El inquilino de la Casa Blanca es un animal herido y peligroso para los migrantes

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Las últimas dos semanas han sido muy complicadas en los ámbitos legal, político y sanitario para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su intención de lograr la reelección para continuar cuatro años más al frente de la Casa Blanca, situaciones que hacen muy peligrosa la labor del mandatario estadounidense de aquí a noviembre, especialmente para los migrantes y para México, que han sido dos de sus víctimas electorales favoritas.

El cuestionado empresario recibió un primer revés legal el pasado 18 de junio, cuando la Corte Suprema de Justicia de ese país resolvió por escaso margen, cinco votos en contra cuatro, que la orden ejecutiva presidencial de anular el programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) —por medio de la cual se ha protegido desde 2012 a casi 800 mil personas indocumentadas de ser deportadas—, era “arbitraria y caprichosa” bajo la ley federal de Procedimiento Administrativo.

La determinación de la Suprema Corte pone un primer punto final a una de las acciones insignia de la administración Trump en contra de la inmigración, tanto documentada como indocumentada, y permitirá a decenas de miles de personas que fueron llevadas por sus padres a Estados Unidos cuando eran infantes, la mayoría de ellas mexicanas, continuar con sus vidas en una nación que consideran propia y a la que aportan su talento, trabajo y dedicación, incluso como personal de salud durante la actual pandemia provocada por el virus SARS-Cov-2.

Los participantes en el programa DACA, también conocidos como “dreamers”, tendrán la opción de seguir renovando permisos cada dos años para no ser deportados. Sin embargo, la lucha de estos jóvenes continuará para que en un futuro el Congreso legisle y les permita a todos acceder a la residencia permanente y a la ciudadanía, siempre y cuando existan condiciones tanto en el Poder Legislativo como en la Casa Blanca, en la que su inquilino, fiel a su retórica antiinmigrante y xenófoba, calificó de “horrible” la decisión de la Suprema Corte, y amenazó con intentar de nuevo por la vía legal sacar del país a esos “soñadores” que han revitalizado la vida económica, social y política de Estados Unidos.

Además del tema de los “soñadores”, las cortes y tribunales estadounidenses asestaron más golpes a las políticas contra minorías de Trump. Por ejemplo, la propia Corte Suprema determinó el pasado 15 de junio que la prohibición en contra de la discriminación laboral también incluye a personas homo y transexuales; y un tribunal federal de apelaciones de California falló el 26 de junio en contra del gobierno de Trump por la reasignación ilegal de 2 mil 500 millones de dólares de proyectos militares que se usaron para construir más secciones del muro en la frontera entre México y Estados Unidos. El presidente eludió al Congreso, que nunca autorizó la utilización de los fondos con dichos fines.

Por si fuera poco, Trump sigue sin recuperarse en la carrera por la reelección frente a su rival demócrata Joe Biden. De forma reciente, algunos actos de campaña del actual presidente no han llenado los recintos en los que se ha presentado. Sus decisiones frente a la pandemia del nuevo coronavirus han provocado enojo y el país norteamericano continúa como el que más enfermos (2.5 millones) y muertos (casi 130 mil) tiene en el mundo. Además, sigue el malestar por la sistemática violencia policiaca, que ha generado protestas recurrentes en diferentes partes de la Unión Americana, desde el asesinato del afroamericano George Floyd el pasado 25 de mayo en la ciudad de Minneápolis, Minnesota.

Los recientes yerros políticos, la incapacidad para zanjar profundas divisiones y la caída de la economía estadounidense ante la pandemia, colocan a Biden 15 puntos por arriba de Trump en diferentes encuestas rumbo a las presidenciales de noviembre próximo, situación que convierte al empresario en un animal herido y peligroso, en especial para los migrantes y para México, dos de sus víctimas recurrentes al momento de hacer campaña.

El electorado duro de Trump, compuesto sobre todo por blancos supremacistas, resentidos por haber sido excluidos de los beneficios de la globalización y que sólo son capaces de ver al mundo en dos: los buenos estadounidenses y los malos del resto del planeta, adora los discursos xenófobos, ultranacionalistas y antimexicanos.

Por ello, el inquilino de la Casa Blanca continuará con los golpes hacia los migrantes y contra México, pues le son, los primeros no se pueden defender y los líderes del país latinoamericano han decidido rendirle pleitesía y concederle sin cortapisas sus caprichos, como convertirse en muro fronterizo frente a los centroamericanos, recibir en su territorio a miles de personas que solicitaron asilo a las autoridades estadounidenses y aceptar una renegociación del Tratado de Libre Comercio desventajosa.

Es por ello que la posible visita que realizaría en los siguientes días el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a Estados Unidos representaría el marco ideal para que Trump demuestre una vez más a sus votantes que puede someter al país latinoamericano y a los migrantes.

No se equivoque, señor López Obrador. Reunirse con el actual mandatario estadounidense en la Unión Americana no será un gesto de amistad o de cooperación; por el contrario, será un símbolo de sumisión y un espaldarazo a las ambiciones electorales de un populista de derecha que hará todo por quedarse cuatro años más en la Casa Blanca.

 

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Profesor e investigador de tiempo completo adscrito al Centro de Relaciones Internacionales. Director de la Revista de Relaciones de la UNAM y profesor de cátedra en el Itesm Puebla.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla.

 

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