En Birmania, los esfuerzos desesperados de la población civil contra el régimen golpista

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Barthélémy Michalon*

El primero de febrero pasado, el ejército birmano arrestó a los principales dirigentes del país, también conocido como Myanmar, para instaurar una dictadura militar. Si el grupo golpista esperaba una pasiva aceptación por parte de la población, la reacción ciudadana estuvo muy lejos de cumplir con sus expectativas.

Desde ese entonces, los habitantes han multiplicado las iniciativas para manifestar su rechazo contra este giro autoritario. El mensaje, hasta el momento expresado por medios pacíficos, tiene dos destinatarios: no solamente el ejército en sí, por supuesto, sino también la comunidad internacional. Hasta el momento, ni el uno ni el otro le han hecho mucho caso, pero los birmanos están haciendo muestra de una perseverancia y de una creatividad que no pueden dejar a nadie indiferente.

La resistencia toma formas inhabituales, arraigadas al mismo tiempo en tradiciones locales y en superproducciones audiovisuales occidentales. Por ejemplo, una técnica para retrasar el avance de los militares en ciertos barrios consistió en colocar en el suelo fotos gigantescas del ahora dictador, a sabiendas de que los soldados o policías no las podrán pisar, porque sería sinónimo de falta de respeto hacia su jefe.

Según una lógica similar, hilos con ropa femenina (o toallas femeninas coloradas) colgando fueron tendidos en diferentes lugares, sacando provecho de la creencia según la cual un hombre que caminara debajo de esta vestimenta vería su virilidad dañada. 

Al inicio de la noche, es común que se organicen eventos masivos, en los que una multitud, iluminada con velas y cantado al unísono, se queda sentada en una calle. El efecto visual está complementado por la abundancia de los cárteles con fotos y mensajes pro-democráticos cuidadosamente diseñados, imprimidos a todo color y en grandes cantidades. La imagen de Aun San Suu Kyi, la dirigente derrocada, es omnipresente y vuelve a tener este rol como símbolo casi abstracto, capaz de inspirar y unir a un movimiento, que tenía antes de llegar al poder. Aunque no fue capaz de cumplir con muchas de las expectativas durante sus cinco años de gobierno, su figura sigue siendo un poderoso motor de la acción colectiva. 

Pero ella no es el único símbolo: los protestantes se han apropiado también el saludo con los tres dedos centrales de la mano, en referencia a la señal de los héroes revolucionarios de la famosa película hollywoodense de Los juegos del hambre.

También han utilizado las máscaras de Dalí, características de los protagonistas de la serie La casa de papel, para denunciar el robo del que su país estaba siendo víctima. Aunado a esto, muchos de los mensajes vienen escritos también en inglés, confirmando esta voluntad de llamar la atención mucho más allá de las fronteras nacionales. 

Si bien otras acciones de los manifestantes tienen una finalidad mucho más pragmática – como la construcción de barricadas, para impedir el acceso del ejército a calles enteras – es notable este esfuerzo para producir, con sus mismos actos de resistencia, imágenes de alto impacto, que ilustran la solidaridad y la determinación de los participantes. Estas mismas imágenes tienen una difusión masiva por medio de las redes sociales y actúan como una poderosa herramienta de movilización. 

Es por este motivo que los espacios virtuales se han convertido también en un terreno de batalla: el gobierno interrumpe con frecuencia el funcionamiento de estas plataformas digitales que la sociedad civil ha demostrado ser capaz de utilizar de manera tan acertada como medio de coordinación y de resistencia.

En un país donde su red social está en literalmente todos los dispositivos conectados, y donde fue acusada hace dos años de pasividad cómplice ante la difusión de llamados a la violencia contra ciertas minorías étnicas, Facebook ha recientemente anunciado el cierre de todas las cuentas asociadas al régimen dictatorial. Una decisión que, dicho sea de paso, remarca nuevamente hasta qué punto las empresas digitales están cada vez más orilladas a tomar decisiones que van mucho más allá de la mera administración técnica de los servicios que ofrecen a sus usuarios.

Desde el inicio de las protestas, se han reportado 70 víctimas mortales del lado de los manifestantes, además de un número indeterminado de personas lesionadas y/o arrestadas arbitrariamente. Varios líderes occidentales han denunciado verbalmente la violación a la democracia y la violencia de la represión.

A través de su presidencia rotatoria – en este momento asumida por Estados Unidos – el Consejo de Seguridad de la ONU ha emitido una declaración – mas no una resolución vinculante – condenando la actuación de los generales birmanos, pero sin aludir a posibles medidas concretas. Una vez más, el peso de China y de Rusia dentro de dicho órgano está impidiendo que articule una respuesta más firme.

Justo en estos días se está conmemorando el décimo aniversario del inicio de la guerra en Siria. También había empezado como un movimiento pacífico, reprimido con violencia. De igual manera, la respuesta de la comunidad internacional había destacado por su debilidad.


* Profesor de tiempo completo del Tecnológico de Monterrey en Puebla, en la carrera de Relaciones Internacionales – bmichalon@tec.mx

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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