Las secuelas económicas de la pandemia para América Latina y los contrastes: hay más pobres, pero también más millonarios

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Además de los estragos sociales y en materia de salud que ha generado la pandemia de la Covid-19 en América Latina y el Caribe, sus efectos económicos han sido devastadores para millones de personas que se han sumado a la pobreza y a la pobreza extrema en menos de un año, sin embargo, al mismo tiempo la crisis sanitaria ha propiciado que nuevos millonarios surjan en un escenario desolador y poco promisorio en los siguientes años para el grueso de los latinoamericanos.

Hasta el pasado 22 de mayo del año en curso, la pandemia había costado la vida a poco más de un millón de personas en América Latina, con Brasil y México como los países que más muertes han registrado de forma oficial (450 mil y 220 mil, de forma respectiva). Un 89% de los decesos en la región se concentran sólo en cinco países: 44.3 se han dado en el Estado brasileño, 22.1% en el mexicano, y le siguen Colombia (8.3%), Argentina (7.3%) y Perú (6.7%), de acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

De igual forma, la región tiene la tasa de muertes más alta per cápita del mundo, sólo un 3 por ciento de su población ha recibido una dosis de la vacuna contra la Covid-19 y algunos de sus países integrantes viven nuevas oleadas que han obligado a nuevos confinamientos, como es el caso de Argentina, situaciones que permiten afirmar que la pandemia y sus efectos aún serán motivos de preocupación a corto y mediano y largo plazo.

En materia económica, el rápido esparcimiento del virus SARS-Cov-2 durante 2020 entre los países latinoamericanos y caribeños y las medidas de confinamiento adoptadas fueron elementos fundamentales para que la pobreza y la pobreza extrema alcanzaran niveles no vistos en los últimos 20 años. También se dio un aumento en los índices de desigualdad, en las tasas de desocupación laboral y en la pérdida de oportunidades para las mujeres, como afirma la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en uno de sus más recientes informes.

En números crudos, la CEPAL reportó que la región tuvo una contracción económica de 7.7% y la tasa de pobreza extrema se situó en 12.5% y la de pobreza llegó a 33.7%; es decir, que en 2020 el número de personas consideradas pobres ascendió a 209 millones, 22 millones de personas más que en 2019. De esta cifra, 78 millones de personas se ubicaron en situación de pobreza extrema, unos 8 millones más que el año anterior.

 

Por si fuera poco, en el informe “cepalino” se subraya que “persisten las brechas entre grupos de población: la pobreza es mayor en áreas rurales, entre niñas, niños y adolescentes; indígenas y afrodescendientes; y en la población con menores niveles educativos”, pero también se reconoce en el documento que el aumento de los niveles de pobreza y pobreza extrema habrían sido mayores sin las medidas puestas en marcha por diferentes gobiernos para transferir ingresos de emergencia a los hogares más vulnerables. Sin esas acciones, afirma la CEPAL, la incidencia de la pobreza extrema habría alcanzado 15.8% y la pobreza habría afectado a 37.2% de la población total.

El gran contraste de esta crisis sanitaria es que los millonarios de la región incrementaron sus fortunas y surgieron más ricos, en la región que es considerada la más desigual del mundo, incluso por arriba del continente africano. Según la organización no gubernamental internacional OXFAM, la riqueza de los 73 multimillonarios latinoamericanos más influyentes aumentó unos 48 mil 200 millones de dólares desde comienzos de la pandemia hasta finales de 2020.

La región, señala OXFAM, atestiguó el surgimiento de un nuevo millonario cada dos semanas desde marzo de 2020, gracias a que recolocaron sus activos, invirtieron en más acciones, bonos y bienes raíces, mientras que el grueso de la población tenía que resguardarse ante la pandemia sin posibilidades de generar ingresos y muchos de ellos carecían de empleos formales y de prestaciones para afrontar el confinamiento.

La crisis sanitaria profundizó las desigualdades y desnudó las capacidades reales de los Estados de la región, es por ello que para reducir las grandes brechas sociales, económicas, educativas y de acceso a la salud, se requieren de reformas fiscales de calado que aumenten las bases tributarias y que impongan más impuestos a los más ricos para después llevar a cabo la redistribución por medio del otorgamiento de servicios estatales de calidad y de la puesta en marcha de programas institucionales que pongan el piso más parejo.

Las reformas tributarias no son populares, incluso restan votos, pero sin ellas y sin un uso transparente y eficiente de los recursos públicos, la región está condenada a seguir como la más desigual del mundo, con o sin pandemias.

La opinión expresada en este artículo es responsabilidad del autor y no refleja el punto de vista del Tecnológico de Monterrey. 

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Profesor e investigador de tiempo completo adscrito al Centro de Relaciones Internacionales, director de la Revista de Relaciones de la UNAM y profesor de cátedra en el ITESM Puebla.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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