Migrantes, remesas y COVID-19: Problemas financieros, económicos y sociales a la vista

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La expansión del Covid-19 por el mundo ha dejado a su paso más de 2 millones 700 mil personas contagiadas y a unas 195 mil más muertas y sus estragos se resentirán aún más en la economía y en las finanzas de decenas de países en lo que resta del año debido a que entre los grupos más afectados por el nuevo coronavirus se encuentra el de los trabajadores migrantes, quienes luchan por sobrevivir en un ambiente adverso y se han visto en la necesidad de recortar los envíos de remesas a sus comunidades de origen.

Las remesas son fundamentales para la subsistencia diaria de millones de familias y al mismo tiempo son una fuente de entrada de recursos financieros relevantes para los Estados expulsores, pero con la diseminación del virus y las medidas de confinamiento adoptadas en la mayor parte del mundo, millones de inmigrantes se han quedado sin empleos y,por ende, sin la posibilidad de generar los ingresos que les permitan solventar sus gastos y enviar dinero a sus seres queridos.

El Banco Mundial, en un informe publicado el pasado 22 de abril, previó que el envío de remesas disminuirá cerca de 20 por ciento en todo el mundo, una caída abrupta si se considera que desde hace más de 10 años el dato había ido en aumento tras la crisis financiera de 2008. La cifra, aunque es conservadora, afectará de forma determinante el modo de vida de las personas receptoras de remesas y de los Estados expulsores considerados de ingresos medios o bajos.

En 2019, los países en vías de desarrollo recibieron un récord de 554 mil millones de dólares por concepto de remesas y el Banco Mundial estima que para 2020 el monto se ubicará en 445 mil millones de dólares, una disminución neta de 19.7%. Las caídas más pronunciadas por regiones se observarán en Europa y Asia Central (con 27.5%), África Subsahariana (23.1%), Asia meridional (22.1%), Oriente Medio y Norte de África (19.6%), América Latina y el Caribe (19.3%) y Asia Central y el Pacífico (13%), situación que se agrava si se considera que en las mismas regiones la Inversión Extranjera Directa (IED) también tendrá una caída al finalizar el presente año de 35%.

Si bien es cierto que las remesas no sacan del subdesarrollo a los países receptores, sí representan un elemento importante en la subsistencia de las familias beneficiadas pues les permite la compra de alimentos y pagarlos servicios de agua, luz, gas, útiles escolares, emergencias de salud, etcétera, y para Estados como Tonga, Kirguistán, Tayikistán y Nepal el ingreso de divisas extranjeras enviadas por sus connacionales representa alrededor de 36%, 35%, 32% y 30%, de manera respectiva, de su Producto Interno Bruto (PIB).

En el caso de América Latina y el Caribe, las remesas son esenciales para las finanzas de países como Haití, Honduras, República Dominicana, El Salvador, Jamaica y Guatemala, pues su PIB depende del ingreso de las divisas que envían sus ciudadanos desde el exterior en 26%, 19%, 16%, 16%, 16% y 10%, respectivamente, lo que los hace muy vulnerables ante la disminución de los envíos monetarios proyectadapara 2020.

Al igual que en otras regiones del mundo, en América Latina y el Caribe se presentó un crecimiento sostenido anual de las remesas en la última década, y sólo en 2019 se registró el ingreso de 96 mil millones de dólares, un aumento de 7.4% en comparación al año previo, y de los cuales México recibió 36 mil 48 millones de dólares, aunque su peso en el PIB es de apenas 2.7 por ciento.

El propio Banco Mundial, se muestra optimista respecto al futuro y pronostica que en 2021 el envío de remesas en el mundo se recuperará 5.6% para ubicarse en 470 mil millones de dólares; sin embargo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)no es tan benévola en sus pronósticos para la región y anticipa que para alcanzar los niveles de 2019 tendrán que pasar entre 4 y 8 años.

Mientras tanto, lo que resta de 2020 será un suplicio para millones de familias que seguirán expuestas a los vaivenes económicos producidos por la falta de ingresos de los trabajadores migrantes, en especial los indocumentados que no tienen en su mayoría acceso a protecciones como los seguros de desempleo.

Los casos de Nueva York y de California o de países como Alemania, cuyos gobernantes han implementado programas de apoyo para inmigrantes indocumentados, son la excepción en un mundo que, a pesar de la crisis de salud, sigue invisibilizando a los inmigrantes a pesar de su importancia sobre todo cuando se necesita de alimentos frescos o de profesionales que atiendan a sus enfermos en países industrializados.

En México, las remesas representaron la mayor entrada de divisas en 2019, superior a lo registrado por la venta de petróleo al extranjero (25 mil 985 millones de dólares), a los ingresos por turismo (24 mil 800 millones de dólares) y a la inversión extranjera directa recibida (22 mil 695 millones de dólares), según datos del Banco de México, y aunque no tienen un peso tan fuerte en el PIB como en otros países, sí son muy importantesen la balanza de pagos y son esenciales para millones de familias.

Se estima que casi 5 por ciento de los hogares en nuestro país (poco más de 1.7 millones de familias) reciben remesas-que terminan en su gran mayoríaen gasto corriente para satisfacer necesidades básicas(alimentos, vivienda, salud)-y los estados que más recibieron divisas provenientes del extranjero durante 2019 fueron Michoacán, Jalisco, Guanajuato, Estado de México, Oaxaca, Puebla, Guerrero y la Ciudad de México.

La baja en el envío de remesas representa para México un nuevo reto en los próximos meses, por lo que autoridades federales y locales deben tener en consideración a las familias que dejarán de recibir dólares desde el exterior, sobre todo porque la reactivación de la economía estadounidense es incierta. Al mismo tiempo, se tendrían que tomar medidas ante el boquete que se abrirá en la balanza de pagos por la disminución de la entrada de la divisa verde.

Durante décadas, nuestros paisanos en el extranjero se han constituido en actores relevantes para la economía mexicana, y sería una desgracia que, ante las vicisitudes de la pandemia provocada por el coronavirus, sus familias en México fueran abandonadas a su suerte por las autoridades.

Hasta el momento, en ninguna de sus conferencias mañaneras el presidente de México se ha referido a la caída en la recepción de remesas y mucho menos a las posibles acciones que se contemplan desde su administración para atender a las familias que dependen de los 300 dólares mensuales, que en promedio les envían los paisanos, a pesar de que el 2 de septiembre de 2019 el mandatario calificó como “una bendición” los miles de millones de dólares enviados por los migrantes a nuestro país.

En esa ocasión, el inquilino de Palacio Nacional afirmó que era “muy importante el apoyo de los paisanos migrantes (por las remesas que mandaban), por eso hay que apoyarlos, son héroes vivientes” (El Economista, 2 de septiembre de 2019). Ojalá que en estos momentos aciagos el mandatario mexicano también se acuerde de las familias de los migrantes por medio de políticas públicas asertivas, no de dádivas discursivas.

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Profesor e investigador de tiempo completo adscrito al Centro de Relaciones Internacionales, director de la Revista de Relaciones de la UNAM y profesor de cátedra en el ITESM Puebla.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla.

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