Nagorno Karabaj y lecciones para México

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El conflicto en Nagorno Karabaj es una de las tantas herencias que nos deja la extinta Unión Soviética. Para el año de 1919 los países colindantes de la recién nacida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas buscaban insertarse al proyecto a manera de desarrollo político y económico. La extensión de territorio para 1922 resultó ser uno de los mayores retos para el gobierno central que ante todo promovía un proyecto económico dejando de lado cuestiones étnicas o religiosas.

Si bien, en América Latina tenemos información bastante viciada por alguna de las partes, es importante mencionar que el conflicto de Nagorno Karabaj (que ha tenido un impulso particular en las últimas semanas) es solamente uno de tantos, entre los que se encuentran Chechenia y Osetia del Sur. Como en la mayoría de estos conflictos el factor étnico toma un papel preponderante casi inexplicable para la academia occidental de Relaciones Internacionales.

La multitud de aristas desde las cuales se desenvuelven estos conflictos van desde las diferencias étnicas hasta las muchas variantes de prácticas religiosas que suelen crear brechas entre los habitantes de un proyecto que desapareció hace más de treinta años con la disolución de la URSS. No obstante, la melancolía histórica, así como los intereses geopolíticos de actores importantes como Rusia, Turquía o la Unión Europea hacen que esta rivalidad tenga un acento similar a las preocupaciones que despertaban los conflictos indirectos entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

Si bien, Armenia y Azerbaiyán (países entre los cuales se encuentra la región de Nagorno Karabaj) han acordado un alto al fuego, es claro que la incapacidad de estos países para lidiar con su pasado ha hecho de ésta una de las regiones más tensas desde el pasado 27 de septiembre cuando inician las hostilidades. Lo anterior, es una buena noticia ante un escenario internacional tan convulsionado por una pandemia sin precedentes en la historia contemporánea y una crisis económica similar a la de la Segunda Guerra Mundial.

No obstante, hay ciertas similitudes en el conflicto en Karabaj que México debe tomar en cuenta si buscamos atenuar la creciente polarización social durante este sexenio. Patrones como la otredad generada en las retóricas gubernamentales han generado un clima de antagonismo social en el que la población se divide entre buenos y malos, sin darnos cuenta que este tipo de dinámicas sociales suelen desembocar en conflictos por demás crueles por su naturaleza ideológica.

Otra de las similitudes en este ejercicio comparado es la incapacidad de explicar y analizar procesos históricos que los diferentes grupos políticos instrumentan con diferentes fines. La historia no puede ser cambiada pero lamentablemente sí puede ser percibida de diferente forma según se cuente. La falta de memoria histórica antagoniza a las sociedades y genera diferentes versiones ya de por sí trastocadas por un clima de injusticia e impunidad fomentado desde sexenios anteriores.

El convulsionado clima de la coyuntura actual nos obliga a tomar a la historia y a la retórica como responsabilidades sociales y no como meras dádivas de ciudadanos medianamente comprometidos. Recordar que quien domina la semántica domina la realidad nos hará generar oposiciones cada vez más serias donde cada vez mas ciudadanos seamos críticos del acontecer político nacional y no generen una mayor polarización entre buenos y malos, pobres y ricos.

 

MGP. Fernanda Cardoso 

Directora Regional del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales

Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno 

Campus Puebla

Tecnológico de Monterrey

f.cardoso@itesm.mx

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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