Horizontes

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Tere MORA GUILLÉN


15 Jun 2020

En últimas fechas uno quisiera dejar a un lado la pandemia por coronavirus, la reapertura escalonada de actividades que inicia en la Ciudad de México, aun cuando hay altos riegos de que más mexicanos se infecten; y una oleada de noticias funestas.

 

Sin embargo, se queda uno estupefacto cuando sabemos que del 2017 al 2019, más de mil menores homicidas han sido procesados en México; resulta que Sonora, Jalisco, Chihuahua y Estado de México concentran el mayor número de niños detenidos por nexos con el narco.

 

Y es que desde hace años, se dio el fenómeno del reclutamiento forzado o voluntario de miles de adolescentes y niños para laborar en las redes del tráfico de drogas.

 

Muchos de los menores fueron víctimas de secuestros masivos; en otros casos sus familias recibieron amenazas para obligarlos a trabajar para delincuentes, otros más se unieron por miedo o porque representaba su única alternativa de empleo.

 

Además, muchos menores son engañados por tener acceso a una vida de lujos y más recursos económicos, sin embargo esto resulta efímero pues muchos son encarcelados o mueren. Además su participación se amplía a otros delitos como lo es el secuestro.

 

Diría que desde el seno de la familia, y los gobiernos en nuestro México, han descuidado a nuestros niños y jóvenes. En ocasiones disciplinar a un hijo se ha hecho imposible para muchos padres de familia. Unos no conocen otro medio salvo la violencia física y psicológica, y otros tratan a sus hijos como amigos condescendientes y les permiten todo, sin mayores consecuencias. Asimismo debemos considerar a los 15 mil niños que cada año nacen de madres adolescentes, la mayoría provienen de sectores marginados de la sociedad, excluidos de educación y trabajo, así como del apoyo de sus familias. Jóvenes que son expulsados de su hogar. La falta de educación, los amigos delincuentes, y la venta de drogas como única opción económica, son algunos elementos que los conducen a una vida sin sentido.

 

Por otra parte, están los gobiernos que saben dónde operan las bandas delictivas de menores infractores en calles y avenidas de nuestro México, se hacen de la vista gorda cuando cometen robos, asaltos a mano armada contra la ciudadanía a plena luz del día, solapan y mantienen en la impunidad a estos menores y jóvenes infractores, lo que ha llevado la criminalidad a grados altísimos.

 

Cierto es que la indiferencia mata lentamente y destruye las relaciones. Todos necesitamos sentirnos amados, valorados, escuchados. Y de paso debemos recordar el refrán que dicta "Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad"...

tere_mora_guillen@yahoo.com.mx

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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