Encierro obligado: dieta seductora

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Cómo la comida nos transforma, es un claro indicativo de quienes somos y hacia dónde vamos. Por cierto, ¿conoce Usted a un coyote listo o a un conejo feo?

 

Si alguna vez ha leído, “Alicia en el país de las Maravillas”, del escritor británico, Lewis Carroll, encontrará a un hermoso conejo blanco de ojos rosados; pero eso no tiene nada de sorprendente, como tampoco que platique con Alicia y que todo el tiempo esté apresurado.

 

Lo interesante ocurre cuando Alicia toma el té con el Sombrerero, la Oruga, el Lirón y la Liebre de Marzo. Durante la conversación alrededor de lo imperdonable de matar el tiempo, ante un cuestionamiento del Sombrerero:

 

 

 

Alicia no supo qué contestar... Así pues, optó por servirse un poco de té y pan con mantequilla…

 

 

Luego, continuaron jugando a contar cuentos y resolver adivinanzas, aunque los reproches no mermaron.

Hay que acotar que té y pan con mantequilla, es lo único que había en la mesa para merendar. Lo que, sin querer, prueba el reloj del Sombrero.

 

Es decir, Alicia se adapta a lo que hay. Tal vez, si hubiera tenido otras oportunidades, habría seleccionado una mejor alimentación; o quizá habría optado por engullir una desproporcionada cantidad de comida chatarra. ¿Usted, qué opina?

 

Sin embargo, nuestra heroína sabe aprovechar los momentos; cuando debe disfrutar de té y pan con mantequilla, así lo hace.

En ese mundo maravilloso, antes ya había experimentado cosas inusuales que le permitieron aprender a sacar lo mejor a cada instante de la vida, por ejemplo:

 

 

 

…su mirada se posó en una cajita de cristal que había debajo de la mesa. La abrió y encontró dentro un diminuto pastelillo, en que se leía la palabra «CÓMEME», deliciosamente escrita con grosella. «Bueno, me lo comeré», se dijo Alicia, «y si me hace crecer, podré coger la llave, y, si me hace todavía más pequeña, podré deslizarme por debajo de la puerta. De un modo o de otro entraré en el jardín, y eso es lo que importa.» Dio un mordisquito…

…quedó muy sorprendida al advertir que seguía con el mismo tamaño. En realidad, esto es lo que sucede normalmente cuando se da un mordisco a un pastel, pero Alicia estaba ya tan acostumbrada a que todo lo que le sucedía fuera extraordinario, que le pareció muy aburrido y muy tonto que la vida discurriese por cauces normales. Así pues pasó a la acción, y en un santiamén dio buena cuenta del pastelito…

 

 

La protagonista se desarrolla tanto que su cabeza choca con el techo de la casa y sus pies le quedan tan lejos que cree que necesitará ayuda para calzarlos.

Es interesante que Alicia no se deja seducir por el pastelillo que dice «Cómeme», sino que reflexiona sobre cuál será la conveniencia de deglutirlo; luego, lo come.

 

¿Si usted pudiera seleccionar su régimen, preferiría los pastelillos que le hacen crecer o el té y el pan que le permiten convivir con sus amigos?

 

Encontramos un caso distinto en “El Coyote en el Huerto”, que es parte de “El Coyote tonto”, del escritor tapatío, Felipe Garrido, con ilustraciones de la mexicana, Valeria Gallo.

 

En este relato el Coyote andaba extremadamente flaco, hambriento y sin fuerzas para cazar, cuando vio pasar al Conejo blanco y gordo. Lo acorrala para comérselo; entonces su víctima le explica que puede estar igual que él:

 

 

 

…le mostró al Coyote un huerto maravilloso y le explicó por dónde podía entrar. Le dijo también que tuviera mucho cuidado, porque si el dueño o sus peones lo atrapaban, sin lugar a dudas lo iban a matar.

El Coyote…Le dio un abrazo al Conejo y…salió corriendo hacia el huerto, decidido a comerse las hortalizas…

 

 

¿Podría usted imaginar a un Coyote vegano? Pues, aunque no lo crea, el personaje consumió:

 

 

 

…las coliflores y calabazas, las zanahorias, los chícharos y los pepinos. Los rábanos le picaron un poco, pero se calmó el ardor hincándole el diente a las lechugas, los tomates y los nabos. Tres días pasó comiendo como desesperado y durmiendo como bendito…

 

 

Así que el héroe tomó la determinación de dejar ir a la deliciosa presa, para seguir su consejo. Cualquiera puede suponer lo que aconteció con la figura del Coyote que sólo comía y dormía. Mas no sospecha, lo que hizo, cuando el propietario llegó y encontró que alguien había devorado todo el huerto.

 

El Coyote se acomodó a las circunstancias que le presentó su archienemigo, y se dispuso a cambiar sus hábitos porque quería tener una presencia tan espléndida como la del Conejo.

 

Tanto el Coyote como Alicia eligieron sus viandas; empero, ambos perseguían fines distintos y por eso sus logros fueron igualmente disímiles.

 

Ahora que ha visto pasar al Coyote tonto, al magnífico Conejo y a la pequeña niña Alicia, ¿ha resuelto qué rumbo tomará su dieta lo que resta del 2021?


Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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