Resiliencia a la mexicana

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Esta colaboración la comparto con José de Jesús Téllez López, estudiante de la Licenciatura en Derecho.

 

“Cuando todo parezca ir en tu contra, recuerda que el avión despega contra el viento, no con él.” Henry Ford

 

 

La crisis sanitaria por la que atraviesa la sociedad a nivel mundial ha generado un ambiente de incertidumbre, ansiedad e inseguridad colectiva respecto al porvenir en el corto y mediano plazos. Ante la complejidad y diversidad propias de una crisis, resulta difícil y poco claro vislumbrar el camino a seguir para continuar hacia adelante. Para orientarnos, un concepto clave que nos puede ayudar a pensar en cómo superar esta etapa, es el de la resiliencia; el término nos hace recordar nuestras fortalezas y capacidades para salir adelante. Se concibe como “el proceso de adaptarse bien ante la adversidad, a un trauma, tragedia o amenaza y superar o mitigar las afectaciones propias del problema” (American Psychological Association). Lo que nos hace recordar que si bien esta crisis es algo nunca antes visto en el mundo, no es la primera vez que superamos una tragedia de impactos inconmensurables, como ya ha ocurrido en México.

En nuestro país hemos enfrentado un panorama con dimensiones similares a las que hoy vivimos con el Coronavirus: incertidumbre, inestabilidad y creciente preocupación social. En nuestra historia reciente han sido diversos fenómenos, como los desastres naturales provocados por terremotos (19S) y huracanes, o las crisis económicas, los que a pesar del impacto y el profundo dolor vivido, dejaron huella en nuestra memoria colectiva y nos han enseñado a levantarnos más unidos y más fuertes cada vez. Desde esta perspectiva, son dos las razones por las cuales destacamos que los mexicanos logramos resurgir de nuestros peores problemas:

Primero, México es y tiene una sociedad resiliente. Aún con los diversos problemas que nos aquejan, día a día se busca superar la coyuntura de la inseguridad y la violencia que se eleva a niveles muy altos cada año, provocando un deterioro en la calidad de vida y expectativa a futuro; tan solo en el último estudio de 2019, el número de homicidios era de 14 por cada 100 mil habitantes (INEGI: 2020) comparado con el número de muertes por COVID-19 que es de 4.7 por cada 100 mil habitantes (Secretaría de Salud: 2020). En materia de inseguridad, ante la falta de capacidad institucional de controlar la violencia, la sociedad se ha organizado y está dispuesta a colaborar con el gobierno para jugar un rol más activo, a fin de recuperar la paz social. Incluso, en aquellos puntos del territorio donde no llega la fuerza del Estado, ya no es opción para la sociedad esperar a que esta realidad cambie, lo que ha derivado en la conformación de grupos autodefensas, como mecanismo de autoprotección y supervivencia en varios estados del país.

Desde otro enfoque, la desigualdad social, impide seguir a todos los mexicanos las recomendaciones de las autoridades para mantener el protocolo de Sana Distancia porque millones de personas en el país viven de su ingreso diario. Situación que se agrava con los impactos que genera la corrupción en la prestación de servicios públicos, como educación o salud, que llegan a ser condicionados hasta por el intercambio de prácticas sexuales, que en la mayoría de los casos, afectan principalmente a las mujeres, de acuerdo con el fenómeno de “sextorsión” que ha documentado Transparencia Internacional.

En segundo lugar, los atributos propios e inherentes a la sociedad mexicana representan una gran fortaleza para asumir con actitud valiente, generosa, empática, cooperativa y creativa esta crisis. En nuestra cultura, es un acto de dignidad la búsqueda constante de salir adelante, buscarse la vida y caerse, no sin aprender a levantarse. Así que ser trabajadores, solidarios y cálidos entre nosotros, no debería sorprendernos en este momento porque así somos y así seguiremos. Por tanto, la necesidad de tener una resiliencia personal, también nos obliga a generar una colectiva, que nos haría pensar en la posibilidad de crear una nueva forma de resiliencia urbana que logre combinar tres atributos centrales: la disponibilidad de recursos, buenos profesionales y un gran líder político como gobernante. Considerando también lo concerniente a la movilidad, un medio ambiente sostenible, vivienda digna, lugares de trabajo seguros y vías ágiles para traslados de salud y sustentable. Mismos que han sido puestos a prueba con la contingencia sanitaria y ha hecho reevaluar los espacios públicos y privados para replantearlos de una forma diferente (David Rockefeller Center- Harvard University 2020). Los profesionales han sido capaces de dar soluciones innovadoras y funcionales para responder a las demandas sociales. No obstante, necesitamos de liderazgos políticos consolidados y una sociedad civil fortalecida que trabajen en conjunto para superar los nuevos retos que ha traído la pandemia. 


*Profesor de Tiempo Completo del Tecnológico de Monterrey

@floresm_mx / info@reconstruyendociudadania.org

 

 Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla.


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