¿Adiós al PIB?

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Por supuesto que el tema del bienestar es un tema sumamente relevante para nuestro país, de hecho, lo es para toda la humanidad. Sin embargo, medirlo no es una tarea sencilla, por eso es por lo que medimos muchos otros aspectos más sencillos (porque se pueden medir de forma directa) que nos den una idea de como se comporta el bienestar.

A través del desarrollo de los modelos liberales y del triunfo del capitalismo como el modelo dominante, los aspectos económicos tomaron gran fuerza y por ello la mayoría de los indicadores se enfocan a esta dimensión (allí está el ejemplo del PIB y su crecimiento). Sin embargo, el bienestar tiene que ver con un sinfín de dimensiones que lo convierten en un concepto muy difícil de escrutar, pero que sin duda debe incorporar lo económico.

Actualmente contamos con mediciones mas completas como lo es el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que surgió en la década de los 90. Para el diseño de este indicador se parte de la idea de que el objetivo básico del desarrollo es el de conformar un contexto o ambiente en el cual las personas disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa. Por ello, entienden el desarrollo humano como un proceso a través del cual se incrementan las oportunidades de las personas para vivir más y de mejor manera, tener acceso a la educación y poder disfrutar de un nivel de vida decente, además de tener libertad política y garantía de los derechos humanos. Como podemos notar, este indicador incorpora otras dimensiones, incluida la política como parte de este ambiente o contexto que permite el desarrollo de las capacidades de las personas. Por supuesto que este indicador como todos los demás, no está exento de críticas.

Lo anterior solo nos ilustra lo complejo que puede ser medir aspectos como el bienestar, que incluso podrían entenderse de forma diferente entre diversas culturas y/o realidades sociales. Imaginemos que, para algunos, bienestar significa estar sano y tener la posibilidad de estar con la familia, para otros la posibilidad de un empleo que garantice la movilidad social, para otros el tener alimento todos los días sobre la mesa y no tener miedo de salir a la calle.

Por todo lo anterior, considero que para medir el “bienestar” necesitaríamos un conjunto de indicadores que incluyan varias dimensiones: salud, empleo, educación, ingresos, productividad, pobreza, desigualdad, inversión, corrupción, longevidad, servicios básicos, conectividad, acceso a mercados, nivel de contaminación… y seguramente algunos otros más. Sin embargo, el considerar aspectos económicos deberá seguir estando presente. Debemos tener claro que los indicadores son solo eso, indicadores que nos ayudan a tratar de comprender la realidad. Por si solos no determinan la estrategias o políticas, o al menos no deberían.

Hemos cometido el error como humanidad de primar por lo económico, pensando que el crecimiento económico eventualmente mejoraría las condiciones de vida de la gran mayoría. Le dimos al PIB y su crecimiento la calidad de finalidad cuando debería ser un medio. Sin embargo, ningún cambio en la medición del bienestar nos va a traer bienestar, es necesario un correcto diseño de las políticas públicas y las privadas para establecer las mejores condiciones posibles para desarrollo, y para ello lo que se necesita es colaboración y no confrontación… lo que se necesita es país y el liderazgo de la ciudadanía en su conjunto…

 

*Director del Departamento de Gestión y Liderazgo, Región Sur

Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey en Puebla

jordonez@itesm.mx

@JorgeAOT

 

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