La diplomacia de ciudades como una oportunidad frente a una política exterior centralizadora

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Por Mtro. Luis Jesús Ruiz Peña



Desde el inicio del sexenio, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, expresó su ya conocida frase en donde enunció que “la mejor política exterior es la externa”, y no es que se haya equivocado del todo en su lógica, ya que, siempre que se tenga estabilidad política, social y económica en las entrañas de un Estado, su política exterior se dará de una manera más natural por la necesidad de proyectar logros y atraer alianzas que fortalezcan el Proyecto de Nación. Sin embargo, la prioridad ha sido enfocarse a la política interna, teniendo pocos destellos de participación en foros multilaterales o llevando a cabo visitas de Estado. Por supuesto que la pandemia del COVID 19 vino a generar una coyuntura muy distinta, pero ello no pudo reconfigurar la visión del Presidente con respecto a la situación de México al Exterior.

El actor más relevante en materia de Relaciones Internacionales para México es sin duda el Canciller Marcelo Ebrard, quien ha fungido como el representante personal del Presidente en diversas visitas a países sobre todo latinoamericanos y en iniciativas como la COVAX, en donde se buscó tener un acceso temprano a las vacunas dentro de una estrategia que, si bien le abrió más rápido a México la posibilidad de acceder a la compra de las mismas, también ha evidenciado la desventaja de nuestro país dentro de una diplomacia de las vacunas en donde los Estados con más influencia y peso a nivel internacional se han posicionado como los dominantes en este tablero de ajedrez.

Ahora bien, haciendo un diagnóstico muy general de la situación de la Política Exterior de México, la cual se ha alejado totalmente del perfil activo y representativo que la distinguía en gobiernos pasados, se debe buscar nuevos caminos para poder reforzar la presencia de nuestro país en el contexto internacional. Una de las alternativas que han aplicado ciudades con una actividad económica y política preponderante dentro de la República Mexicana es la “diplomacia de ciudades”. Desde una óptica más técnica podríamos nombrar también el concepto “paradiplomacia” como un sinónimo de esta propuesta, sin embargo, para efectos del contexto que estamos tratando.

Haciendo referencia al término, “diplomacia de ciudades”, se destaca como una práctica paralela a la Política Exterior que emana del gobierno central, para generar lazos de cooperación entre entes subnacionales similares. En otras palabras, es generar las condiciones necesarias para que una región, una entidad federativa o una región para que puedan relacionarse con actores similares en otros países o continentes. Esta práctica no es ajena ni nueva en México, sin embargo, también la califico como un área de oportunidad enorme debido a que su práctica no está esquematizada ni profesionalizada de una manera abrumadora. Es decir, se ha podido aprovechar en ciudades importantes como Monterrey, Zapopan o la misma Ciudad de México, pero guarda un área de oportunidad enorme en las ciudades más pequeñas, incluso en los municipios que quizá no tengan nociones que pudiera significar una puerta para la atracción de turismo o inversión.

La realidad es que al no estar contextualiza la diplomacia de ciudades en nuestro país como un concepto preponderante en la administración pública, se puede asumir como una herramienta generadora de alianzas y posibilidades infinitas. Tan importante resulta su conceptualización y ejecución, que la diplomacia de ciudades puede significar la pieza clave para desarrollar una cooperación descentralizada que abone en el desarrollo de relaciones paralelas sanas entre entes similares, es decir, enfocada a generar vínculos que tengan un interés específico partiendo de la lógica que se generaría un espacio de intercambio de prácticas exitosas entre ciudades, comunidades o regiones que tuvieran la necesidad de implementar un impulso a diversos sectores dentro de su espacio geográfico.

Partiendo de lo anteriormente mencionado, la realidad es que se deben tomar en cuenta diversos factores que impulsarían una diplomacia efectiva. Entre ellos, se encuentra la idea que este tipo de relaciones que cruzan fronteras de una manera cada vez más fácil debido a que actualmente la tecnología acorta las brechas de comunicación, por lo que resultaría una idea mucho más ideal para abaratar costos dentro de la administración gubernamental. Asimismo, la idea de la gerencia pública trae a colación el hecho de hacer cada vez más eficientes y eficaces los procesos para encontrar el éxito dentro de los pilares de un plan municipal o estatal de desarrollo, y es ahí también donde la diplomacia de ciudades puede jugar un papel importante, los temas prioritarios como la migración, la igualdad sustantiva de género o la educación.

Además, el dar la oportunidad de generar lazos desde la ciudad, como punto de internacionalización, resultaría una importante oportunidad de encaminar los esfuerzos hacia una profesionalización de los servidores públicos, para hacerlos participes de la toma de decisiones a un nivel diferente al que están acostumbrados normalmente e involucrarlos en temas de política pública del orden internacional.

La generación de lazos a nivel internacional desde las ciudades no solo simboliza acciones superficiales como hermanamientos, sino que, a partir de una lógica globalizada, quienes se encargan de la administración pública local, tienen frente a ellos una amplia gama de generar nexos con organismos internacionales, empresas y conglomerados urbanos que aporten experiencias e ideas innovadoras para impulsar un desarrollo local, estatal o regional. ¿Cuál sería el primer paso? Hacerse consiente que los procesos de internacionalización no son ajenos a los ordenes de gobierno municipal y estatal, y que, a pesar de estar frente a un contexto centralizador desde el gobierno federal, lo internacional simboliza un reto dinámico en el que es importante saber cuándo incidir y sobre todo, con qué equipo se desea afrontarlo.

La opinión expresada en este artículo es responsabilidad del autor y no refleja el punto de vista del Tecnológico de Monterrey.

 

 

 

 

 



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