RASTROS DE TINTA

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Invitado


31 Ago 2020

Por: Luis Lerín

 

A lo largo del tiempo se le ha tratado de dar un significado (en su mayoría) a aquellas cosas que no están en total control del hombre, aquellas cosas que escapan del reino de nuestro ingenio y de nuestro entendimiento. Cosas como la naturaleza, la muerte, el aire o el espacio. Existe un tema en particular, que a pesar de experimentarlo recurrentemente, aún no alcanzamos a comprenderlo en su totalidad, me refiero a los sueños.

Los sueños tienen tantas formas y rostros, que resulta imposible generar una clasificación inherente a todo ser humano. Yo me inclinaría más por entender a los sueños como la expresión pura y sin limitaciones de un dios que reside en nuestra mente, que es encadenado cuando estamos despiertos y que es liberado cuando estamos dormidos.

Este dios es parte de nosotros, es parte de la persona que somos al estar despiertos, aquella persona que habla, que se alimenta, que interactúa de una manera específica y que cumple con los estatutos de nuestra personalidad, pero que, al estar dormidos, se alza y abandona los muros de su prisión.

Este dios demuestra su poder al invocar personas, cuando crea nuevos lugares o incluso, llevándonos a espacios bien conocidos por nosotros. Este dios que reside en nuestra mente y que al estar despiertos cae en letargo, es capaz de ser un creador y un destructor, puede mostrarnos el futuro y remitirnos al pasado, o también, revelar nuestros anhelos y penas.

Los sueños a veces exacerban nuestro carácter y nos llevan a un estado de angustia tal que tenemos la febril necesidad de huir de él y que nos hace despertar en mitad de la noche, intranquilos. Es este hecho el que me lleva a discrepar con la idea que tiene Jung acerca de los sueños, pues él nos dice que los sueños llevan al sujeto a una estabilidad psicológica.

Yo pienso que no siempre es el caso, a pesar de que existen algunos sueños que, en efecto, nos llevan a una estabilidad emocional, encaminándonos a la superación ciertos acontecimientos. También existen sueños que, como he mencionado antes, nos provocan angustia y malestar, sensaciones que nos llevan a estar aliviados al estar despiertos de nuevo y entender que todo ha sido un sueño.

Para ejemplificar, en términos simples, cómo los sueños pueden encaminarnos a la superación de ciertos acontecimientos, abordo a continuación una anécdota: Hace meses murió mi pez beta, se llamaba Horacio y lo tuve cerca de un año; él murió una noche de abril y lo enterré debajo de la palmera del jardín.

Me encontraba inconsolable por su muerte, sin embargo, esa misma noche fría y difícil se disipó a la mañana siguiente, pues noche tuve un sueño aliviador. Soñé con un pez beta idéntico a Horacio, él nadaba tranquilo en un océano gigantesco, lleno de anémonas y otras criaturas marinas. A medida que yo iba abandonando el sueño, oía más lejano el sonido de sus aletas, moviéndose en el agua. Tal vez se debía a la necesidad de alivio sentimental por el duelo, la verdad lo desconozco, pero al despertar pude entender lo siguiente: todo en la vida es un ciclo, Horacio estaba en paz y al menos el año que pasó conmigo fue benéfico para ambos. Yo le pude brindar una mejor vida comparada con la que estaba destinado a tener en el recipiente de plástico de la tienda de mascotas, mientras que a mí me brindó una gran lección.

Dos

En el diccionario de la Real Academia Española, la palabra dios es definida en dos vertientes, caracterizadas por el tipo de religión de la que procede. En las religiones monoteístas, un dios es un ser supremo considerado hacedor del universo, mientras que en las religiones politeístas, es una deidad a la que se le rinde culto.

En mi percepción de los sueños (como producto de un dios) yo entiendo a este dios como uno monoteísta, creador del universo en el que se llevan a cabo nuestros sueños y de los sueños mismos. Él puede crear lugares, personas, criaturas, planetas. Este dios tiene la facultad de crear y destruir. Estas mismas facultades las poseen dioses como Yahvé, Ra, Quetzalcóatl, el Dios cristiano, entre otros.

Los planes de este dios son desconocidos hasta el momento en que comenzamos a soñar, no podemos saber, sino hasta estar dormidos, el carácter que tendrán o lo que ello causará en nosotros. Si dichos sueños nos llevará a una enseñanza que nos inspirará, si nos hará sentir atrapados o si simplemente será una fantasía más.

A pesar de que este dios es creador y destructor del universo en donde acontecen nuestros sueños, él posee ciertas características nuestras, ciertos conocimientos, ciertas memorias, ciertos procesos lógicos, que nos podrían hacer pensar en este dios como “una extensión de nosotros mismos”.

Esa es la razón por la cual, nuestros sueños poseen cierta lógica en la manera en que actuamos en ellos, en las características temporales, espaciales o de contenido que poseen. Lo que ocurre en nuestro mundo onírico no es igual para las demás personas que también sueñan. Sólo en nuestros sueños residirán innumerables situaciones, personas, penas, objetivos y deseos que sólo nosotros entendemos con cierta profundidad.

Tres

La presencia del deseo en nuestros sueños es abordada en la teoría de Freud. Él explica que los sueños son anhelos (ya sea reprimidos o no). Ante esta idea, me mantengo en la misma postura que tengo con la de Jung. Si bien existen sueños en los que logramos ciertos objetivos o en los que simple y llanamente nos sentimos felices y en total calma, también existen sueños desafortunados, en los que estamos ante situaciones realmente fuertes o tristes. Esto me hace estar en contra del pensamiento Freudiano sobre los sueños, pues él destaca que todo sueño es expresión de un deseo (inherentemente del carácter del sueño). Pero por más que uno indague internamente o piense maquiavélicamente sobre el subconsciente, hay ciertas situaciones que no son deseables para ningún ser humano, o que son tan improbables, que resulta difícil calificarlo como un anhelo, por más que se trate de abstraer y simplificar.

Algo que es importante destacar acerca de los sueños, es que no siempre poseen un significado o una lógica obvia y esto nos dificulta la abstracción del sueño en términos simples. A veces poseen cierto desorden y aleatoriedad que nos haría cuestionar los planes de este dios creador de nuestros sueños. Yo explicaría estos sueños difíciles de abstraer y entender como: “Una total y pura expresión sentimental, la cual tiene un potencial altísimo por convertirse en expresión artística”.

Sustento esta premisa en dos partes: en primer lugar, en la presencia de elementos familiares para nosotros en ese tipo de sueños, estos elementos familiares forman parte de personalidad (un elemento imprescindible en la expresión artística). En segundo lugar, destaco la naturaleza de los sentimientos como motores del arte, mismos que a pesar de la aleatoriedad y el desorden en ciertos sueños, están presentes siempre que soñamos.

La historia nos ha demostrado la importancia y presencia de los sueños en el mundo artístico. Podemos pensar en la obra de August Stridenberg en varias de sus comedias, en las que el tema central son los sueños. Además, los sueños forman una parte importante del surrealismo en la pintura, algunos pintores que inspiraron sus cuadros en sus sueños son Chirico, Dalí, Masson, entre otros. Ellos hacían alusión a elementos variados y faltos de realidad (como en el tipo de sueño que he abordado anteriormente).

La aleatoriedad de elementos en los sueños es una expresión total de lo que yace en nuestra mente, eso sí, con cierto potencial de convertirse en expresión artística. Potencial que es posible gracias al contacto constante, en el mundo consciente, con ciertos elementos e ideas que se almacenan en nuestra mente y que pasan, en la mayoría de las veces, a caracterizar totalmente nuestros sueños, los cuales pueden utilizarse como inspiración artística. Podríamos incluso pensar en los sueños, como un catalizador para los artistas, siempre y cuando el sujeto decida que el sueño tiene el potencial necesario para convertirse en una expresión artística y que él mismo tenga la determinación de convertir su sueño en arte.

Cuatro

Ahondando en el significado de los sueños, podemos pensar en Allan Hobson, cuya investigación y crítica de las ideas freudianas, acuña el término “síntesis de activación”, el cual es un proceso que explica lo siguiente: “Los sueños son un resultado de disparos aleatorios en distintas zonas del cerebro y que no tienen relación con eventos ocurridos durante el estado de vigilia o con los deseos”. Si bien es cierto, que no todos los sueños gozan de un orden o se caracterizan por un deseo (reprimido o no), también lo es la presencia de elementos recurrentes de la vida diaria, ciertas situaciones, lugares, personas con maneras de actuar que ya conocemos y que incluso podemos pre estimar. La presencia de los anteriores elementos se deben a la constante interacción en el estado de vigilia con los mismos, interacción que se anida en nuestra mente y que crece, madura y se expresa en nuestros sueños. Es por esa razón que no podemos pensar en los sueños como simples reacciones cerebrales sin ninguna relación con acontecimientos durante nuestro estado de vigilia, o incluso (aunque no siempre) con deseos reprimidos o no reprimidos.

Los sueños son producto de un dios que existe dentro de nuestra mente, pues tiene facultades de dios, al poder crear y destruir en el mundo onírico. Nuestros sueños guardan un potencial incalculable, pueden ser alivio y estabilidad psicológica, pueden recordarnos aquellas cosas que deseamos y de las cuales nos hemos olvidado o no hemos perseguido aún. Incluso pueden ser catalizadores de expresiones artísticas, aún desconocidas. Los sueños tienen el potencial de ser muchas cosas para cada uno de nosotros, como el descubrimiento de mundos increíbles, luchas con bestias peligrosas, festines con dioses en montañas que tocan el cielo, viajes a través de portales de azulejo en un baño amarillo, charlas con hechiceros, terribles maleficios. Hay cosas que jamás hemos visto, pero que en nuestros sueños son posibles, y caminan, respiran, se comunican, son reales.

 

 

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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