2021 ¿Democracia sin confianza?

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“No me molesta que me hayas mentido, me molesta que a partir de ahora no pueda creerte.”

(Friedrich Nietzsche)

 

De cara a las próximas elecciones del 6 de junio de 2021, las más grandes de la historia política reciente, los partidos políticos se preparan para la competencia en la que buscarán acceder o mantener el poder político en todos los niveles de gobierno. El proceso arrancó oficialmente el lunes 7 de septiembre y serán múltiples los cargos a elegir en estos comicios. De acuerdo con el Instituto Nacional Electoral (INE), se renovarán los siguientes cargos de elección popular: la Cámara de Diputados (500 diputaciones federales); 15 gubernaturas; 30 congresos locales (1063 diputaciones locales), excepto en Coahuila y Quintana Roo; 1926 Ayuntamientos y Juntas Municipales. En cuatro entidades se votarían de manera separada diversos cargos locales: Juntas Municipales en Campeche, Sindicaturas en Chihuahua, Regidurías en Nayarit y Presidencias de Comunidad en Tlaxcala. Para esta jornada electoral se prevé la participación de 94 millones 800 mil ciudadanas y ciudadanos inscritos en el Padrón Electoral. En total, podrán votarse 21 mil 368 cargos públicos, más las 15 gubernaturas en las entidades federativas, por lo que esta jornada electoral será decisiva para los jugadores en la competencia política; tanto para el partido político en el poder, como para la oposición, toda vez que en la segunda mitad del mandato la relación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo podría cambiar. Aquí se medirá entonces la confianza que deposite la ciudadanía en las fuerzas políticas, ya sea para conservar el poder y seguir siendo gobierno, o bien, para darle más poder a la oposición para procurar equilibrios y contrapesos. La elección federal será determinante, pues la Cámara de Diputados es una pieza clave en el Congreso de la Unión, al aprobar o impulsar reformas políticas, el presupuesto y posibilitar la construcción de mayorías. Pero esta elección será también un punto de inflexión para los partidos políticos en el ámbito local.

Estos comicios nos llevarán a varias reflexiones sobre nuestra calidad democrática, el papel de las instituciones y la participación ciudadana, luego de la elección del 2018. Sin embargo, destaca la crisis de confianza en las instituciones políticas, ya que parece que el actual sistema de partidos políticos tampoco convenció a los ciudadanos, luego del voto que ejercieron hace dos años. El sistema de partidos está en crisis, y ya lo estaba desde antes de la pandemia, basta ver los últimos resultados de la Encuesta Nacional de Impacto Gubernamental (ENCIG, 2019), en los que se muestra la baja confianza en las instituciones. A nivel nacional, 86.8% de la población identifica a sus familiares como los actores que más confianza inspiran; mientras que las Cámaras de Diputados y Senadores registraron 30.2% de percepción de confianza y los partidos políticos 24.6 %, colocándose en el último nivel de la medición. Estudios de opinión pública revelan que el nivel de satisfacción ciudadana con los resultados de la democracia y el desempeño de sus representantes políticos no cambió significativamente desde la última elección.

Asimismo, se aprecia que el surgimiento de nuevos partidos políticos para compensar esa insatisfacción no es una alternativa convincente para la ciudadanía. Si bien, es impensable un régimen democrático sin partidos políticos, por lo que deben revisarse las reglas del juego político (sistema electoral), así como la calidad del conjunto de jugadores políticos que aspiran a ejercer el poder (sistema de partidos); asignaturas impostergables para fortalecer nuestro sistema democrático.

Para algunos, el número de jugadores ha sido uno de los aspectos más criticables de nuestra democracia, ya que la existencia de muchos partidos políticos, nacionales y locales, depende del presupuesto público y eso lo rechaza la ciudadanía porque no confía en ellos. Aunque, debe reconocerse que incluso pensar en nuevas alternativas, o nuevos jugadores, no es tan fácil en nuestro país porque formar una nueva fuerza política y competir en las elecciones mexicanas es un reto mayor. Ejemplo de ello es que, para la próxima jornada electoral, más de cien organizaciones mostraron interés en constituirse como partido político en México, pero solo una de ellas logró su registro; el Consejo General del INE se lo otorgó al Partido Encuentro Solidario, reviviendo así el Partido Encuentro Social (PES) que habría desaparecido en el 2018. Entonces, tendremos un nuevo partido que no representa una nueva alternativa, sino un jugador más en la contienda. Lo que no abona a la crisis de desconfianza en las instituciones políticas; todo lo contrario.

La democracia es una forma de gobierno que requiere para sobrevivir de la confianza de las y los ciudadanos; la confianza en las instituciones es necesaria para la formación de capital social y el funcionamiento de los mecanismos de representación y formas de gobernanza en la democracia. Sin confianza, no hay democracia y de esta depende el funcionamiento de nuestra vida en comunidad. Así que más allá del número de jugadores que se disputan el poder, valdría la pena repensar en nuestra calidad democrática, en términos de la representación política, la capacidad de gobernar y los resultados de la política. Generar confianza en un contexto donde prevalece la percepción negativa hacia las instituciones políticas es una tarea compleja, que requiere atención desde las instituciones y el espacio comunitario; de ahí la importancia de la participación ciudadana.



Profesora de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno y de la Iniciativa de Transparencia y Anticorrupción del Tecnológico de Monterrey

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