Vargas Llosa y su niña mala

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Cuando se trata de personajes polémicos, no hay como la literatura, en ella encontramos surtido rico. Por cierto, ¿alguna vez, Usted ha escuchado hablar de las «niñas malas»?

 

¿En qué consiste el encanto de las «niñas malas»? ¿Qué significa ser «niña mala»?

 

Para hablar del tema, — sí, Usted ya lo sabe, siempre acudimos a los mejores—, nadie como el premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, quien en su famosa novela “Travesuras de una niña mala”, publicada en 2006, da cuenta del devoto amor de Ricardo Somocurcio por una mujer, digamos, especial.

 

Somocurcio, abogado peruano, con dominio en las lenguas, español, inglés y francés, ha logrado su sueño, vivir en París, Francia; ahora, busca trabajo. Mientras tanto, recibe ayuda de su amigo, Paul; a quien auxilia, alojando a algunos de sus “becarios” que hacen escala en la ciudad y no deben ser vistos.

De este modo, se reencuentra con Arlette, de quien, según Ricardo, manaba:

 

 

 

de toda ella esa picardía …, algo atrevido, espontáneo y provocador, que se traslucía en su postura desafiante, el pechito y la cara adelantados, un pie algo atrás, el culito en alto, y una mirada burlona que dejaba a su interlocutor sin saber si hablaba en serio o bromeando... Y aquella miel oscura en sus pupilas…

 

 

 

Nótese, las cualidades de esta chica escapan a la estructura física, destacan su actitud frente a la vida; dispuesta a romper las reglas, a no ser sometida y a retar la fantasía de su interlocutor, para atraparlo.

 

Probablemente, “…aquella miel oscura en sus pupilas…”, es la que induce a Ricardo a pasear a esta guerrillera por París, invitarla a almozar en un restaurante —que consume buena parte de su escaso dinero—, y a aceptar que lo llame «niño bueno».

 

Por otro lado, el personaje se percata de que ella tiene muchas contradicciones, ya que, siendo egresada de la escuela de Letras y Derecho en la Universidad Católica, es miembro de la Juventud Comunista y cree que tocar tres veces en una mesa de madera, trae buena suerte. Nos cuenta:

 

 

 

…¿Eran compatibles semejantes supersticiones con la doctrina científica del marxismo-leninismo?, la provoqué.

—Para conseguir lo que se quiere, todo vale —me repuso en el acto, muy resuelta. Pero, de inmediato, encogiendo los hombros, sonrió—: También rezaré un rosario para que pases el examen, aunque no sea creyente. ¿Me denunciarás al partido por supersticiosa? No creo. Tienes una carita de buena gente...

…Lanzó una risita y, al reírse, se le formaron en las mejillas los mismos hoyuelos que cuando niña…

 

 

 

Vargas Llosa hace una propuesta interesante y audaz, (recuerde: se trata de una de sus novelas más vendidas), pues al mismo tiempo que, Arlette confirma su adhesión al principio de «El fin justifica los medios», Ricardo se subordina a ella y a sus acciones, convencido de que cuanto hace, no puede causar perjuicios a nadie, son simples diversiones —de poca trascendencia—, propias de una niña inocente.

 

Para comprenderla mejor, el escritor peruano expone cómo Ricardo, después de aprobar el examen para traductores en la Unesco, trata por más tiempo a la joven, hasta que toma valor:

 

 

 

…le cogí la mano y entrecruzándole los dedos le pregunté si se había dado cuenta de que estaba enamorado de ella desde hacía diez años.

Se echó a reír:

—¿Enamorado de mí sin conocerme? ¿Quieres decir que desde hace diez años esperabas que un día se apareciera en tu vida una chica como yo?...

 

 

 

Ricardo le recuerda que se conocieron hace años, cuando ella se llamaba Lily, proclamaba ser una chilenita y tenía una hermana. El relato continúa:

 

 

 

—¡Ricardo, Ricardito, Richard Somocurcio! —exclamó, divertida, y ahora sí sentí la presión de su mano—. ¡El flaquito! Ese mocoso tan arregladito, que parecía haber hecho la víspera la sagrada comunión. ¡Ja, ja! Eras tú. ¡Ay, qué risa! Ya entonces tenías carita de santurrón…

 

 

 

Compartieron algunos días que, incluyendo una noche de intimidad y no obstante la pasividad e indulgencia de ella, fueron maravillosos para él. Al concluir, Arlette interroga:

 

 

 

… —¿De verás estás enamorado de mí?...

 

 

 

Querido lector, ¿puede Usted imaginar lo que esta chica le pediría al “niño bueno”?

 

Es fundamental que Usted sepa, cuando adolescentes, ambos se conocieron en Miraflores, en Lima, la capital de Perú; posteriormente, Arlette lo negaría muchas veces.

 

En aquel verano de 1950, los valses quedaban atrás y entraba con fuerza el mambo, y Ricardo y sus amigos despertaban a la adolescencia. Chicas y chicos se empataban en los bailes y experimentaban el primer noviazgo, que consistía en tomarse de las manos y platicar.

 

A Miraflores, un barrio de la clase media, llegaron Lily y su hermana, Lucy. Un par de chilenitas, inconfundibles por su manera rápida al hablar, cortando las eses. Eran llamativas, no sólo por ser extranjeras, sino por su extraordinaria forma de bailar. Ricardo refiere:

 

 

 

… los ojos de todas las parejas estaban concentrados en las hazañas mamberas de Lily. «¡Qué niñita!», se indignaba mi tía Alberta, «baila como una Tongolele, como una rumbera de película mexicana». «Bueno, no olvidemos que es chilena», se hacía eco ella misma, «el fuerte de las mujeres de ese país no es la virtud»…

 

 

 

De manera que Lily hacía lo necesario para vivir a su modo, atrapar las miradas de las personas y encontrar a su niño bueno, que halló en Ricardo, quien confiesa:

 

 

 

…Yo de Lily me enamoré como un becerro, la forma más romántica de enamorarse —se decía también templarse al cien—, y, en ese verano inolvidable, le caí tres veces…

 

 

 

Tres veces le pidió que fuera su novia; ella se negó; sin embargo, paseaban tomados de la mano; la gente creía que eran un par de enamorados. Así mismo, ella le explica que en el futuro quisiera ser rica y viajar por muchos países. Aun cuando Ricardo ya había sido advertido de que Lily no era virtuosa y que él mismo se había dado cuenta de sus confusas anécdotas, pues afirmaba ser rica, sin explicar por qué vivía en un departamento pequeño, en un barrio pobre y jamás invitaba a nadie a su casa ni hacia fiestas, de cualquier forma, sin refutarla, la consintió, al punto que admite:

 

 

 

…La carita de Lily se concentraba con el mismo fervor con que iba a comulgar en la misa de doce de la parroquia del Parque Central, la vista fija en aquella bola ígnea, esperando el instante en que el mar se tragara el último rayito para formular el deseo que el astro, o Dios, materializaría. Yo pedía un deseo también, creyendo sólo a medias que se haría realidad. Siempre el mismo, por supuesto: que me dijera por fin que sí, que fuéramos enamorados, tiráramos plan, nos quisiéramos, pasáramos a novios y nos casáramos y termináramos en París, ricos y felices…

 

 

 

De suerte que según el autor, al ver morir el sol, en la tarde que desaparece, Ricardo compara a Lily con una santa, porque él va más allá de la bondad que genera el verdadero amor; y sin compartir las mismas creencias, él sueña con casarse con ella.

En este episodio, Lily se llevará el primer descalabro, porque es obvio que dificilmente logrará sus propósitos sin sufrir.

 

Mas la protagonista no se traciona, se aparecerá muchas veces más ante Ricardo con nuevas personalidades, además de la guerillera Alertte, también será, Madame Arnoux; Mrs Richardson; Kuriko, y madame Somocurcio. En todos los casos tendrá la personalidad de una mujer casada, residirá en distintos países y vivirá experiencias sensacionales, sensuales y raras; por ejemplo, su insólita pareja, Furuda, un hombre japonés, la convertirá en su esclava sexual.

En todas y cada una de estas relaciones, en las que ella se reinventa, Ricardo estará presente de un modo u otro; persiguiendo un amor inalcanzable.

 

Mario Vargas Llosa presenta a su «niña mala», un personaje perdurable, transgresor y que constantemente desafía al mundo, sin importarle las consecuencias.

 

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, mejor conocido como Mario Vargas Llosa, es oriundo de Arequipa, Perú, donde nació el 28 de marzo de 1936; novelista y ensayista, fue galardonado con el Premio Miguel de Cervantes en 1994, con el Princípe de Asturias de las Letras, en 1986 y con muchas otras distinciones. Estudió derecho y literatura; ha ejercido como periodista y residido en Bolivia, Madrid, París, Nueva York. Se ha casado y divorciado dos veces. Actualmente, a la edad de 85 años, mantiene una relación sentimental con Isabel Preysler de 69 y continúa escribiendo para provocar la imaginación del lector.

 

 

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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