De regreso al antiguo régimen

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“Mi verdadera gloria no está en haber ganado

 cuarenta batallas; Waterloo eclipsará el recuerdo

de tantas victorias. Lo que no será borrado,

lo que vivirá eternamente, es mi Código Civil”.

 

-Napoleón Bonaparte (Durante su prisión en Santa Helena)

 

Este 14 de julio de 2020 se conmemoró la toma de la Bastilla, fecha emblemática para el mundo, ya que, más que una batalla en Francia, una sublevación más, se considera como el inicio de la caída del denominado “viejo régimen”: el feudal y monárquico. Con ello, iniciaba (a partir de esa fecha del 14 de julio de 1789) la conformación del ahora “nuevo régimen” y, sobre todo, de los tiempos modernos sustentados, en particular, en que el derecho, las regulaciones que dirigían a los pueblos dejaban de ser meras imposiciones monárquicas y religiosas, y se convertirían, poco a poco, en ordenamientos y regulaciones que permitieran una mayor libertad a los pueblos, sobre todo, en lo que atañe a sus facilidades de la negociación y operaciones mercantiles.

Desde luego, un instrumento muy importante para esa transformación fue la creación de los códigos, como el emblemático Código civil de Francia, al que se le denominó como el “código de Napoleón” y que permitió, entre otras cosas, derogar todas las ordenanzas, regulaciones, lex, bulas, etc., que estaban vigentes en esos tiempos y que fueron creadas por una multiplicidad de legisladores. Un ejemplo más cercano de esto se vio en tiempos de la colonia en México, cuando había regulaciones y ordenanzas de la Corona española, regulaciones de los virreyes, de las autoridades locales y religiosas; sin perder de vista que cada barrio tenía sus propias regulaciones, sobre todo, de cada oficio o profesión. Todo esto sin considerar que la multiplicidad de castas, es decir, lo que ahora —se podría decir— son las clases sociales, cada una, tenía sus propias regulaciones.

Indudablemente, había un cúmulo de ordenanzas y regulaciones cuyo primer problema era saber cuál era la aplicable. Por ende, lo que sobresalía era el desorden, la incertidumbre de conocer qué leyes eran aplicables para unos y cuáles para otros; lo que se puede decir que era una característica principal del antiguo régimen.

Con la codificación, sucedió que, en el mundo occidental, se derogó esa multiplicidad de regulaciones; sobre todo, despareció una enorme cantidad de legisladores y solamente quedó el propio código. Esto causó que el derecho, para con la población, fuera imprescindible, debido a que ya brindaba seguridad jurídica tanto para la simple convivencia social como para los negocios, las operaciones mercantiles de esos tiempos, etc.

Hoy, con los tiempos de pandemia que estamos viviendo (pero, ya desde hace algunas décadas), todo parece dar a entender que estamos regresando a aquella época del antiguo régimen con lo que ha sucedido con los códigos en el mundo. Han ido descodificándose, pues observamos cómo los legisladores, en lugar de ampliar, reformar, derogar algo que corresponda a los propios códigos, hacen lo contrario: crean leyes y más leyes. Por ende, esas leyes, que resultan especiales para alguna materia en particular, excluyen la aplicación del código. Va perdiendo fuerza la propia codificación y, por otro lado, se generan más leyes que provocan incertidumbre: desconocer si en un determinado caso alguna es aplicable o no.

Pero aquí no para el problema, pues el legislador también se ha encargado de facultar a la administración pública para que legisle, por medio de reglamentos, decretos y, sobre todo, disposiciones administrativas (de las que se ha creado un gran cúmulo). Por ende, sucede lo mismo: el código queda en segundo lugar. Por lo cual, el gobernado, el ciudadano pierde la dimensión de lo que le es aplicable y, sobre todo, de lo que le puede generar consecuencias, como son pérdida de derechos o multas.

Con lo que ha sucedido con la pandemia, en donde los Estados crean sus regulaciones y las autoridades federales hacen lo mismo, el legislador sólo observa. Estamos —pareciera— llegando de nuevo al viejo régimen, pues, ante tanta regulación y disposición en cuanto a si se puede abrir un negocio o si debe estar cerrado actualmente por la pandemia, la incertidumbre crece cada semana con un semáforo que mide los contagios (y que no está previsto en ninguna ley). No hay leyes que regulen las sanciones por tener abierto un negocio, local o taller. Todo ello está provocando que, antes de haber resuelto el problema de la pandemia, lo que hizo la humanidad fue regresar al antiguo régimen.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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