Árbol de Navidad, un obsequio para Dios

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La gente se empeña en ponerlo en el mejor lugar del hogar y adornarlo de tal modo que propicie un hermoso cuento.

 

El famoso abeto, de herencia pagana, retomado por muchas culturas como símbolo de la Navidad, reina en nuestras casas. La gente se empeña en ponerlo en el mejor lugar del hogar y adornarlo de tal modo que propicie un hermoso cuento, como “El cascanueces y el rey de los ratones” de Ernst Theodor Amadeus Hoffman, que inspiró el ballet, “El Cascanueces”, de Tchaykovsky. Por cierto, ¿Usted, qué hará para tener su propio pino?

 

Truman Capote, en su cuento “Un recuerdo Navideño”, narra las aventuras de Buddy, un niño de siete años; de su amiga, una anciana de un poco más de sesenta y pico, y de su perro Queenie.

 

Capote, desde la voz de Buddy, relata las graciosas peripecias de estos primos lejanos, para hornear treinta tartas de frutas con whiskey — en una época en que el alcohol está prohibido. Y cómo es que logran hacerse del mítico árbol y del júbilo que les produce.

 

Uno se pregunta, ¿qué es lo que origina esa alegría?

La respuesta no es fácil. Lo que sí sabemos es que a los chiquillos les fascina escogerlo; aunque, en realidad, no les interese de qué material esté hecho: madera, alambre o plástico. Tampoco les importa, si es apenas una rama, un pedazo de tronco o uno pequeño sembrado exprofeso para estos fines.

 

Empero, debemos tener en cuenta que la historia de Capote fue publicada en 1956, y se ubica, dentro de la primera mitad del siglo XX, cuando las florestas se arrancaban o arrasaban sin conmiseración alguna.

 

Como sea, Buddy y su mejor amiga impregnados de una extraña bondad, trabajan duro para realizar algunos proyectos, entre otros, cocinar las tartas y darles el mejor destino posible. Además, explican las razones por las que actúan de ese modo.

 

Luego, la mejor amiga dice al pequeño:

 …«Conozco un sitio donde encontraremos árboles de verdad, preciosos, Buddy. Y también hay acebo. Con bayas tan grandes como tus ojos. Está en el bosque, muy adentro. Más lejos de lo que nunca hemos ido. Papá nos traía de allí los árboles de Navidad: se los cargaba al hombro. Eso era hace cincuenta años. Bueno, no sabes lo impaciente que estoy porque amanezca»…

 

Querido lector, la amiga es una mujer de corta estatura, de cuerpo encorvado que, junto con Buddy, recibe reprimendas de los familiares de ambos.

 

No obstante, nada de esto, le resta entusiasmo. Los tres vadean un río, soportando sus aguas congeladas. En seguida, avanzan entre los oscuros laberintos del bosque. Cruzan otro arroyo. Ranas enormes y diversos animales entorpecen su camino.

Adentrados en las frondosidades, recogen bayas y otros elementos para decorar el árbol. Esperan que sea muy alto, para que nadie pueda robar la estrella con la que lo han de coronar.

 

Bunny platica:

 

 … El que elegimos es el doble de alto que yo. Un valiente y bello bruto que aguanta treinta hachazos antes de caer con un grito crujiente y estremecedor. Cargándolo como si fuese una pieza de caza, comenzamos la larga expedición de regreso. Cada pocos metros abandonamos la lucha, nos sentamos, jadeamos. Pero poseemos la fuerza del cazador victorioso que, sumada al perfume viril y helado del árbol, nos hace revivir, nos incita a continuar. Muchas felicitaciones acompañan nuestro crepuscular regreso por el camino de roja arcilla que conduce al pueblo; pero mi amiga se muestra esquiva y vaga cuando la gente elogia el tesoro que llevamos en el carricoche: qué árbol tan precioso, ¿de dónde lo habéis sacado?...

 

 

Capote —nacido en Nuevo Orleans, Estados Unidos de Norteamerica, en el año de 1924—, expone así, que los protagonistas requirieron de una gran fuerza para talar el árbol. El que por su grosor y estatura era verdaderamente extraordinario.

De la misma manera, refiere que necesitaron de muchas horas para llevarlo a casa; pues dadas sus dimensiones, tenían que hacer muchos altos en el camino.

 

Aun cuando, ésta es una conquista insólita, una sombra la mancha —por lo menos, para la sexagenaria—, la envidia de la gente.

El autor reseñará lo que las personas importantes realizan para tratar de quedarse con el precioso pino.

 

Buddy y su amiga han pasado todas las pruebas: físicas, económicas y morales para alcanzar su meta: el árbol.

Mas, no basta que haya sobrevivido a todos estos peregrinajes y tropiezos para que sea adecuado para la natividad. Antes, será indispensable que brille como las lámparas incandesentes.

Debido a la carecencia de posibilidades para comprar las baratijas made in Japan; entonces, toman las siguientes medidas, citadas por el niño:

 

 …armados de tijeras, lápices y montones de papeles de colores. Yo trazo los perfiles y mi amiga los recorta: gatos y más gatos, y también peces (porque es fácil dibujarlos), unas cuantas manzanas, otras tantas sandías, algunos ángeles alados hechos de las hojas de papel de estaño que guardamos cuando comemos chocolate. Utilizamos imperdibles para sujetar todas estas creaciones al árbol; a modo de toque final, espolvoreamos por las ramas bolitas de algodón (recogido para este fin el pasado agosto)…

 

De suerte que, el literato sugiere que hay un compromiso invencible en el ánimo de los poseedores del abeto, ya que lo aderezan hasta que alcanza el pináculo de la belleza y la dignidad semejante a la del altar del templo.

 

En consecuencia, es posible que para estos personajes, no se trate de un simple objeto decorativo, sino del emblema de su paz interior, de la conquista de su propio lugar en el mundo y de uno de sus regalos a Dios.

 

Durante la Nochebuena, el infante y la vieja mujer se hacen preguntas y ríen; mientras tanto, Queenie no despega la mirada del regalo que le oculta el pino.

Al apagarse la vela, Buddy describe:

 

…delata la luz de las estrellas que dan vueltas en la ventana como unos villancicos visuales que lenta, muy lentamente, va acallando el amanecer…

Es decir, luces titilantes y felices siguiendo a la estrella puesta en la cumbre del arbusto, anuncian el nacimiento del Redentor, acompañando la vigilia e inquietudes de estos seres singulares.

 

Por la mañana, los protagonistas bailan, pues es Navidad, y despiertan a todos los habitantes de la casa.

Ese día y los subsecuentes comparten muchas otras cosas más.

Pero esas horas, esas frases y esos deseos marcarán sus vidas para siempre.

 

Alguna vez, escuché a una persona decir que, la Navidad no debe festejarse porque se trata de pura mercadotecnia; que el arbolito en cuestión, no es más que una manera de suplantar las necesidades internas del hombre y de exhibir sus riquezas materiales.

 

Sin embargo, Truman Capote, el socialité de Nueva York, el frívolo amigo de celebridades e íntimo de Lee Radzwill (hermana de Jacquie Kennedy—Onassis), tuvo la sensibilidad para contarnos por qué y cómo el Árbol de Navidad es la imagen del amor y confianza entre personas que siendo muy distintas de muchas maneras, al mismo tiempo, estan hermanadas por la esperanza.

 

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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