La experiencia de mi papá con la vacuna

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Rastros de Tinta


17 Feb 2021
Por: Ximena Ramírez Hernández Quién iba a pensar que la búsqueda de la vacuna iba a generar tanto revuelo, tantas dudas, tantos cuestionamientos y tantos conflictos.

Los diarios, el año pasado, hablaban de los primeros intentos por encontrar una ayuda para combatir la pandemia, en particular el registro de Rusia de su primera vacuna contra el Covid-19 en agosto.

El anuncio aceleró la carrera por encontrar una solución a la enfermedad que ha cobrado la vida de muchas personas.

En cuanto se hizo viral la noticia en México, nos invadió un sentimiento de esperanza ante una posible salvación contra el Covid-19, pero nadie contaba, ni pensaba que hacía falta la aprobación de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Fue hasta el 20 de noviembre cuando se anunció la existencia de la vacuna estadunidense Pfizer, siendo esta la primera en ser aprobada por la OMS y la primera en ser aplicada en todo el mundo.

Teniendo esta historia como contexto, me gustaría compartirles la experiencia de mi papá el enfermero Jesús Ramírez Rojas, que forma parte del equipo Covid del Hospital General de Cholula.

Él inició su vida laboral después de haber concluido sus estudios profesionales y el año de servicio. Cuenta con más de 20 años de experiencia laboral perteneciendo a diferentes instituciones públicas como: ISSSTEP, IMSS y Servicios de Salud del Estado de Puebla.

Mi papá me cuenta que se decidió por la carrera de enfermería para poder ayudar a su prójimo y por la satisfacción de ver a sus pacientes reincorporarse a la sociedad. Me gustaría expresarles mi gran admiración que tengo, ya que soy testigo de todo lo el cuidado y el equipo que porta cada jornada de trabajo.

Él se levanta muy temprano para poder llegar puntualmente al hospital, recoger su equipo de protección, que consta de guantes, gorro, gogles, overol, bata, protector de calzado. Me cuenta que los guantes deben sellarse con tela adhesiva para que no tenga contacto su piel con el exterior, así como el cubrebocas. No le es posible beber agua. Una vez listo para ingresar al área donde se encuentran los pacientes, inicia todo un protocolo de revisión para saber el estado de cada paciente que le es asignado.

Él tiene que preparar los medicamentos y cuidados de los enfermos, algunos no están tan graves y puede platicar con ellos, escucharlos, conocer de sus angustias y necesidades. Los ayuda a bañarse y a vestirse.

Muchas veces tiene pacientes muy graves los cuales se encuentran intubados, así que los tiene que cambiar de posición para evitar que se lesionen la piel.

También debe extraerles flemas, darles su baño de esponja, además de estar pendiente de cualquier cambio en ellos. Para nosotros mi papá es un héroe pues jamás nos ha manifestado cansancio, molestia y siempre hace lo mejor por sus pacientes.

A pesar de las largas jornadas de trabajo lo veo partir con muchas ganas de trabajar y ayudar. Él es un gran ser humano, de buen corazón, da lo mejor por sus pacientes, siempre nos ha dicho que debemos ser empáticos, tolerantes y dar lo mejor.

Mi papá ha vivido muy de cerca esta pandemia, él me comentaba que “los contagios comenzaron a aumentar de manera alarmante en la segunda etapa al igual que las muertes, ya que las personas se confiaron durante las fiestas de fin de año”.

Desde el inicio de la pandemia, mi papá comenzó a interactuar con pacientes con Covid-19, esto nos preocupaba a mí y a mi familia, ya que no queríamos que fuera contagiado, pero él mostró una valentía enorme que yo jamás había visto; siempre nos dijo que no tuviéramos miedo, que si él se cuidaba no pasaría nada y gracias a Dios puedo decir que es de las pocas personas que se han salvado de esta enfermedad.

A pesar de las malas circunstancias que tuvo que pasar con todo lo que tiene que usar para protegerse,en ningún momento se quejó, al contrario, a él no le importaron todas las consecuencias que tenía que sufrir con tal de brindarles un poco de estabilidad a sus pacientes.

Me siento tan orgullosa de ser la hija de un hombre tan valiente y no tengo palabras para expresar todo lo que siento. El día 13 de enero del año en curso le fue aplicada a mi papá la primera dosis de la vacuna Pfizer. Él nos dijo: “Al momento en que están aplicando la vacuna en el brazo izquierdo, es una sensación de cierto dolor y entumecimiento que desapareció a los 3 días posteriores a la vacunación.

Una vez aplicada la vacuna me tuvieron en observación para ver si no presentaba ninguna molestia. Esperé por 30 minutos y no presenté ningún malestar, así que me retiré a mi casa. Sin embargo, a las 24 horas posteriores a la aplicación empecé a presentar efectos secundarios: diarrea, dolor de cabeza, fluido nasal, malestar general, cansancio y tos.

Me presenté a trabajar de manera normal y fui examinado en hospital, observando que no presentaba fiebre y mis niveles de saturación de oxígeno era de 95 Sp02 que quiere decir Saturación de Oxígeno por Pulsioximetría, siendo un rango normal de 95 a 100 por ciento. Esto podría ser parte de los efectos de la vacuna.

Por mi seguridad, la de mi familia y la de mis compañeros decidí permanecer aislado durante cuatro días. Siempre estuve bajo control médico y después de ese tiempo con ayuda de medicamentos y reposo, me incorporé a mis actividades pues dichos efectos fueron desapareciendo.

Cabe recalcar que en ningún momento me automediqué y siempre estuve revisando el avance de mis síntomas. Los días más difíciles pasaron y los molestias disminuyeron”. Esta primera dosis de la vacuna sólo es para “resetear” al sistema inmunológico y prepararlo para la segunda dosis la cual comienza a generar anticuerpos.

Algunas de las recomendaciones que mi papá me comparte son: “mantener la sana distancia, el uso de cubrebocas, lavado de manos y sanitizarse cada vez que salgas a la calle o recibas a alguien”.

Quiero concluir mencionando que no escribo esto para causar miedo a las personas sobre las vacunas. Mi objetivo es contar mi experiencia a aquellos que no conocen o que no están informados.

Me gustaría que más gente conociera la realidad de las cosas y que no se dejen engañar con información errónea. Por favor, no piensen que las vacunas son malas, son una ayuda en una situación de emergencia. Espero que seamos críticos y también solidarios durante la pandemia.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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