Seguir de frente

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Acsel Reyes


Almadraba

12 Abr 2021

Huir dejó de ser una opción prudente y ha evidenciado las huellas físicas y metafísicas en las personas que decidieron existir haciendo el menor daño posible.

Después de más de un año en confinamiento y con pocos encuentros entre grupos que no habitan en el mismo lugar, recuerdo una película que me conmovió hace tiempo titulada Interestelar (2014).

Sin la intención de perder líneas reseñándola, pues seguramente muchos lectores la han visto, vino a mi mente una tarde de domingo mientras mis pensamientos me atropellaban sobre el cambio de medida que pareciera haber adquirido el tiempo y sus consecuencias en nuestro devenir.

Los días tienen un sabor a nostalgia cuando los afortunados no somos capaces de distraer el trasero en el tráfico y los recovecos de nuestro lugar de trabajo. Si bien es cierto, la mayoría que tiene la oportunidad de laborar desde casa en muchas ocasiones se enfrenta ante más actividades y mayor número de horas frente al computador, resulta evidente que sin nuestro paso por los lugares que frecuentamos, algo de nuestro ser se ve fracturado e incluso la inexorable toma de decisiones que constituyen la vida de una persona, adquieren un peso que confunde e intriga; es decir, qué idiota no podría extrañar el suspenso y el colapso perpetuo en el que nos desenvolvemos los adultos jóvenes en un país con cada vez más precarias opciones de empleo; no obstante, la intención de esta columna no es tocar fibras sensibles o grados académicos, sólo exponer que hoy en día, convivimos más con nosotros mismos y tenemos que ser lo suficientemente amables para no odiarnos e incluso tratar de procurarnos y sacarnos adelante para cumplir el objetivo que toda vida digna posee: terminar su camino, siguiendo de frente, resistiendo los embates del tiempo y sobreponerse a la tragicomedia de la existencia: parafraseando a Rilke, hay que florecer continuamente para un día marchitarnos en medio de un campo verde lleno de vida.

El tiempo es relativo y sólo existimos a través del presente; por el contrario, mediante la reflexión del pasado somos capaces de vislumbrar un mañana sin necesidad de que este acto nos lleve a la ansiedad o el desosiego.

En medio de un centenar de ausencias, los pensamientos y sueños desafían el tiempo y viajan a través de él, donde la mayoría de las veces se encontrarán con la nada, pero entre tanto insistir tocarán los frutos que el minutero maduró para satisfacción del amanecer.

Espero que entre múltiples escenarios que nos plantea la física, este texto encuentre a un hombre del que decidí hacerme cargo y otorgarle la posibilidad de sonreír con dignidad en sus últimos instantes.

La peor forma de desperdiciar toda la belleza que este mundo nos ofrece es no haber intentado hacer con ella lo suficiente para nosotros y nuestros acompañantes en esta burbuja de dramatizaciones.


Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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