Volando en primera

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El día de ayer se difundió en redes sociales un pequeño video en donde una persona increpa a la esposa del presidente de México afirmando que “ha puesto en riesgo a la libertad de expresión, por la intolerancia que tiene a la Conapred (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación)”, al tiempo que le asegura que, como mexicano, en el 21 va a defender la democracia y que en el 22 se van a ir”, pidiéndole que fuera tan amable de pasarle ese mensaje al presidente.

El hecho en sí mismo es importante, porque demuestra que la figura del presidente de la República se ha “desacralizado”, al igual que el resto de las figuras que forman la clase gobernante en este país, haciendo posible acercarse a ellos, y en muchos de los casos ejercer una critica por su actuación en el ejercicio del gobierno.

Quizá el primero que lo dijo en su tiempo fue Manuel J Clouthier cuando era candidato a la Presidencia de la República, y quizá el primer presidente que vivió y sufrió la critica en carne propia y abiertamente socializada, fue Vicente Fox.

Pero antes no se habían desarrollado tanto las redes sociales, por lo que hoy es prácticamente posible conocer en tiempo real los hechos que suceden en una plaza pública, en una cárcel o en un avión comercial.

Sólo se necesita un teléfono con cámara integrada para grabar el momento exacto de la increpación, la critica o la descalificación, así como los actos de prepotencia, delitos cometidos o actos de vandalismo.

Desafortunadamente, ese mensaje que un mexicano le envió a López Obrador se perdió en la crítica social difundida en redes, y que se hizo viral, porque la señora iba viajando en un avión comercial y en primera clase.

La pregunta que se viene a la mente es si la esposa del presidente de México puede viajar en primera clase.

La respuesta es sencilla. Por supuesto que puede. Ése no es el problema.

El señalamiento que se hace es el doble discurso con que se maneja Andrés Manuel López Obrador con respecto al tema de la “austeridad republicana” que tanto pregona para el ejercicio del gasto gubernamental, así como las recomendaciones que le hace a la población en general de vivir de manera austera, mientras que varios de sus funcionarios se han visto inmersos en escándalos que podrían representar lo contrario a la austeridad y más parecido a la opulencia, que afortunadamente, en mucho por las redes sociales o por trabajos de investigación periodística, cada día son más los casos que se conocen.

Por eso, después de escuchar a López Obrador decirles a los mexicanos que se puede vivir con un par de zapatos, que se puede comer arroz y frijolitos, y que él viaja por tierra para no contagiarse en un avión, pues surgen las dudas y las preguntas.

El director de la CFE, con 23 casas que se han acreditado de su propiedad, ¿tendrá solamente un par de zapatos? Seguramente no, pero la secretaria de la Función Pública ya lo exoneró, de la misma forma en que se autoexoneró por la evidencia de tener propiedades, junto con su esposo John Ackerman, por más de 60 millones de pesos.

Sí, ese John Ackerman. El mismo que criticó fuertemente a la esposa del ahora expresidente Enrique Peña Nieto cuando se desató el escándalo de la Casa Blanca, por no acreditar fehacientemente el origen de los recursos con los que se adquirió esa propiedad, acusando “corrupción estructural”.

En este caso, la fórmula es muy sencilla: que aclaren él y su esposa, la secretaria de la Función Pública, porqué no coinciden los datos que presentaron en su declaración patrimonial de inicio de ejercicio gubernamental con el número de propiedades denunciadas por un periodista.

Pero también está el caso del intento de ocultamiento de un reloj por el canciller Marcelo Ebrard, dando paso a una fuerte crítica por simulación, aunque el reloj lo tenga desde que era jefe de Gobierno del Distrito Federal.

No está mal tener propiedades, relojes o viajar en avión comercial en primera clase, si son producto del trabajo o de una herencia familiar. Lo que está mal es utilizar un discurso diferente para cada caso para descalificar a los que se oponen, acusándolos de conservadores y herederos del pasado, y en cambio la defensa y reivindicación para quien está a favor del discurso del presidente, aunque se descubra la realidad en propiedades, relojes o viajes en primera clase. Pero ahora son la clase gobernante y pudiente, aunque vergonzante.

 

*Politólogo y maestro en Negociación por la Universidad Carlos III de Madrid, España

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla.

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