrellevar situaciones como las que estamos viviendo y que dependen de nuestra voluntad. Algunas de las más importantes son las siguientes[1]:

· Ser conscientes de nuestras potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Conocer nuestras fortalezas y habilidades, así como nuestras limitaciones y defectos nos ayudará a ubicar nuestra realidad y ser objetivos a donde podemos llegar.

·  Ser creativas. La personas con una alta capacidad de resiliencia no se limitan a intentar pegar el jarrón roto, son conscientes de que ya nunca volverá a ser el mismo. Harán un mosaico con los trozos rotos, y transformarán la experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, sacan lo precioso.

· Confiar en las capacidades. Al ser conscientes de las potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Es necesario no perder de vista los objetivos y sentir seguridad de lo que se puede lograr, sabiendo cuándo es necesario pedir ayuda.

· Asumir las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas con un alto nivel de resiliencia son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Se sabe que esos momentos no serán eternos y que el futuro dependerá de la manera en como se reaccione. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender de esto?.

·   Practicar el estar en el presente. Las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y de tener una gran capacidad de aceptación. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no pierden la capacidad para asombrarse ante la vida.

· Ver la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que se tienen al alcance y las metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Por muy oscura que se presente la jornada, el día siguiente puede ser mejor.

· Rodearse de personas que tienen una actitud positiva. Las personas que practican la resiliencia saben cultivar las amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellas personas tóxicas. De esta forma, crean una sólida red de apoyo que puede ayudar a sostener los momentos más difíciles.

· No intentar controlar las situaciones, sino las emociones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas con capacidad de resiliencia saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control. Se centran en cambiar las emociones, cuando no pueden cambiar la realidad.

· Ser flexibles ante los cambios. A pesar de tener claro el rumbo, también se tiene la suficiente flexibilidad como para adaptar los planes y cambiar las metas cuando es necesario. No se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a los planes iniciales o a una única solución.

· Tenacidad en los propósitos. El hecho de que los resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.

· Afrontan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.

· Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.

· Darle sentido a lo que estamos viviendo. Encontrar la motivación para hacer lo que estamos haciendo y nos está tocando vivir es parte de la resiliencia. Por eso es tan importante contestarnos el para qué de todo el sacrificio que nos implica la realidad, pues ese será el sentido que nos permita mantenernos con buen ánimo.

· Recordar que esto pasará. Saber que nada es para siempre alienta hacer lo que nos toca hoy de la mejor manera posible. Le persona resiliente sabe que el trago amargo pasará y se prepara para los nuevos tiempos.

Intentar seguir estas medidas, nos ayudará a poder vivir de manera más libre la situación de excepción que estamos viviendo, recordando en todo momento que esto pasará y que de ninguna manera esta crisis tendrá la última palabra. La última palabra la tiene la actitud con la que decidamos vivirla y los medios que pongamos para salir adelante tanto de forma personal, familiar y colectiva.

 

En cuanto a los aspectos que tanto han lastimado y preocupado a la sociedad, de manera especial a los empresarios por las medidas (o no medidas) que está tomando el gobierno en todos sus niveles, es importante tomar en cuenta lo que está a nuestro alcance y lo que no, pues será el propio gobierno que pague las consecuencias de su propio actuar. A nosotros nos queda ser solidarios, manifestarnos, mantenernos en unidad y tomar las decisiones que consideremos más acertadas de acuerdo a nuestra propia realidad, recordando que nadie está obligado a lo imposible, y que sin duda, llegará el momento de ajustar cuentas, mientras tanto a cuidarnos, cuidar a nuestras familias y ocuparnos en ser resilientes para vencer esta adversidad a la que nos enfrentamos.


[1] Tomado del Blog de la Psicóloga Rosario Linares. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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