El costo de los liderazgos populistas frente a la Covid-19: los casos de EU, Brasil y México

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Estados Unidos, Brasil y México, además de ser los países más poblados del Continente Americano y de estar entre los cinco países con mayor extensión territorial, tienen en común que son dirigidos en la actualidad por líderes populistas, que han menospreciado la pandemia ocasionada por el virus denominado SARS-Cov-2 y sus acciones e inacciones han influido de forma directa o indirecta para que en este momento sean las naciones que más contagiados y muertos presentan en las Américas.

Aunque el concepto “populismo” varía entre autores, puede ser considerado como una forma de democracia autoritaria en la que sus líderes, ya sean de ideologías de izquierda o de derecha, “socavan una y otra vez el imperio de la ley y la división de poderes sin abolirlos del todo” (Federico Finchelstein, 2018), y justifican sus acciones siempre en nombre del pueblo, del que dicen ser su representación o encarnación.

Los populistas pueden compartir características a pesar de que se muevan en espectros ideológicos disímiles. Por ejemplo, son líderes carismáticos que ofrecen soluciones mesiánicas, alimentan los antagonismos políticos para destacar que ellos y el pueblo son buenos ―mientras que los opositores, afirman, son traidores a la patria—, promueven un nacionalismo radical y la animadversión hacia el periodismo que los cuestiona, y se presentan a sí mismos como defensores de la democracia frente a las dictaduras y tiranías.

Donald Trump, Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador y otros mandatarios en el Continente Americano (Nicaragua, El Salvador y Venezuela, por ejemplo) son líderes populistas que se han envuelto en banderas nacionalistas para convencer a sus fieles seguidores de que son los elegidos y los únicos capaces de resolver los graves problemas que afrontan sus países, y sus métodos para combatir la aparición del nuevo coronavirus también son coincidentes.

Los tres presidentes fueron indolentes al decretar medidas una vez que el nuevo virus respiratorio llegó a sus países. Los tres menospreciaron los efectos que podría tener el SARS-Cov-2; incluso se han negado a seguir protocolos simples como el uso de cubrebocas, evitar los actos multitudinarios desde la primera fase de la pandemia y han desprestigiado a la ciencia y restado importancia a la crisis sanitaria, al realizar declaraciones como: “relájense, tenemos un control tremendo” de la crisis (Trump, 18 de marzo de 2020); el coronavirus “es una pequeña gripe” (Bolsonaro, 25 de mayo de 2020); o “detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo” y “el escudo protector es la honestidad”, frases utilizadas por el mandatario mexicano el 18 de marzo de 2020 al explicar las estrategias frente a la crisis de sanidad.

Otras acciones de los citados presidentes populistas que han puesto en jaque a sus propios funcionarios, encargados de coordinar las acciones para combatir al patógeno, han consistido en recomendar la inyección de desinfectantes como Lysol o lejía, y tomar baños de sol como medida contra el coronavirus (Trump, 24 de abril), y que la población siguiera saliendo de sus casas a pesar del riesgo que ello conllevaba en plena pandemia.

Finalmente, los mandatarios de los tres países, quienes conectan con grandes masas por su carisma y el uso limitado del lenguaje, también han culpado a los medios de comunicación tradicionales de esparcir noticias falsas en contra de sus liderazgos mesiánicos y de sus estrategias “ganadoras” frente a la pandemia, y alistan o ya pusieron en marcha el regreso a una supuesta nueva normalidad, que permitirá la recuperación inmediata de sus economías a pesar de que no han domado al nuevo enemigo mundial.

Los resultados de los populistas antes descritos han sido desastrosos. Hasta el sábado 30 de mayo, Estados Unidos registra más de 100 mil muertes y alrededor de un millón 745 mil infectados; Brasil casi llega a los 30 mil muertos y tiene unos 475 mil casos acumulados; México está por alcanzar los 10 mil muertos y sobrepasar los 90 mil infectados acumulados.

A pesar de lo anterior, los citados líderes continúan con una metanarrativa común: “la crisis de salud ha sido superada”, “se han aplanado las curvas”, la pandemia “nos cayó como anillo al dedo” y sus liderazgos “nos han salvado”.

Mientras tanto, la expansión del nuevo virus continúa y los presidentes siguen en campaña. Lo inusual es que Trump sí enfrenta elecciones en noviembre para permanecer en la Casa Banca, mientras que Bolsonaro y López Obrador parecen olvidar que ya no pueden reelegirse, y a pesar de lo anterior continuarán con giras para empaparse del pueblo bueno, a ese que dicen encarnar, pero al que ponen en peligro con sus acciones y sus inacciones.

 

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Profesor e investigador de tiempo completo adscrito al Centro de Relaciones Internacionales, director de la Revista de Relaciones de la UNAM y profesor de cátedra en el Itesm Puebla

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla.

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