The sound of metal : Un resonante mensaje en el uso del silencio

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Rastros de Tinta


08 Jun 2021

Por: Marianne López Franco

Darius Marder debuta como director con la película The Sound of Metal en 2019, protagonizada por Riz Ahmed, Olivia Cooke, Paul Raci, Lauren Ridloff y Mathieu Amalric. Se estrenó en la plataforma de Amazon Prime por primera vez en diciembre del 2020 y actualmente cuenta con dos premios Óscar por “Mejor montaje” y “Mejor sonido”, dándole reconocimiento a Mikkel EG Nielsen y a cuatro latinos: Carolina Santana, de Venezuela, y los mexicanos Carlos Cortés, Michelle Couttolenc, y Jaime Baksh.

 

Se sigue la historia de Ruben, un adicto en recuperación que junto a su novia Lou conduce en su casa rodante por los Estados Unidos realizando conciertos de su dúo de punk metal. Inmersos en esta vida, la audición de Ruben se ve deteriorada de manera repentina y debe ahora adaptarse a los cambios que vienen con ello.

 

La apertura de la película nos sitúa en uno de los conciertos de la pareja, es una escena repleta de sonidos intensos y agresivos, haciéndole justicia al título de la obra.  Nos adentra a este espacio en donde ambos se encuentran en una zona de completa concentración y sincronicidad con el otro. Seguido a esto y de manera abrupta, corta a una tranquila y armoniosa mañana, en donde acompañamos a Ruben en su preparación para la jornada. En ella somos capaces de percibir muchos sonidos que normalmente no notamos en el día a día: los pájaros cantando, las sábanas rozando los cuerpos al levantarse, el café filtrándose, los pasos en el piso. Identificar estos detalles nos da una idea de qué tan ruidosos o delicados son los momentos que conforman la vida fuera de su carrera profesional, de esta forma se potencia la manera en que notaremos la ausencia de ellos conforme la narrativa avanza.

 

Siguiendo esta idea, es precisamente en esos detalles en donde recae el impacto de la modificación del audio como un medio para lograr que empaticemos desde un punto muy íntimo con el personaje principal y comprendamos el arco de crecimiento del mismo. Sirviéndose de su innata sensibilidad e insaciable curiosidad, Nicholas Becker, el diseñador de sonido, fue más allá de lo esperado para hacer de esta experiencia una completa inmersión en la pérdida del oído. Fue tan lejos que incluso desarrolló micrófonos que podía insertar en la boca de Ahmed sin que se destruyeran para poder escuchar la manera en que se potenciaban los sonidos internos del personaje principal como la respiración; cómo truena y se mueve la mandíbula, los latidos del corazón e incluso el correr de la sangre. Tras una exhaustiva investigación con la comunidad sorda, obtuvo referencias sobre las diferencias y similitudes de la percepción de sonido al perder el oído. También complementó su preparación con teoría de sonido, tal como el uso de vibraciones como medio para transformar y transmitir sonidos.

 

Este compromiso por hacer a la experiencia lo más auténtica posible, puede trazarse a la experiencia que Marder tiene con documentales. Era imperativo encontrar las herramientas necesarias para no sólo dar a conocer la historia de un individuo en una situación específica, sino también para educar y hacer entender al espectador que la pérdida del oído es algo progresivo, no es sólo quitar el sonido de golpe, es vivir cómo este se va distorsionando y reduciendo.

 

En la estructura narrativa, en cuanto el personaje principal comienza a perder la audición pasamos más tiempo viendo y oyendo todo desde su perspectiva, como si estuviéramos dentro de su cabeza. Pero conforme la historia avanza y en ciertas ocasiones particulares, retomamos la postura omnisciente a la que estamos acostumbrados. Esto con dos propósitos: tanto para poder contrastar la frustración de Ruben al no ser capaz de escuchar claramente, como para comprender la impotencia de quienes están a su alrededor por no alterarlo más e intentar ser de ayuda. Cada momento de silencio se vuelve intenso y pesado, sosteniendo una carga emocional casi insoportable.

 

Más adelante en la película, mientras él está en la comunidad sorda, dejamos de escuchar a través de Rubén. Compartimos el silencio y ese sentimiento de no entender nada, ya que no hay ninguna adición de música o diálogo, ni siquiera subtítulos en las escenas donde los demás miembros de la comunidad hablan en lenguaje de señas. Es aquí donde las expresiones y movimientos de los personajes tienen un mayor peso en la atención del espectador, obligándonos a atender a todas las partes. De cierta manera, este uso de contrastes también refleja la manera en que Ruben se ve a sí mismo y a su situación, dejando de estar tan ensimismado y viéndose desde afuera para aceptar su nueva realidad.

 

Podemos ver una similitud entre el abrumador sonido del inicio en el concierto, y el momento en el que Reuben consigue los implantes y ahora todo alrededor suyo asemeja esa agresividad, intensidad y sonidos metálicos que antes nos eran tan delicados. Pero así como al comienzo pasamos de este ruido a una abrupta tranquilidad, el final lo replica. La gran diferencia es que inicialmente Ruben se encuentra inmerso en el pánico, la desesperanza y la comprensión de haber perdido algo. Al final, este silencio es voluntario, representa dejar ir y aceptar: Ruben termina ganando.

 

De manera muy optimista, creo fielmente que tras ver esta película uno es verdaderamente capaz de sensibilizarse y ver con otros ojos a la comunidad sorda, no sólo en el día a día sino también en la industria del cine, en donde los sordos dejan de ser accesorios en la pantalla y ahora también son ellos los protagonistas y quienes impulsan la narrativa. Tan sólo al terminar el rodaje de The Sound of Metal y en cuanto comenzó a tener más tracción, las conversaciones respecto a la representación de la comunidad sorda en medios masivos y la importancia de una inclusión por parte de los oyentes se han dado sin parar.

 

En resumen, esta experiencia llena de simbolismos y que derrama vulnerabilidad humana, permanece universal y accesible para todo el que la vea; como el personaje principal, empezamos de cero y vamos creciendo con él. Queda en nosotros tomar la decisión de permanecer indiferentes ante esta realidad que no es de ninguna manera reciente o tomar acción y dar un paso hacia una inclusión que no sólo borre las barreras de lenguaje, sino que también revele la magia de dejar de esconderse tras las palabras y empezar a comunicarnos más allá del sonido.

 

 

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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