El sexoservicio como trabajo digno

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Por Ana Paula Zavala y Juliana Vivar

La pandemia por Covid-19 ha orillado a personas recurrir al trabajo sexual como manera de subsistencia. Solo en la Ciudad de México se ha duplicado el número de trabajadoras sexuales independientes, según datos de Forbes, de 7,700 trabajadores el aumento fue a casi 15,200 trabajadoras y trabajadores.

Este hecho agravado por la pandemia pone en evidencia la precariedad y la falta de oportunidades tanto educativas como laborales ligadas a la situación de desigualdad social en que viven millones de mexicanos día a día; según cifras del INEGI, en la pandemia se registró deserción escolar de 764 mil estudiantes, representando el 2.2% de la población, de estos por problemas derivados por el covid 58.9%, o falta de recursos 8.9%, 6.7% de ellos, tuvieron que abandonar los estudios para trabajar a pesar de que la situación laboral del país está caracterizada por la falta de oportunidades de crecimiento, salarios insuficientes, así como falta de prestaciones laborales. 

Ante esta circunstancia, hablemos del trabajo sexual voluntario como una decisión autónoma y libre; tal conceptualización debe ser puesta en duda ante el panorama descrito. No podemos hablar de una libre elección cuando la necesidad de subsistencia interfiere en tal decisión y son reducidas las alternativas que la subsanen en un país que carente de igualdad social, alfabetismo, oportunidades de enseñanza y de trabajos dignos.

No es el objetivo hacer crítica del trabajo sexual por sí mismo y a las personas que lo ejercen, sino observar con una mirada crítica las causas que llevan a este, el cual ha sido despreciado por la sociedad y sus leyes, del cual no se permiten referir por considerarlo indigno ejercido de manera independiente o clandestina, dejando a un lado el mandato de la Ley Federal del Trabajo acerca de propiciar el acceso a la seguridad social, percibir un salario remunerador que sea suficiente para cubrir las necesidades básicas, capacitación continua y condiciones de seguridad, propiciar un trabajo digno o decente, en el que se respete plenamente la dignidad humana del trabajador. 

En perspectiva de género, cuando la decisión de la prestación del sexoservicio está sesgada por la obtención de un pago, las secuelas emocionales están presentes en la zozobra de la función tales como la exposición a situaciones de violencia ejercidas tanto por las instituciones, el cliente y/o la sociedad; se encuentran en una posición de vulnerabilidad constante.

El trabajo sexual digno lo entendemos a partir de la aceptación social e institucional, fuera de prejuicios derivados de razones morales o religiosas, así como por las oportunidades y seguridad en su ejercicio, el cual contempla una decisión libre de la persona que lo ejerce sin sesgo de necesidad de subsistencia. 

Hasta que las necesidades sean atendidas, se ofrezcan alternativas y las preconcepciones sean cuestionadas, es que se modificará la calidad de la prestación del sexoservicio. La educación, la capacitación continua, las alternativas de trabajo u oficios, el acceso a servicios de salud básica para trabajadoras actuales, la atención libre de discriminación, los estímulos educativos, son mecanismos estructurales que inciden en las condiciones de bienestar para las mujeres ejerciendo el trabajo sexual.

Ana Paula Zavala, estudiante de la Licenciatura en derecho del Tecnológico de Monterrey en Puebla

Juliana Vivar Vera, profesora de la Licenciatura en derecho del Tecnológico de Monterrey en Puebla

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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