¿Y qué te van a traer los reyes Magos?

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Recuerdo muy bien la emoción de cada 6 de enero para saber, por fin que te habían traído los Reyes Magos.

En mis tiempos, ya acercándose la fecha, la frase de "pórtate bien o no te van a traer nada", parecía más una amenaza y por lo tanto vivías en un constante recordatorio de portarte bien.

De ahí venía el gran paso, el escribir tu carta; no sabias que pedir, si los juguetes de moda, los que viste en el centro comercial, el que te había presumido tu primo o el amiguito de la escuela, o el juguete con el que te sentías más super héroe; unos patines, una bicicleta, algo que requiriera movimiento, acción y emoción.

Ya de mucho pensar y consultar con todos, hasta con tus papás, elaborabas tu carta en una hoja bonita, iniciando con la frase… “Queridos Reyes Magos, este año me he portado muy bien…”

De ahí el otro paso más importante era la noche del 5 de enero, era bolear tus zapatos, para ponerlos juntos a tu carta. Tus papás te mandaban a dormir temprano, pero no sé ustedes, pero yo no podía dormir, era tanta la emoción que justo ese día no podías conciliar el sueño, de imaginar cómo le harían para entrar a tu casa, dónde dejaban al camello, al elefante y al caballo; si, son magos, pero como le hacían para entregar tantos regalos, como le hacen para que no se escaparan los animales, para que les diera tiempo de repartir por todo el mundo a todos los niños.

Miles de preguntas pasaban por tu cabeza, ¿les habrá llegado la carta? ¿Habrán encontrado todo lo que pediste? ¿Realmente si te habrás portado tan bien? Ojalá y no se den cuenta cuando rompiste el libro o le rayaste el cuaderno a tu hermana cuando te hizo enojar.

Y entre tantos nervios, tantas preguntas y tanta imaginación, te quedabas dormido un ratito para madrugar.

¡¡¡Qué emoción!!! Ver todos tus regalos al pie del árbol o junto al nacimiento, ¡qué emoción el carro eléctrico que si pediste!, ¡los patines de dos ruedas, la muñeca Barbie en su coche, la casita del árbol (que por cierto eso sí es mi sueño frustrado, ya que nunca me lo trajeron), la bici, ¡Wow que enorme está! ¡El Nintendo! ¡La patineta, ya te imaginabas siendo la envidia de todos y hacer varios movimientos, ¡La pista, qué enorme está!

Ah, pero nada se comparaba con los soldaditos de plástico o los luchadores en esa posición emblemática, o los carritos de madera donde los jalabas con un hilo y los llenabas de tierra. ¿Quién recuerda a las muñecas y que la cuidabas como si tuvieras ya tu propio hijo?...

Y después de muchos años, ¿Cuántos de esos niños se convirtieron en papás? Los papeles se invirtieron, pero no la ilusión, ahora como papás; el nerviosismo y la preocupación de no encontrar lo que los niños quieren, ir de compras, de comprarlos de manera anticipada, de ver donde se esconden o pedirle al vecino que te lo guarde, de buscar desesperadamente por todas las tiendas de la ciudad lo que pidieron con tanta ilusión.

Los tiempos cambian, y por la pandemia, las circunstancias también; los Reyes Magos ahora piden las compras en línea, o preguntan por los diferentes grupos de Facebook; desesperadamente buscan en los diferentes grupos si existe el juguete de moda, el juguete más sofisticado, o lo que se adecue a los bolsillos de cada uno.

Pero todo ese nerviosismo y estrés, se borra al ver la cara de emoción de las niñas y los niños, cuando quieren jugar y compartir lo que le trajeron. ¿Cuántos de nosotros no aprendimos a andar en bici con lo que los Reyes nos trajeron? ¿Cuántos de nosotros no nos cansábamos de jugar Mario Bros por horas?

Esto es parte de nuestra cultura, el hacer de nuestra infancia feliz, y aunque desafortunadamente no todos tenemos las mismas posibilidades, pero persiste el amor, la unión, la esperanza y la ilusión.

De manera personal, esta columna está dedicada a mi papá, ya que hasta un año antes de morir, a mis 37 años, nunca me faltó los Reyes Magos en mi casa. Gracias por la ilusión y amor que dejaste en mí.

Y a todos y a todas, disfruten otro día de Reyes, Gracias papás y mamás por todo lo que hacen por nosotros. ¡Feliz día!

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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