Caso Trump: ¿Presagio mexicano?

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“Quien olvida su historia, está condenado a repetirla”

Poeta y Filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana 


La famosa fábula de Hans Christian Andersen “El Traje Nuevo del Emperador” de 1837 hoy está más vigente que nunca. El miedo a ir en contra de la “presunta” mayoría y decir lo evidente impera en la opinión pública. “Presunta” porque las encuestas y sondeos de opinión han demostrado su falibilidad. Estar del lado del poder es lo común y quien se atreve a desafiarlo sufre la embestida.

Con un discurso incendiario, resulta inverosímil que el mundo occidental no aprenda la lección de la Segunda Guerra Mundial, del daño que un líder carismático radical puede hacer y traspasar fronteras. Estados Unidos, el país referente democrático en el mundo tenía como Presidente a un personaje racista, misógino, mentiroso e intolerante con las minorías.

En contra del reconocimiento a los derechos humanos en el mundo, emergió la voz de Donald Trump en 2016 que claramente era la conciencia irracional de muchos estadunidenses que le dieron el triunfo, dejando de lado la política profesional del consenso, respeto a la ciencia, civilidad y defensa del medio ambiente.

En Alemania está prohibida la propaganda nazi, porque los discursos de odio promueven, llaman a la acción y legitiman actitudes racistas, que no son cosa menor. La cultura de la paz empieza con el diálogo donde debe prevalecer la empatía y reconciliación. Como en Proverbios 15:1 señala “La respuesta amable calma la ira; la respuesta grosera aumenta el enojo”.

Pese a la conducta reprobable de Trump, el margen por el que ganó Joe Biden es marginal y contrario a lo que predecían los estudios de opinión donde estimaban que arrasaría el candidato demócrata.

Además del discurso de polarización, ya grave en sí mismo, Trump se dedicó a socavar las instituciones democráticas de su país, como citan los profesores de Harvard; Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su libro “Cómo mueren las democracias”: “El retroceso democrático empieza en las urnas y lentamente se desmantelan o desvirtúan las instituciones que la hacen posible”.

Las democracias pueden expirar si el líder coopta el árbitro electoral y a los opositores, rechaza la legitimidad de los adversarios políticos, instiga la violencia y restringe la libertad de prensa. Requisitos que uno a uno cumplió Donald Trump en su primer y único periodo como Presidente. ¿Suena conocido?

La interrogante es cómo esta clase de líderes demagogos prosperan en sus partidos políticos y cómo mantienen una base electoral importante que les permite llegar al poder, pese a que el saldo histórico de este tipo de gobiernos resulta negativo. Dividen a la población y son intolerantes a las reglas del juego democrático.

Afortunadamente para las democracias modernas, Trump dejará de ser Presidente de la misma forma cómo llegó: por las urnas. Esperemos que el Presidente de México pronto acepte el triunfo de Joe Biden, porque mientras más tiempo pasa, más se parece al Candidato que no quiere aceptar su derrota y es que tienen tanto en común…

 

*Politóloga Panista con maestría en Ciencias Políticas por la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid, España.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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